
Hombre mirando al sudeste, en las tablas
Subiela dirige una versión teatral de su película más conocida
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A 25 años del estreno cinematográfico, Hombre mirando al sudeste se convirtió en una obra de teatro. ¿Cómo se dio esa metamorfosis? "¡Magia!, como todo con Hombre mirando al sudeste ", cuenta Eliseo Subiela, el creador de la sugestiva fábula sobre un joven alojado en un neuropsiquiátrico, que dice ser extraterrestre. "La propuesta vino del productor teatral Rodolfo Cabrera. Primero fue el pedido de autorización para hacer la versión teatral. Y luego surgió la idea de adaptar y dirigir yo", explica Subiela, en pleno ensayo de la pieza que subirá a escena el 8 de este mes, en el Coliseo Podestá de La Plata, y seguirá en gira por el interior de la provincia de Buenos Aires, luego Córdoba, Santa Fe y Mendoza, para recalar, en agosto, en una sala porteña.
Este renovado encuentro con el libro del film que le dio su primer éxito masivo y una cosecha de premios internacionales, "es una experiencia de aprendizaje fantástica", dice el director que, además de la pieza teatral, tiene dos películas por estrenar (ver recuadros). "El cine no voy a dejarlo nunca; sólo que ahora estoy explorando nuevos caminos", reflexiona Subiela, cuyo debut en teatro es el primer tema -pero no el excluyente- que aborda durante la entrevista con LA NACION. "Lo primero que me propuse fue no adaptar la película al teatro, sino recrear la historia pensando en teatro, tratando de alejarme de lo audiovisual -cuenta el realizador-. Así que la puesta es muy minimalista? Lo más fuerte fue buscar al actor que haría de Rantés. Y sacarme de la cabeza a Huguito (N. de R: Soto, el recordado protagonista del film). Pero ahí también hubo algo de magia. Porque Alejo Ortiz, el actor que finalmente hace a Rantés, es tan parecido a Hugo? Siento, además, una cercanía con él muy similar a la que tenía con Hugo. Y Lito Cruz, ¡ya sabemos qué clase de actor es! Con él nos estamos dando el lujo de hacer a un Doctor Denis distinto al del film y al que interpretaba Lorenzo Quinteros".
-Tengo entendido que no es tu primer intento teatral.
-¡Tal cual! Cuando surgió esta propuesta recordé que lo primero que yo había escrito en mi vida -tendría 15 años-, no había sido un guión de cine sino una obrita de teatro? Y no recurrir a la cámara, que no haya intermediarios entre los actores y yo, es una experiencia fuerte, que me va entusiasmando cada vez más.
-¿La elección de los actores para la obra fue tuya?
-Lito Cruz vino con la propuesta. Y luego buscamos a Alejo Ortiz. También actúan Marina Glezer, en el personaje de la Santa, y Pablo Drigo, que hace al suicida frustrado del comienzo de la historia.
-¿Qué puntos de contacto hay entre la película y la pieza teatral, y en qué difieren?
-La obra está absolutamente relacionada con la película en los textos. Los diálogos son los mismos del film, más algún agregadito que hice, porque no soportaba ser tan fiel a mí mismo. Escribí un par de escenas pequeñas. Y el mayor desafío es la traducción del momento del concierto. Pero voy descubriendo la magia del teatro, que tiene que ver sobre todo con el espacio y con que lo único que hay son los actores. Me parece bárbaro abrir un poco el juego, y no ser solamente un cineasta. Es muy limitado y difícil. La posibilidad de alternar cine con teatro me da más alternativas expresivas. Creo que voy a atreverme a abrir otras puertas.
-¿Por ejemplo?
-No sé? No soy solamente un director de cine. Yo escribo. Quizá me atreva a publicar.
-En cine generalmente trabajás con un equipo artístico y técnico numeroso. En teatro es una tarea más solitaria, ¿no?
-Están los actores, el texto y uno. Nada más. Confieso que los primeros días iba con mi cámara de video, grababa y después lo veía en casa.
-¿Qué buscabas al colocar la cámara en los ensayos?
-Me parece que era recurrir a mi antigua protección. Ver todo a través de un encuadre. Por algo uno ha elegido hacer cine. La cámara es también un escudo emocional, ¿no?... Pero ahora me emociono cuando ocurren hechos teatrales que generan los actores, a partir de modificaciones de espacio. Eso que no tiene el cine. Y lo que voy a intentar hacer es aprovechar lo que no tenía en la película: interrelacionarme con el público. En esta versión, el psiquiatra tiene bastante relación con el público. Y a veces Rantés también se meterá con el público.
-¿Qué lectura creés que hará hoy el público sobre un personaje como Rantés?
-Lamentablemente el discurso ideológico de Rantés y de la película tienen una vigencia total. Me doy cuenta de eso por comentarios de jóvenes que no habían nacido cuando se estrenó el film. El reclamo básico que hace Rantés, de que éste no es, en todo caso, un mundo racional como para plantearle a él que está loco, continúa vigente.
Con Birri y una cámara de fotos
Eliseo Subiela no sólo volvió sobre la historia de Hombre mirando al sudeste. También regresó, hace un año, al ámbito donde transcurría aquel film. Fue para el rodaje del aún inédito Paisajes devorados, un falso documental sobre un cineasta de los años 60 alojado en el hospital Borda. "Volví al tema de la locura, al mismo decorado, y con un protagonista como el director Fernando Birri, que está maravillosamente loco", dice Subiela respecto de su última película, que además tiene otra particularidad: "La filmé con una cámara de fotos Cannon", explica el cineasta, que a la hora de hacer cine, se reconoce "decididamente volcado" a la tecnología digital. "Formé una cooperativa con un equipo de estudiantes y egresados de mi escuela de cine –agrega–. Fue un rodaje de cuatro semanas. Y toda la luz que se usó fueron tres tubos fluorescentes. El promedio de edad del equipo era de 30 años, el protagonista tenía 85 y filmamos en un neuropsiquiátrico. ¡Fue toda una experiencia! Especialmente para los chicos del equipo, ¡no podían creer que el actor de la película hubiera sido asistente de dirección de Vittorio De Sica! En lo personal, disfruté mucho poder filmar con una libertad total y con el gran Birri como protagonista."




