La dictadura, entre metáforas y realidades
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Junto al uso del tiempo, otro de los temas recurrentes en la filmografía de Alejandro Agresti es la dictadura argentina y sus secuelas, que aparece metafóricamente en El acto en cuestión y de manera polémica en No somos animales.
El acto en cuestión instaura una definición dual del término "desaparecido". Por un lado, el mago desaparece gente, pero también devuelve el término a su definición original porque la gente no es asesinada como lo era en la dictadura.
-Sí, por eso el mago Quiroga se puede parecer a un tío o hasta a Videla de acuerdo a cómo lo tomo con la cámara. Creo que es un error hablar constantemente de los milicos, de la derecha, de lo que pasó y no hablar de qué generó eso, responsabilizarse de ese genocidio. Porque nunca vamos a desarrollar el tema del todo si no aceptamos nuestra propia responsabilidad, porque fue el argentino el que llamó a los milicos para que "pongan orden". Es el argentino al que le tocás un botón, como le digo a John Cusack en No somos animales, y se vuelve fascista. Lo que más quiero señalar en El acto en cuestión es cómo un tipo inofensivo que es un ladrón de barrio puede ir creyéndosela y llegar a decir: "Los intelectuales son pelotudos", y en el medio hacer desaparecer gente, que es un fantasma que nos toca muy de cerca. Es un análisis de la psicología del argentino. Para que la historia genocida no se repita, porque no está en un plato volador, está dentro de nosotros, hay una parte cultural que debemos detectar.
-En No somos animales define lo que sucedió en los años setenta en la Argentina como una guerra. ¿Realmente piensa eso?
-Por supuesto. El término "guerra" está aniquilado por la teoría de los dos demonios y las cosas que nos dicen. Yo tenía quince años, militaba en "la Fede" [N. de la R.: Federación Juvenil Comunista] y había momentos en que no voy a decir que si me colgaban algo y me decían que tenía que ir a cagar a tiros a los milicos no lo hubiera hecho. Entonces, no podés decir que no es una guerra. Claro que fue una guerra, o sea, bueno, no es una guerra porque parecemos boludos, entonces digámosle guerrilla. Si pertenecías a un lado estabas totalmente honrado de ser una guerrilla, no era una solución democrática tampoco del tipo que luchaba, convencido, de que estos tipos se tenían que ir e imponer un gobierno de izquierda. Acá no lo podés decir porque parecés un facho, aunque seas de izquierda. Yo me considero de izquierda y odio a los milicos y los considero unos genocidas asesinos, pero tengo que admitir que era una guerra porque si no qué eran: ¿boludos nada más? En una guerra siempre se pierden inocentes y era una guerra loca también porque los tipos tenían mucho poder para aniquilarte.





