
Dentro del registro vocal de soprano, en la ópera existen tres divisiones y otras tantas subdivisiones. Hay sopranos ligeras, líricas y dramáticas (en las subdivisiones aparecen las spinto, de coloratura o lírico-ligeras, entre otras). No existe la soprano trans como característica vocal. Sin embargo, María Castillo de Lima quizá sea pionera en esta definición y no le molesta, en absoluto, que aparezca de ese modo en los títulos de cada entrevista periodística que realiza.

Es una “dramática” que se pone el traje de la princesa Turandot, para una versión de esta famosa ópera de Giacomo Puccini, que se realizará desde este viernes en el Teatro Avenida; y, también, es la “soprano trans” que con mucho compromiso levantó la bandera de la identidad de género, desde que (como ella misma lo dice) era un muchachito que ingresó como Felipe, a la cuerda de tenores del Coro del Teatro Colón, y desde entonces hizo una transición personal y artística.
María habla con pasión de cada rol que tiene que interpretar. Dicho sea de paso, este viernes se estrena esta Turandot, en el teatro Avenida, que, además de su protagónico, cuenta con dirección orquestal del César Tello, puesta en escena de Gabriel Villalba y un elenco integrado por Fabricio Gori, Martín Fernández, Eugenia Coronel Bugnon, Bruno Santoro Sciaini, Franco Gómez Acuña, Miguel Balea, Jerónimo Vargas Gómez, Marcelo Reynes y Mauro Luna. También habrá funciones el sábado 27 y el sábado 4 de julio, siempre a las 20.
-María, ¿Cómo será esta versión de Turandot?
-Está hecha artesanalmente por todas las personas que trabajan desde hace años en Clásica del Sur, con una escenografía que busca cumplir con los parámetros de la fastuosidad que tiene esta ópera en particular. Es una ópera del Gran Imperio Chino y requiere una maquinaria escénica importante. Y tenemos un elenco formidable, con varios cantantes del Teatro Colón, entre ellos, mi compañera que hace el gran rol de Liù, que es la buena de la película, Eugenia Coronel Bugnon. Realmente es un desafío muy grande para la compañía poder abordar este título, porque es muy demandante en todo aspecto. Y, también, por todo lo que conlleva lo musical, ¿no es cierto?

-¿Qué representa para vos?
-Un punto de llegada porque es un rol muy difícil para la voz de soprano dramática, creo que es uno de los cinco roles más difíciles de la literatura de la soprano dramática. Gran dificultad técnica, un despliegue total de la voz sobre una orquesta que es muy grande, muy exigente, y, además, un control mental y físico para abordar un personaje de tales características dramáticas como es Turandot. Es muy complejo psicológicamente y dramáticamente. A lo largo de la obra debe ir transformándose. Pero nuestro querido régisseur, Gabriel Villalba, tiene una amplia experiencia teatral y ha empezado a trabajar en 2017 con la compañía.

-Sin duda es un rol desafiante y con agudos que no pasan inadvertidos, especialmente en el segundo acto.
-Sí, y además, la complejidad de los enigmas que son casi sin acompañamiento orquestal. Es un rol con una tesitura muy grande, que va del registro sobreagudo a notas graves que requieren equilibrio para una interpretación orgánica del rol.

-Recién también dijiste que es un rol que muestra una transformación.
-Creo que la transformación es algo que le sucede en mayor o en menor medida a todos los seres humanos, porque a lo largo de nuestra vida nunca somos lo que fuimos ayer, ni tampoco lo que seremos mañana. Y a mí me parece que las transformaciones son constantes. Nacemos para transformarnos y esperamos, obviamente, lograr siempre una mejor versión de nosotros mismos. Creo que personajes como Turandot logran una especie de redención con una transformación o con un quiebre, respecto del mandato familiar. La transformación, en mi caso, ha sido mucho más grande por mi condición de género, por mi condición vocal y estos roles que sufren esas transformaciones y que los convierten en algo mejor siempre son inspiradores. Y, por supuesto, trato de encontrar en todas mis interpretaciones algún punto en común que me lleve a vibrar, en sintonía con la historia del personaje.

-Quizás no todos los roles son los que mejor le sientan a un cantante, pero aparecen oportunidades tentadoras y se aprovechan. ¿Vos siempre hablás con pasión de lo que te tocó interpretar?
-Creo que he tenido suerte de que ser seleccionada para roles. Ya desde mi debut, en la Ciudad Ausente, en el Colón a fines de 2022, han tenido en cuenta mis características vocales, físicas y también mi carácter, porque la mayoría de los directores me conocen ya de hace muchos años, por la tarea en el Teatro Colón, donde soy coreuta desde 2010. Mi cambio de cuerda fue en el 2019. Siempre tratan de darme roles ajustados a mis posibilidades interpretativas. Lucía Joyce, una mujer que tenía problemas psiquiátricos y estaba internada, de La ciudad ausente de Gandini. La diosa Diana [de la opereta Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach]. Luego Kassandra [en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, con música de Pablo Ortiz, basada en la pieza teatral del mismo nombre, de Sergio Blanco]. Un desafío inmenso, de una hora y cuarto sola, único personaje con un grupo de cámara acompañándome muy pequeño, donde tenía que trasladar todo un texto muy denso y muy profundo. Mi último rol fue un cover sin función. No me tocó hacerlo, pero estuve en varios ensayos de Dementia, de Strasnoy. A mí me nace una pasión tan grande por la ópera que no creo que haya personajes que no me gusten, realmente todos me encantan. Se me ha dado mucha música contemporánea y ya te voy anunciando que sigo el año que viene en el Colón con desafíos de música contemporánea, que me encanta. Nadie las quiere cantar, pero yo sí.
-También componés. ¿En qué lugar quedó ese rol?
-Ahora estoy más entre la cantante y la docente. Porque he ganado dos cargos en el conservatorio Gilardo Gilardi. Y estoy terminando la carrera porque empecé a trabajar a los 22 años en el Teatro Argentino y cuando tenés 22 y ya trabajás en un teatro, decís: “La carrera la termino después.” Así que hace unos años retomé el profesorado, estoy a cinco materias de recibirme. Me obligué a no aflojar y recibirme en la misma institución en la que me formé; así que, aun viviendo en Buenos Aires, voy a La Plata. En mi vida todo es doble. Alumna y profesora, doble registro vocal, coreuta y solista.
-Durante una charla que tuvimos hace seis años hablamos del reconocimiento que en ese momento tenías. De que te identificarán más por una cuestión de género que de cualidad vocal. ¿Cómo lo vivís hoy?
-Yo creo que es muy difícil separar mis logros y mis conquistas y mi trabajo inquebrantable y constante de la cuestión que se vincula con mi elección de género. Ese año gané el Premio Estrella de Mar, en Mar del Plata. Cuando lo recibí dije algo que siento con todo el corazón: el logro de una persona trans es el logro de todas, por el sufrimiento y por el padecimiento de todas. Y a pesar de que han pasado seis años, sí tantas cosas se han repetido, creo que tengo la bandera más alta. Y cuando elevo mi voz cantando, también canto en nombre de cada una de mis compañeras. No me puedo separar de eso y me emociona mucho porque cada vez me vinculo más. Es una lucha constante, no solo de las personas trans, sino de todos los humanos. Para que nos sea un poquito más fácil algunas cosas. Conozco muchas personas que tenían trabajo y ya no lo tienen, y a otras que estaban estudiando y ya no pueden mantener sus estudios económicamente. No puedo estar en mi nube del Teatro Colón o de la Turandot de la ópera. Soy una persona de clase baja. Nací en una familia muy humilde. Mis padres hicieron un sacrificio inmenso y no me puedo olvidar de eso. Entonces, si mi voz sirve para que algo de eso cambie, bueno, voy a seguir cantando. Mientras más me pueda desarrollar como profesional, como artista en la Argentina y afuera, más mentes van a poder concebir que las personas trans podemos ser diferentes y crear un mundo mejor.



