Jennifer Lawrence: “Para las mujeres es mucho más difícil caer bien”
Con un combo de talento y belleza, a los 26 años ya es una actriz experimentada, con 20 películas y un Oscar. Y además, puso el dedo en la llaga sobre cómo Hollywood paga mejores salarios a los hombres: “No hay nada que caiga peor que una mujer exitosa o intimidante”
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LOS ÁNGELES.- ¿Querés?”, dice Jennifer Lawrence, mientras ofrece una bolsa de almohadoncitos de avena de la que ella misma está comiendo. El mediodía ya pasó hace rato y la actriz estuvo ocupada toda la mañana haciendo fotos en un estudio de Culver City. La jornada laboral continúa ahora en una oficina en la que la protagonista de Los juegos del hambre recibe a LA NACION revista a solas para charlar sobre su nueva película y su carrera.
Que Lawrence convide con un snack saludable y coma sin problemas durante la entrevista se corresponde con la percepción pública de ella que existe en el imaginario popular. La actriz parece una chica divertida, espontánea, capaz de decir cualquier cosa y hacer que todos la amen al tropezarse en el escenario de una entrega de premios. En persona, enfrentada a la situación de entrevista, hay un poco menos de esa chispa y algo más de resguardo al hablar, que se irá disipando a medida que la conversación fluya.
Dar entrevistas no es algo que los actores suelen disfrutar, pero saben que es parte del trabajo y, a veces, hasta puede servirles de inspiración. Su experiencia con periodistas le permitió a Lawrence robarse un par de gestos para componer a Aurora, su personaje en Pasajeros, la película que coprotagoniza con Chris Pratt y que Sony estrenó en la Argentina el jueves último. “Ser muy directa e inclinarse hacia adelante para que la otra persona siga hablando”, así resume la actriz los detalles sacados de la vida real que usó en su interpretación. Observaciones muy acertadas, por cierto.
La película de ciencia ficción, dirigida por Morten Tyldum (El Código Enigma), cuenta la historia de dos pasajeros, Jim y Aurora, embarcados en un viaje de 120 años a bordo de una nave espacial, que se despiertan 90 años antes de lo previsto por un error en sus cápsulas de hibernación. Mientras intentan entender qué sucedió y se dan cuenta de que se despertaron por una razón, nace entre ellos un romance.
“Cuando leí el guión por primera vez me pareció muy interesante e intrigante porque le da opciones al espectador –dice Lawrence–. El personaje principal toma una decisión con la que muchas personas no van a estar de acuerdo. Aunque es bastante raro que suceda, disfruto mucho cuando en una película no me están diciendo cómo me tengo que sentir. Me gusta porque genera muchas preguntas y me pareció que tiene una historia interesante sobre los seres humanos, sobre cómo pensamos que somos de determinada manera hasta que estamos en una situación en la que descubrimos algo totalmente distinto. Aurora siempre pensó que era una persona solitaria hasta que no tuvo otra opción y le resultó aterrador. Además de todo eso, es una hermosa historia de amor.”

Interpretaste varios personajes que son extraordinarios, ya sea por la situación en la que están o por su propia naturaleza, pero siempre hay una cuota de realismo en tu actuación, ¿cómo lo lográs?
¡Eso es lindo, gracias! Siempre trabajé con muy buenos directores y creo que una vez que descubrís quién es tu personaje, cómo es y cómo habla, todo se asienta y las preguntas desaparecen.
Pero, ¿cómo hacés para descubrir eso?
Muchas veces a través del vestuario. Leés el guión y te hacés una idea, pero en cada película, antes de filmar, entro en pánico y digo: ¡Ay Dios, no encontré al personaje, no sé qué voy a hacer! Una vez que me pongo el vestuario siento que me conecto.
A pesar de ser muy joven, a los 26 años Lawrence ya es una actriz experimentada, con 20 películas y un Oscar en su haber, que recibió por su trabajo en El lado luminoso de la vida, de David O'Russell. Empezó a actuar de muy chica y siempre sintió con increíble seguridad que su destino estaba en la pantalla. A tal punto que abandonó su Kentucky natal y el colegio secundario, que luego completó de forma independiente, para probar suerte como actriz en Nueva York.
¿Te mudaste sola a Nueva York cuando tenías 14 años?
No estaba sola. Vino conmigo una chica que trabajaba en el campamento infantil que tenían mis padres. Después vino también mi hermano de 18 años, lo cual no fue mucho mejor [risas]. Pero mis padres iban en los momentos que podían, porque manejaban un campamento para chicos durante el verano.
¿Cómo hiciste para tomar esa decisión? Era un cambio de vida muy grande y debés de haber estado muy segura de que querías ser actriz.
¡Es realmente extraño! Cuando miro hacia atrás parece una locura, ¿cómo sabía que tenía que hacer eso? ¿Por qué tomé ese riesgo tan grande? Sólo tenía un sentimiento muy fuerte de que todo iba a salir bien. Lo sabía, sin la más mínima sombra de duda. No podía ser de otra manera porque tuve que convencer a mis padres de hipotecar su casa. Es muy extraño cuando lo pienso. Gracias a Dios funcionó.
¿Cuándo sentiste la confirmación de que habías tomado la decisión correcta y de que estabas en esto de la actuación de verdad?
Cuando conseguí un papel en una sitcom [risas]. Cuando era chica amaba a Lucille Ball y quería ser como ella, así que cuando conseguí trabajo en una sitcom era como que lo había logrado. Además, tenía un sueldo fijo, cosa que nunca antes había tenido. Ese fue el momento en el que me sentí realmente bien.

Aunque hiciste otros trabajos antes, tu actuación en Lazos de sangre fue la más impactante y te hizo más conocida, ¿cómo lograste eso siendo tan joven y cómo cambió tu forma de trabajar en estos años?
No creo que haya cambiado nada. Puedo pulir algunas cosas y aprender técnicas nuevas. Cada película es una experiencia de aprendizaje. Pero creo que sigo abordando las cosas de la misma manera que siempre lo hice.
Su excelente trabajo en el drama independiente Lazos de sangre, de Debra Granik, le valió la primera de sus cuatro nominaciones al Oscar cuando tenía 19 años. Lawrence brilló en la temporada de premios y demostró que también podía lucirse en la alfombra roja con vestidos de grandes diseñadores, lo cual la llevaría tiempo después a protagonizar campañas para Dior. Con ese combo de talento y belleza, la actriz estaba lista para triunfar en Hollywood.
Enseguida, Lawrence entró al mundo de las grandes franquicias del cine popular con su trabajo en X-Men: Primera generación, en donde interpreta a la mutante Mystique, y Los juegos del hambre, en la que se hizo cargo del papel protagónico de Katniss, un personaje femenino fuerte, que se convirtió en un modelo positivo para las chicas fanáticas de la saga. Pero mientras su cara se hacía conocida en todo el mundo por estas películas masivas, la actriz apostaba también a un cine de autor, actuando en films como La doble vida de Walter, de Jodie Foster, y El lado luminoso de la vida, de David O’Russell. Este film que coprotagonizó junto con Bradley Cooper y Robert De Niro no sólo le valió el Oscar, también fue el comienzo de una relación profesional con el director, que continuaría en Escándalo americano y Joy: el nombre del éxito. Sus colaboraciones con O’Russell le permitieron demostrar que la capacidad intuitiva como actriz que se veía en Lazos de sangre no había sido producto de un feliz accidente sino una cualidad propia de la actriz que no hacía más que expandirse con cada nuevo trabajo.
“Jodie Foster me dijo una vez, cuando yo tenía 19 años: «Vas a ver una película que hayas hecho y te vas a dar cuenta de que refleja algo que te estaba pasando en ese momento en tu vida personal» –cuenta Lawrence–. Para hacer la mayoría de las películas que están en mi repertorio tuve que pasar por un casting y estuve preparada para filmarlas en cierto momento. No tuve la posibilidad de elegir realmente qué films hacer hasta después de que se estrenó Los juegos del hambre. Sólo intento hacer buenas películas y suelen estar centradas en personajes fuertes.”
Con el éxito profesional llegó también la fama, con sus aspectos positivos y negativos. De pronto, la actriz se vio perseguida por los paparazzi y todos sus pasos analizados por los medios, que la bautizaron J-Law, en un rito reservado sólo para las figuras más famosas.
La vida amorosa de Lawrence se convirtió en un tema de interés público. Su única pareja confirmada fue Nicholas Hoult, compañero de elenco en las películas de X-Men, pero luego de separarse de él decidió no hacer más comentarios públicos sobre su vida privada. Se la relacionó con Chris Martin, el líder de Coldplay, pero ella nunca lo confirmó, como tampoco lo hizo con su supuesto novio actual, Darren Aronofsky, director de El cisne negro.
¿Qué extrañás de ser una persona desconocida?
¡Observar a la gente! Se crea una paranoia constante a la que te acostumbrás. Pero los primeros años tenía un gran resentimiento hacia esa paranoia, ¿por qué siempre tengo que estar tan paranoica de que alguien me esté siguiendo o de que me vayan a sacar una foto sin que me de cuenta? Ahora es más cómodo para mí aceptar ese sentimiento y si me encuentro fuera de mi casa, estoy constantemente consciente de que puedo ser fotografiada.
¿Eso hace que prefieras quedarte más en tu casa?
Disfruto mi vida. Mi realidad es como es. Soy una persona normal y tengo un trabajo que hace que la gente reaccione conmigo de forma diferente, pero eso no quiere decir nada sobre quién soy. No me gusta salir de ese lugar de comodidad, de esa certeza que tengo en mi cabeza. Así que cuando salgo, por ejemplo, a un restaurante y veo un flash porque alguien que me está sacando una foto o alguien se acerca a mi mesa, eso me saca de mi espacio mental de paz, de poder pensar que soy una persona normal y que sólo tengo un trabajo raro. Me da mucha ansiedad. Así que me quedo mucho en mi casa.
¿Y cómo afecta eso a cómo interactuás con gente que no conocés?
Soy grosera. No estoy orgullosa de eso, pero ser grosera es mi único mecanismo de defensa. Mucha gente no se da cuenta de que ellos me conocen a mí, pero para mí son extraños y no los conozco. Solía sonreír, saludar de lejos con la mano y charlar con todo el mundo, pero cuando la gente comenzó a reaccionar de otra manera conmigo empecé a intentar mantenerlos alejados de mí.
¿Te parece que es más complicado lidiar con la fama para las mujeres, por la mirada de los medios, por ejemplo?
Sí, creo que hay una enorme diferencia entre un hombre famoso y una mujer famosa. Aún en cuestiones básicas, como que los paparazzi siguen mucho más a una mujer para sacarle fotos de su ropa y no lo hacen con un hombre, porque interesa más ver qué tiene puesto una mujer. Las mujeres somos escudriñadas por otras mujeres, muchísimo más que los hombres. Además, somos criaturas más sensibles. Sería tonto decir que no hay diferencia entre una celebridad masculina y una femenina.
Sumado a esta disparidad que señala Lawrence, otra de las grandes diferencias entre actores y actrices de Hollywood es el salario. Después de que el hackeo a los e-mails de Sony de 2014 revelara que Lawrence había cobrado menos que sus compañeros de elenco varones en Escándalo americano (Jeremy Renner, Christian Bale y Bradley Cooper), la actriz escribió un ensayo sobre este tema para Lenny, el newsletter de su amiga Lena Dunham. En el texto, la actriz señalaba que el problema era que a las mujeres siempre se les enseñó a que tienen que caer bien y por eso a ella le resulta más difícil ponerse en la situación de pelear por cobrar lo que le corrresponde. “Me cansé de intentar encontrar la forma adorable de dar mi opinión”, escribió allí la actriz. Pronto todo el mundo estaba hablando de eso.
Lawrence es la actriz mejor paga por segundo año consecutivo. Se calcula que ganó 46 millones de dólares el año último y, según informó Vanity Fair, habría recibido 20 millones de dólares por su trabajo en Pasajeros. Además, tiene en marcha varios proyectos de alto perfil que seguirán haciendo crecer su carrera como Red Sparrow, de Francis Lawrence, quien dirigió las últimas entregas de Los juegos del hambre; It’s What I Do, la biografía de la fotógrafa Lynsey Addario, que dirigirá Steven Spielberg; Bad Blood, de Adam McKay; Zelda, en la que encarnará a Zelda Fitzgerald, bajo la dirección de Ron Howard; y Mother, la nueva película de Aronofsky.
Diste a conocer públicamente tu opinión sobre la diferencia de salarios de las actrices con respecto a los de los actores en Hollywood. Visto desde afuera estuvo genial, pero, ¿tuvo repercusiones negativas para vos?
No tuve ningún problema, pero tampoco cambió nada. Escribí sobre un problema real y el sólo acto de sentarme frente a mi computadora y escribir sobre la situación me ayudó a entenderla mejor. Entendí que el núcleo del problema es que yo tuve miedo de pedir más dinero por cómo me iban a mirar por eso. Nadie puede avanzar con esa actitud. Si estás preocupada por caer bien o si te preocupa sobrepasar algún límite impuesto, no vas a avanzar. Así que el acto de escribir sobre eso me ayudó mucho.

Bueno, culturalmente las mujeres tenemos la presión de caer bien.
Sí, y para las mujeres es mucho más difícil caer bien, incluso a otras mujeres. No hay nada que caiga peor que una mujer exitosa o intimidante. No me estoy describiendo a mí misma, ¿eh? No veo cómo yo podría ser intimidante para alguien.
¿No?
No, no, eso es un error [risas nerviosas].
Aunque ella no quiera reconocerlo, su estatus como una de las actrices más famosas de la actualidad puede ser intimidante para el resto de los mortales. Tal vez por eso, se armó de un buen grupo de amigas que están en una situación similar a la suya, como Dunham, Emma Stone, Adele y Amy Schumer.
La amistad con la comediante comenzó como la fantasía de una fan cualquiera que admira la sagacidad y el humor de Schumer. “Cuando paso tiempo con ella siento que estábamos destinadas a ser amigas –dice la actriz–. Es raro, porque lo sabía antes de conocerla. Vi Trainwreck [aquí conocida como Esta chica es un desastre, la película que escribió y protagonizó Schumer] y dije: «Esta es mi amiga». Le mandé un e-mail y desde entonces somos amigas. Fue muy raro.”
Su relación amistosa tuvo consecuencia laboral: Lawrence y Schumer escribieron un guión juntas y planean filmarlo cuando sus ocupadas agendas se los permitan. Una colaboración de ensueño para las mujeres jóvenes feministas y con un agudo sentido del humor.
¿Te parece que vos y tus amigas, como Dunham y Schumer, pueden cambiar algo para las mujeres en Hollywood?
Que estemos hablando de esto ya cambia algo. Así es como se empieza. Hay que crear una conversación y cuando eso comienza hay concientización, y de ahí, con suerte, surge el cambio.
Tenés en tu planes dirigir, ¿no?
No quería que se supiera eso y no sé cómo se dio a conocer. No me acuerdo de haberlo dicho. Pero algún día espero poder hacerlo. No sé.
Muchas actrices son también productoras para poder controlar sus proyectos. ¿Pensás que dirigir ayudaría en esta idea de cambiar las cosas para las mujeres en Hollywood?
¡Si soy buena! Si soy una mala directora, no creo que ayude en nada a las mujeres. Lo único que podemos hacer es probar que somos igual de buenas o mejores que nuestros pares hombres. Sólo con hacerlo no probás nada.
Lawrence habla muy en serio, aunque lo haga masticando un almohadoncito de avena.
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