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La grafica de la portada es un buen puerto de entrada al contenido del disco. Allí se ve a los protagonistas del álbum, el cantor Germán Dominicé y el guitarrista Carlos Senin, vestidos como boxeadores, con sendas butacas que coronan sus cabezas, acompañados por una leyenda que dice: "Otra gran velada de tangos y canciones de humor triste". Los Butaca están de regreso: su segundo disco profundiza la veta del absurdo, aunque esta vez con menos referencias a la liturgia peronista y más a las historias de amor y rupturas, sobre una base musical de tangos propios, con alguna licencia al folclore y al jazz gitano a lo Django Reinhardt. ¿De qué se trata, entonces, su "humor triste"? De una sucesión de viñetas disparatadas, tomando en solfa situaciones costumbristas y llevándolas al extremo. Sus historias ondulan entre viajes orgiásticos en tren, reencuentros sentimentales poco afortunados y personajes con egos enormes. Y aunque está bien producido y cuidado, con invitados como Franco Luciani, Palo Pandolfo y Mavi Díaz –que se luce en el tierno homenaje a la adolescencia "En rojo"–, termina siendo un disco desparejo. En los pasajes más inspirados, los juegos de palabras remiten a Leo Maslíah ("Cerveza ir viendo"), pero en otros momentos, su humor pisa el palito y se vuelve zumbón y hasta un poco chabacano ("Ramona" y "Peinale la cabeza al loro").





