
La muerte, un show que nunca cesa
Hace unos años, Alejandro Romay en persona apareció frente a las cámaras de Canal 9 para presentar varias veces la repetición de una secuencia de "Feliz domingo", en la que un hombre maduro que participaba ocasionalmente en una prenda del programa, cayó presa de la emoción fulminado por una crisis cardíaca y murió en pleno programa. Era el Día del Padre y aún se recuerda el rostro del zar (que en ese momento estaba en la plenitud de su poder televisivo)diciendo que las imágenes se reiteraban una y otra vez "a pedido del público".
El miércoles último, la poderosa red televisiva brasileña Globo (la misma que transformó el nacimiento de la primogénita de Xuxa en un hecho mediático de alcances incalculables) emitió en su noticiero central, que comienza a las 20, imágenes exclusivas en las que un policía, aparentemente en un acto de legítima defensa, descargó a quemarropa las seis balas de su revólver contra dos asaltantes que poco después fallecieron. En este caso también abundaron las reiteraciones, aunque nadie dijo que la audiencia las había reclamado. Esto puede explicar la catarata de quejas que al día siguiente hicieron oír decenas de televidentes indignados.
Mientras esto ocurría en Brasil, en nuestro país el episodio (que duró algo menos de un minuto y se transmitió sin editar) ganó también la pantalla de algunos noticieros, todos ellos emitidos, como el de Globo, en horario central.
No se escucharon aquí frente al hecho voces como la del psicoanalista infantil carioca Aldredo Castro, que señaló a la agencia noticiosa EFE que la TVdebería preguntarse si todas las escenas que se muestran, incluso las referidas a casos reales, son adecuadas, por ejemplo, para el público infantil.
"Este tipo de transmisión merece una gran evaluación, y en caso de que la decisión sea la de pasar las imágenes, tienen que alertar a los padres de que el contenido no es recomendado para menores", sostuvo el especialista. ¿Habrá pasado inadvertido el hecho por el grado de acostumbramiento que desde hace mucho tiempo registra nuestra TV al tratar con una actitud entre liviana y explosiva situaciones límite como ésta? ¿Ya no nos sorprende la muerte en directo, transmitida en vivo y con las cámaras en el lugar de los hechos, simplemente porque forma parte estelar de un show que no debe dejar de continuar?
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El episodio televisado del tiroteo y la muerte de los hampones en Ipanema llegó a la pantalla de nuestros informativos apenas dos días después de que Telefé Noticias se decidió a poner en el aire un meneado video (que estaba en poder del canal desde febrero último)en el cual un hombre que decía ser colombiano, guerrillero y asesino profesional confesaba su culpa alrededor de otra muerte, mucho menos anónima que las de los dos casos citados. Decía, entre lágrimas, que había matado a Carlos Menem (h.)a cambio de una suma de dinero, y que se arrepentía y pedía perdón.
La cosa no resultó ser tan así. Las crónicas de La Nación calificaron al hombre como un "fabulador" desde que se comprobó que no era ni colombiano ni guerrillero ni asesino a sueldo. Era un albañil peruano con síntomas de personalidad paranoide que, según propia confesión ante el juez Carlos Villafuerte Ruzo (a cargo de la investigación por la muerte del hijo del Presidente), habría sido instruido por un periodista de Telefé para autoincriminarse e involucrar en el episodio a hombres fuertes del poder.
En el camino de esta película de enredos y equívocos quedaron por lo menos tres secuencias muy ruidosas, expuestas con toda su contundente confusión por Adriana Schettini en su columna del miércoles último en estas páginas.
Primero, las denuncias de la revista Trespuntossobre la presunta connivencia entre el Gobierno y Telefé para no emitir el video ni entregarlo a la Justicia en tiempo y orden;segundo, la decisión del canal de ponerlo en el aire sólo ahora, acompañado por una atípica aparición de Constancio Vigil (una figura de contacto directo y personal con el Presidente)para explicar que antes de la emisión se chequeó convenientemente la falsa identidad del denunciante en Colombia;tercero, otro show explosivo de Mauro Viale, que volvió a tratar con extrema liviandad un tema delicadísimo, cobijó al albañil en su programa y cerró el espectáculo con la policía llevándose al hombre a la salida del canal.
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"Al público le quedó la sensación de que una vez más le han ofrecido un show de pésimo gusto montado sobre la muerte de un ser humano", concluye Schettini. Y mientras parece haber pocas dudas de que la mayoría de los protagonistas de esta historia dio por lo menos algún paso en falso, el elemental respeto que se exige ante lo irreparable vuelve a quedar en segundo plano.
Sin que se trate, como lo ocurrido en Río de Janeiro, de un caso extremo de muerte en directo, corresponde también en esta situación, como en el de toda muerte difundida por la TV, la más cuidadosa responsabilidad y un cuidado extremo para evitar que todo se reduzca al mero show.
Los brasileños que protestaron frente a la transmisión cruda del tiroteo de Ipanema hablaron sobre todo de imágenes chocantes, crudas y, sobre todo, innecesarias. Al hablar de la muerte, también hay palabras que adquieren esa connotación. Lo dice un elemental sentido común.
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