La música clásica en números
Mientras se habla de una crisis del género, en América latina crece en audiencia.
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Si en la actualidad la musicología y las ciencias humanísticas encuentran muchas dificultades para poder definir con exactitud qué es la música clásica -algo que no es tan claro como hace algunas décadas-, los ejecutivos de las compañías discográficas, con una practicidad característica y una lógica contundente, enuncian definiciones que no carecen de cordura.
"En una época en que la globalización de la información sonora y los contactos entre distintas culturas se incrementan día tras día, entendemos que clásico es aquello que pasa de generación en generación. La música clásica ya no es simplemente la de Bach o la de Wagner, sino que incluye nuevas experiencias sonoras que tendrán permanencia y que, seguramente, serán escuchadas en el futuro."
Kevin Kleinmann, vicepresidente de Marketing Internacional de Música Clásica de PolyGram, en reunión con La Nación , explicó así por qué dentro de los catálogos de Philips, Deutsche Grammophon y Decca, las tres compañías de música clásica de la recientemente vendida PolyGram, aparecen canciones de los Beatles, comedias musicales, bandas de sonido, Sting junto a Pavarotti o el portentoso violinista Lakatos, que le ha encontrado una nueva sonoridad a la música gitana.
Sin embargo, y más allá de lo interesante que pueden resultar los modos de concebir la música de una compañía internacional que es líder en la comercialización de música clásica, son los números que ha revelado Kleinmann lo que más llama la atención. "Para PolyGram, el mercado más importante es Japón (la música clásica representa el 10% de todo el mercado discográfico) y luego siguen EE.UU. (4%), Alemania (el 11% del total de ventas de CD es el más elevado en todo el mundo), Francia (10%) e Inglaterra (6%). Pero tomado el planeta por regiones, Europa es la que más ventas registra, con un 53% del mercado total de música clásica de la compañía, Asia el 20%, Estados Unidos y Canadá suman el 16% y América latina, el 2,5 por ciento."
Mayor crecimiento
Pero este mínimo porcentaje de América latina es para Kleinmann sumamente significativo. "Esta región es la que ha registrado el mayor crecimiento de todo el mundo en los últimos dos años, con un incremento de casi el 41%. El caso de la Argentina es más llamativo aún, porque no es un mercado musical emergente sino ya consolidado y, en el terreno de la música clásica, ha crecido en un 63%, cifra sólo superada por Colombia y Venezuela. Pero estos países apenas están comenzando su desarrollo y es lógico que tengan guarismos más elevados."
La tan mentada crisis del mercado discográfico de música clásica, que según Kleinmann no se ha dado en América latina, es palpable en el resto del mundo, donde las ventas han decrecido en un 3% en el mismo período 1995-1997. "Hay que entender que la consolidación y masificación del CD trajo aparejado un boom de ventas al comienzo de la década. Ahora, la música que se compra no es para reemplazar a los viejos LP, sino por la voluntad de poseer un producto determinado. En este sentido, la disminución de las ventas no es preocupante."
Por último, Kleinmann se detuvo en bombardear con fuego pesado a las compañías de la competencia, a las que acusa de bastardear sus catálogos al ofrecerlos a precios muy económicos. "Este tipo de políticas pensadas para el corto plazo es decididamente nocivo para el desarrollo del mercado clásico. Las compañías deben propender a generar nuevos artistas y a mejorar las técnicas de grabación, para lo cual hay que financiar las inversiones con las ventas. El recurrir a las glorias del pasado y colocarles un precio excesivamente bajo o a quemar en poco tiempo a jóvenes artistas como si fueran los Backstreet Boys no favorece el desarrollo de la industria ni el de la música. Es una actitud de corto plazo con el efecto de un boomerang. Cuando acaben con las reediciones de las grandes figuras, se encontrarán que no tendrán con qué reemplazarlas. Para felicidad nuestra y de todos los amantes de la música clásica, nosotros tendremos, entre muchos más, a Bartoli, a Thibaudet, a Chailly y a Gergiev." Ni tanto ni tan poco, del otro lado, y no en el banco de suplentes, en la galería del pasado o del agotamiento prematuro, también están, por ejemplo, Yo-Yo Ma, Yevgeny Kissin, Maxim Vengerov o Gerhard Oppitz para que el horizonte, esperemos, nunca se agote.





