El último fin de semana, el balneario uruguayo de La Pedrera vibró con la segunda edición del Festival VoxPop. Babasónicos y Catupecu Machu, los actos centrales.
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En Uruguay, el verano del amor tiene su remake en este preciso instante. Y quedó en evidencia el viernes pasado, cuando 10 mil personas peregrinaron tras la medianoche hasta La Pedrera, en Rocha: los campos de grass dónde retozan las súper emes anónimas, y los uruguayos tuvieron la segunda edición de, como dicen por acá, "la Vox Pop". ¿La nueva fiesta final?
Aunque Catupecu Machu y Babasónicos se turnaron para gastar el escenario principal (pero con un despliegue artístico que promedia bajo contra los shows que dan en su país natal), fue la noche de los uruguayos: Astroboy -en el main stage -, Luciano Supervielle -en la carpa electrónica- y Dani Umpi -en el escenario alternativo-, hicieron cada uno lo suyo y a su modo. Y con eso, se llevaron puesto todos los méritos.
Astroboy abrió el festival con unas dos mil personas esperando su performance. Un despliegue contundente de fanfarria mod y desparpajo rocker, proyectó el poder que pueden tener como banda si los distraídos se detienen a escuchar. Un set fino y contundente que se mixturó a la perfección con la caballería de Dárgelos, logia de swing que testeó sin suerte los temas de su último disco, Anoche. Y, sobre la misma, remontó esa respuesta pop con lo que el público quería: Jessico. Catupecu asombró a los argentinos de paseo. Su show fue el mas esperado de la noche (por los uruguayos, claro) y eso los puso en el lugar de fenómeno panregional. Es que el público de acá entiende el rock desde una óptica similar a la de los Ruiz Díaz: bombo en negra, distorsión cortada a cuchillo = rock. Y baile, mucho baile.
Para los locales Vox Pop fue la celebración del año. Una multifiesta con entradas (no tan) populares y música muy poco "plancha" (entiéndase: "villera"); las chicas (un promedio de 9 a 1 contra el cupo masculino) desfilaron con sus flores de PVC en el pelo y sus remeritas sixties quemando miradas por las laderas y en las ¡fogatas! ubicadas tipo "reservados" en las cuatro esquinas del predio. Dentro de la carpa tech, Luciano Supervielle combatió en un deejay set y salió victorioso con su flagrante agencia remixes.
Y por acá todo bien. Hasta que, antes del amanecer, Dani Umpi recibió latazos, escupidas e insultos. "¿Qué pasa chicos? ¡No me digan que nunca vieron un trolo!", dijo y siguió, ante la risita boba de la mayoría rugbiers; atacó el escenario alternativo con sus canciones sin tapujos y un karaoke si reparo. Un lista de temas intencional: que, esta noche, todos los hermosos se comieran a besos. A su lado, El bebe y El pichón, sus parteinaires, sus bailarines, sus Umpis, lo secundaban en coreos descocadas: "Vamos chiquilines, es su ultima oportunidad para besar a alguien antes de que amanezca", advirtió. Y salió el sol. A un costado, un Elvis adicto al mate y crakeado onda Las Vegas, unía matrimonios de forma gratuita en las dependencias diminutas de una carpa marroquí. Y así se fue más de uno, enamorado y asado, a divisar el amanecer en alguna playa, por ahí.





