
La intimidad como argumento
Leonor Manso e Inés Estévez miden fuerzas como madre e hija en "Vulnerables".
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Primero miró distraído. Pero cuando logró que el espejito retrovisor enfocara a Inés Estévez, el taxista no dudó en confundirla con su personaje de ficción:
-¿Todavía tenés el problemita?, soltó el hombre, sin vueltas.
El problemita en cuestión es la incontinencia urinaria que sufre la pobre Jimena, el papel que le tocó a Estévez en "Vulnerables", el nuevo unitario de Pol-Ka que se emite los martes, a las 23, en Canal 13.
Cuando Adrián Suar, dueño de Pol-Ka y de la idea del ciclo, le propuso este papel, Estévez todavía estaba grabando "Verdad/consecuencia".Y admite que en ese momento le "preocupó" eso de subirse al tren de esta mujer-niña con todo tipo de incontinencias.
"Me preocupó porque dependía mucho de cómo lo escribieran y de cómo yo lo armara. Y porque sostener un personaje tan ríspido durante un año entero es una tarea muy difícil. Además, el espectador siempre necesita una identificación, y al principio suponía que era un personaje de difícil identificación porque la gente que padeciera las cosas que esta chica padece no se identificaría con ella. Ahora me parece que no sólo la aceptan, sino que la quieren. Alguien me decía que Jimena da vergüenza ajena pero que quiere que le vaya bien. Y la verdad es que me parece subversivo que exista un personaje así en la televisión."
Puede ser. Y no sólo por esa Jimena que asiste a la terapia de grupo en busca de una solución, con su voz chillona y sus vestidos color rosa chicle. El círculo de sus conflictos se cierra -o se abre, más bien- en su madre, María Elena, que interpreta la actriz Leonor Manso. Una mujer que no sólo posee en su casa una especie de altar a las pastillas -de las que dependen ambas como del aire para respirar- sino que además tiene un modo excesivamente "particular" de relacionarse con su hija. Puede decirle cosas como: "Lo que pasa con vos es que sos demasiado mujer y eso no se lo banca cualquiera". O tocarla para que quede en claro que tiene un "cuerpito bonito". Y todo mientras las dos se sumergen en un mundo de máscaras faciales, esmaltes de uñas y masajes terapéuticos.
El ojo de la cerradura
"Eso es lo bueno de "Vulnerables" -dice Manso, recostada en el sofá de su casa, junto a Estévez, que acaba de llegar en el taxi-. Es como si uno mirara a través del agujero de una cerradura el momento más privado de una relación. Esas cosas que ni la pareja ni los hijos saben con respecto a una relación."
Estévez asiente. Las dos hablaron bastante del tema antes de ponerse ante cámara a jugar el juego de la madre y la hija, con la dirección de Daniel Barone y Suar. "El programa no sólo habla de las cosas que uno esconde ante los ojos de los demás. En el caso de Jimena, también se habla de las cosas que uno ni siquiera se dice a sí mismo", agrega Estévez.
"Es como mostrar ese momento tan privado... Como cuando uno se queda parado en un semáforo y ve a un señor, en otro auto, metiéndose el dedo en la nariz porque está solo", termina de redondear Manso, como para que no queden dudas sobre el foco de atención de esta historia.
En realidad, las definiciones de ambas pueden encuadrar a todos los personajes de la tira que protagonizan GustavoGarzón, Alfredo Casero, Damián deSanto, Soledad Villamil y Sandra Mihanovich, entre otros conflictuados. A su manera, cada uno de ellos debe resaltar ese momento privado que termina por hacerlos compartir la terapia de grupo que coordina Jorge Marrale. Todos tienen un momento íntimo que esconder. Y ninguno parece muy dispuesto a decírselo a sí mismo.
En el anteúltimo capítulo que se vio en pantalla, por ejemplo, el personaje de Casero (que evidentemente fue violado cuando era niño) tuvo un arranque de furia en la terapia cuando el personaje de Garzón propuso armar un circo y que él fuera el tragasables.
De ahí que Estévez asegure que es un programa subversivo y de ruptura. "Por el riesgo que supone tocar temas duros y meterse con cosas no dichas."
El juego de las simetrías
Aunque se trata de un unitario, la vida de las actrices gira alrededor de Pol-Ka. La de Estévez, sobre todo, que pasa largas horas en los estudios de esa productora, y que convive con un enorme rollo de papeles en el bolso con un resumen de los días y horas que le toca grabar. Como explica la actriz de "La vida de Muriel", cada escena del programa requiere de muchas tomas. Y si se trata de un día de terapia de grupo, en la que participan los siete actores, la jornada se vuelve eterna.
La vida de Manso es más complicada todavía. A las grabaciones, la actriz tiene que sumar sus noches en el teatro Ateneo, donde protagoniza, junto a Aída Luz, "La reina de la belleza".
"A la vida le gusta jugar a las simetrías", dice Manso, citando a Jorge Luis Borges. Y en su caso, la frase se acomoda a la perfección. Es que si en la TV le tocó el papel de madre al borde de la locura, en el teatro debe ponerse en la piel de la sufrida Maureen, una hija que todavía vive con su madre, en medio de una relación casi tan traumática como la de "Vulnerables". "Sólo que Maureen no fue al psicoanalista ni tuvo jamás una punta para darse cuenta y despegarse de su madre."
Ella asegura que no es complicado alternar entre esos dos papeles conflictivos. "¿Sabés cómo me libero? La gente suele preguntarme cómo estoy, con cara de compungida, por un papel o por otro, y la verdad es que yo me siento liberada, que suelto todo y me siento liviana", dice.
Las coincidencias que encontró Manso en estos dos papeles no son las únicas simetrías. Inés Estévez dice que la tranquilizó mucho saber que Manso compartiría con ella esas escenas de familia. Y que, en definitiva, la propuesta de Suar vino a saldar un viejo proyecto de ambas: hace muchos años, Manso y Estévez iban a ser madre e hija en la obra de teatro "Alta en el cielo", pero jamás llegaron a estar juntas. Ahora, "Vulnerables" cumplió con aquel deseo.
Terapia alternativa
Para Manso, sus personajes de madre en TV y de hija en el teatro son liberadores. Para Estévez, Jimena resulta, a veces, una espina. "Hablar de crisis es un poco determinante, pero la verdad es que me tuve que sumergir en unas profundidades poco gratas: una relación materno filial muy dura, un estado de fragilidad, de vulnerabilidad y de exposición muy fuerte. Son cosas que en mi caso, para trabajarlas, me hicieron ingresar en un mundo que si bien no es el mío, te conecta con preguntas que atañen a la infancia y la evolución. Digamos que todavía estoy en proceso por eso. Sólo ahora estoy calmando la ansiedad que me produjo ingresar en mi cuerpo semejante chica", explica Estévez en el escaso tiempo que le queda antes de volver a grabar.
Para ingresar en su cuerpo a semejante chica, Estévez asegura que hizo un cóctel entre personas conocidas y su imaginación. "En el caso de Jimena, que es tan puntualmente neurótica, pensé en comportamientos de personas que conozco más un 70 por ciento de imaginación. Y todo eso potenciado, magnificado. El signo distintivo de este personaje es que no controla; no controla sus esfínteres, no controla lo que dice y no controla su pulso cuando se pinta."
El juego de la imaginación vale también para Manso. En una de las escenas más fuertes entre ambas, Manso leyó que el guión le sugería tocar "las formas" de su hija. "A mí se me vino a la cabeza ese cuadro en que hay dos mujeres tocándose los pezones, y me jugué por una escena así. Se lo propuse al director y aceptó", cuenta la actriz.
Con todos esos ingredientes, la tira parece dispuesta a provocar. O a meterse al menos del otro lado del ojo de la cerradura para espiar esos momentos íntimos que terminan por delinear la vida de todos los "Vulnerables".
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