Bersuit Vergarabat
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Cordera y Cía. van por la continuidad del modelo.
Las primeras partes siempre fueron buenas. Y ya que La argentinidad al palo/ Se es… fue concebido como un disco doble -su segunda mitad, cuyo subtítulo será …lo que se es, aparecerá en abril-, tal vez el primer cd constituya apenas el enunciado del enigma, la fábula sin la enseñanza, el chiste sin el remate. La Bersuit suma estallidos de popularidad desde Libertinaje (1998) e Hijos del culo (2000), y está tan dispuesta a buscar nuevas glorias como el Boca de Bianchi. Por eso apela a sus mejores y conocidas armas: lubricar la piel con grasa de chancho, quebrarse de emoción y saber cómo convertir una noche argentina en una noche de fiesta. No es un disco de quiebre, sino un disco de Bersuit.
El sonido muestra caras nuevas sólo en los scratches de "La soledad" y en el clima Thriller de "Coger no es amor" (a no asustarse, no es un tema sexualmente correcto, sino que aclara que "empotrar" es "mucho mejor que el amor"). El afilado olfato político que siempre ostentó la banda, tanto para componer temas propios como para seleccionar covers, adopta en tiempos de Kirchner un perfil más bajo: al menos en esta mitad del disco, sólo el tema "La argentinidad al palo" se politiza (un dueto de canillitas cita a Videla, Galtieri, Menem, Cavallo, De la Rúa, Yabrán y otros tumores de la historia patria). Y ahora, cuando la narcodemocracia no es más musa, lo que pasa al frente es la ciclotimia existencial de la banda: saltos del desenfreno ("Coger no es amor") a la pena profunda (Cordera vuelve a demostrar que es un gran cantante en "Convalecencia en Valencia"); de la juerga ("Va por Chapultepec" es un manjar de cumbia) al miedo a la muerte ("No seas parca").
Y hay dos altos aportes compositivos. Uno es de la dupla Juan Subirá/Ariel Prat con "Al olor del hogar", que podría ser el "In My Life" de Bersuit. El otro es del guitarrista Tito Verenzuela que, con perdón del diario Olé, se lleva el Premio Maradona gracias a sus temas "A destiempo", puro pop nacional, y "Fisurar", fina oda-opereta al reviente que recuerda al Queen de 1975, pero con clima de vagón del Ferrocarril Roca.
¿Será la segunda parte de La argentinidad... una sorpresa, como el Revés del YoSoy de Café Tacuba? ¿O bien repetirá el patrón, como dos monedas que sólo tienen cara -o ceca-, a la manera de Clandestino y Próxima estación: esperanza , de Manu Chao? Se es lo que se es.





