La Misa Criolla, en una de sus altas cimas
Nuestra opinión: Muy Buena
1 minuto de lectura'
"Misa Criolla", de Ariel Ramírez, sobre texto litúrgico, por el Coro Ars Musicalis, dirigido por el padre Jesús Segade. Solista:José Carreras. Canciones italianas y españolas por el tenor catalán junto al pianista Lorenzo Bavaj, y canciones folklóricas por el grupo de Ariel Ramírez (Raúl Olarte, Norberto Pereyra, Rodolfo Ruiz, Obi Homer, Bernabé Mamaní y Horacio Straiger). En el Luna Park.
Un brillante mojón de nuestra música popular, como es la Misa Criolla, de Ariel Ramírez, merecía, a treinta y tres años de su nacimiento, una cima como la alcanzada la noche del miércoles en el estadio Luna Park.
A la anterior cúspide -inalcanzable- había trepado la voz telúrica de Mercedes Sosa, hace dos años, en Mendoza, cuando la acompañó un orfeón de quinientas voces.
No estamos hablando solamente sobre lo conquistado por esta estrella del canto llamada José Carreras. Nos referimos también a la unción, al refinamiento, a la garra transmitida por el coro Ars Musicalis junto a la voz solista de este tercer tenor de los megaconciertos.
Es probable que muchos se sintieran invitados a regodearse exclusivamente con la destreza canora de José Carreras; con sus gorgeos belcantistas, sus temerarios sobreagudos, su esgrimido vibrato en el prometido cancionero de Tosti, De Curtis, Ginastera y aria de Bellini.
Pero tanto el elegante público de la platea como los oyentes consustanciados con el folklore argentino pudieron disfrutar de tal ascenso artístico y místico a la vez, que coloca a la música popular en las alturas de las mejores expresiones de la clásica universal.
Fuimos, además, los privilegiados testigos del respetuoso acercamiento -acaso del descubrimiento- de la Misa Criolla por parte de José Carreras, a diez años de su primera incursión por la partitura, en Laredo. Es que el tenor ha ido en busca de los intersticios del ritmo y ha rescatado buena parte de su misteriosa belleza, esa que sólo saben transmitir los hijos de la propia tierra. Su logro es perceptible en algunos fraseos y hasta en articulaciones apropiadas para las inflexiones y cadencias folklóricas de tiempo binario y ternario, muy difíciles de asumir por parte de cantantes consagrados al repertorio lírico.
La misa
El mayor mérito de José Carreras, en esta última versión de la Misa Criolla de Ariel Ramírez, es haber relegado la pura técnica del canto operístico para entregarse con unción y exquisitos matices (lejos de manierismos) al texto sagrado.
Ya desde el demorado y minucioso "Señor, ten piedad de nosotros" (Kyrie), Carreras cantó con emoción, en delicioso ensamble con el coro.
Del mismo modo fueron pertinentes las eufónicas explosiones de su voz en el "Gloria a Dios en las alturas", el fervor recoleto del tramo "Señor, hijo único, Jesucristo" y el impresionante "Amén".
Las aproximaciones de Carreras a la chacarera trunca del "Creo en Dios" (Credo) asumieron los riesgos del desplazamiento de acentos, pero los sortearon con gran solvencia. Fue el único tramo en el que apareció el tenor lírico, pero sus vibraciones fueron auténticas.
El cantante transmitió luego con emoción el "Santo, santo, santo" (Sanctus). Y con admirable acercamiento religioso expresó, a media voz, el "Hosanna en las alturas", del clásico Benedictus.
Finalmente, con recogimiento impar, desgranó Carreras el "Cordero de Dios" (Agnus Dei) y alcanzó fraseos intensos para "Ten compasión" y en el tramo final, "Danos la paz".
Prólogo y final
Carreras abrió el recital con sentimentales canciones italianas y españolas aptas para desplegar su timbre metálico y su vena lírica y dramática muy afín al expresionismo canoro. Entre ellas, incluyó la viejísima "Vieni sul mar", y la emotiva "Canción del árbol del olvido" de Ginastera-Silva Valdez, que desgranó con sabrosos rallentando.
Su pianista se animó con Piazzolla. El resultado fue apenas decoroso, tanto como su magro desempeño en el rol de acompañante del tenor.
Antes del cierre, coro y tenor han de acometer los bellísimos temas del ciclo "Navidad nuestra", pergeñados por Ramírez con preciosos versos de Félix Luna, en eufóricas y compactas versiones.
Pero el público -el de la ópera o quienquiera- ha reclamado más vociferaciones y el circense salto mortal. Carreras no se los habrá de negar. Y su garganta se apresta a la gran batalla con la trilladísima "Granada" y con el menos vapuleado "Torna a Sorrento". Las aclamaciones no se dejaron esperar.






