
Ilusión, imaginación y destreza
Varekai. Guía y fundador: Guy Laliberté / Escritor y director: Do-minic Champagne / Director de creación : Andrew Watson / Intérpretes: Gordon White, Otis Cook, Mercedes Hernández, Steven Bishop, los Rampin Brothers, Michelle Ramos, Alexey Turchenko, Igor Arefiev, Stiv Bello, Roni Bello, Raphael Botelho Nepomuceno y Roberto Carlos Carbajal Aguilar, entre muchos otros / Escenografía: Stéphane Roy / Vestuario: Eiko Ishioka / Diseño de amarres: Jaque Paquin / Música: Violaine Corradi / Luces: Nol van Genuchten / Coreografía: Michael Montanaro y Bill Shannon / Directora artística senior : Sylvie Galarneau / Directora artística: Karen-Maree Doyle / Diseñador de cuadros de clowns: Cahal McCrystal / Diseñador de números aéreos: André Simard / Diseñadora de maquillaje: Nathalie Gagné / Duración: 120 minutos (con un intervalo de 25 minutos).
Nuestra opinión: muy bueno
El Cirque du Soleil es una ceremonia. Porque todo comienza en el camino hacia la carpa. Ya afuera, cuando estacionan sus autos o acceden a pie a ese sitio al borde de la Panamericana, las caras de los espectadores revelan ilusión. Esta marca internacional nacida en Quebec genera ansiedad porque el espectador sabe que durante un largo rato será presa de un atrapante mundo de fantasía y destreza.
Y es verdad que todos los espectáculos del Cirque du Soleil que giran por el mundo tienen similitudes y esquemas muy parecidos, pero eso no les quita mérito a sus propuestas, que son un manjar para cualquier sibarita del gran espectáculo.
Varekai tiene una línea teatral más compleja que otras propuestas. En un sendero no tan oscuro como Quidam , el último show que visitó Buenos Aires, aunque tal vez más existencialista.
La atractiva e imponente escenografía diseñada por Stéphane Roy refleja un bosque de varas que llena la parte posterior de la pista, se eleva y se pierde en escaleras que parecen partir hacia el infinito. Desde allí arriba, desde un agujero de ensueño, cae Ícaro, aquel que quiso volar como los pájaros. En ese submundo pierde sus alas y se verá sumergido en una búsqueda de la felicidad que lo llevará a encontrarse con seres de todo tipo. De ahí emerge toda esa mitología del Cirque du Soleil, con diseños de personajes únicos, bellos e impactantes. En la propuesta hay cierto concepto presocrático donde el camino dionisíaco se opone al del Hades. Y en ese marco de fantasía, decenas de criaturas emergerán del suelo o descenderán desde lo más alto, siempre dispuestos a impactar.
Estos virtuosos artistas trabajan permanentemente con la ilusión, la imaginación, la fantasía y los estados más profundos de la mente. Y durante dos horas el espectador estará cautivo por este mundo de ensueño. Las proezas son tan difíciles que generan una tensión permanente, aunque el humor y la música estarán siempre poniendo color a esas emociones.

Varekai es un largo desfile de destrezas, con cuadros clásicos de acrobacia, malabares y contorsiones. En el triple trapecio, cuatro seres etéreos realizan un juego mortal de simetrías, mientras que en los juegos de Ícaro, dos pares de hermanos y otros cuatro acróbatas hacen equilibrio en piernas utilizándose mutuamente como trampolines en una prueba de alto impacto. Lo mismo ocurre con uno de los últimos momentos, en el que unos trece gimnastas impresionantes rebotan y se cruzan por los aires como si fuesen lava de un volcán furioso. O qué decir de esos apolos oscuros que surcan el aire en un peligroso desafío sólo asidos de correas.
La música compuesta por Violaine Corradi es una mixtura de estilos que circulan tanto por lo medieval como por lo étnico y lo electrónico, ejecutada en vivo por siete músicos y con dos exquisitos cantantes (Isabelle Corradi y Craig Jennings). El baile georgiano es uno de los momentos más impactantes, donde la danza, la acrobacia y la percusión se yuxtaponen en una estremecedora ráfaga roja de virtuosismo.
Y si hay algo que se repite agradecidamente en todas las propuestas de la compañía son esos magníficos cuadros de clowns que anudan el humor a la ternura. El conductor de esta historia es una especie de fauno vegetal encarnado con soberbia por el actor canadiense Gordon White. El falso mago y cantante frustrado que encarna Steven Bishop, así como la graciosísima diva regordeta que compone la argentina Mercedes Hernández, también generan aplausos y complicidad.
Varekai hace que lo aparentemente imposible sea posible. Y lo que es mejor, logra que más de mil personas por noche pasen un rato muy largo con una sonrisa dibujada en su rostro.
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