Marino Santa María: "Espero que Boca salga campeón"

Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el invitado se interroga y se fotografía
Valentina Ruderman
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29 de noviembre de 2013  

Estoy en un bar, como siempre con mis lápices. Alguien se acerca a mi mesa, pide un café bien cargado y se sienta delante de mí. Hago como que no lo veo y sigo dibujando. Pero empieza a preguntar y no me queda más que responder a tanta curiosidad.

-¿Siempre viene a este bar?

- Sí, me siento cómodo. Me acostumbré desde las épocas de estudiante, de las reuniones trasnochadas en la calle Corrientes, de cuando mis hijas eran pequeñas y pequeño era el departamento en el que vivíamos. En el bar encuentro la magia de un mundo en cada mesa y de una película en cada ventana.

-¿Lo convido con otro café?

- Sí, cortado con edulcorante, por favor. No creo que esa sonrisa socarrona sea porque está pensando en que cuido la silueta?

-No, pero me queda la duda, ¿practica algún deporte?

-No practico ninguno, pero corro de un lado a otro de la ciudad. Me gusta ver fútbol, tenis y básquet.

-No será de Boca, ¿no?

-Sí. ¿Por qué? ¿Le molesta mucho que sea de Boca?

-¡No! Yo tengo la esperanza de que Boca salga campeón pronto.

- Coincidencia: también espero que Boca salga campeón. Durante años asistí a la popular, acostumbraba llevar un paraguas que pinté de azul y amarillo. Y detrás de él me fotografiaron para la revista Así es Boca; salí como un hincha invisible tapado por mi propia obra.

-¿Sus mejores viajes?

- Los que realicé a Madrid y a Corea del Sur, a Uruguay y a Colombia, y los que todos los años hago por las provincias de nuestro país. Cada ciudad que recorro es un color y todas quedan en mi memoria como un gran arco iris.

-¿Usted es el que pinta casas?

- Yo las intervengo, no sé si a eso se refiere.

-Digamos que sí.

- Bueno. Entonces le cuento que junto con mi equipo intento transformar cada calle en un nuevo paisaje, en un canal de forma y color que mejore la calidad de vida en la ciudad e incentive al vecino a participar. Y esto se hizo realidad en la calle Lanín, donde nací y tengo mi taller, cuando organicé -y seguiré organizando- una gran cena en la calle con los vecinos, con mis tableros como mesas y con la habilidad de ellos como cocineros.

-¿Me va a invitar?

- Por supuesto, pero me pareció haberlo visto por mi taller.

-Así que usted nació donde ahora tiene su taller.

- Sí, allí viví con mis padres, y de mi padre tomé la veta artística.

-¿Sus hijos pintan?

- No, pero son creativos, cada uno en lo suyo. Crecieron con la libertad de poder elegir y comprometerse con aquello que les da el placer de sentir con pasión lo que hacen.

-¿Qué sucede en sus sueños?

- Sueño que llevo a cabo las 1000 ideas que se me aparecen en la cabeza, que me sobra tiempo para pasear, estar en familia, recibir amigos y transformar las ciudades en telas para pintar y llenarlas de color.

-Y cuando despierta, ¿qué pasa?

- Pongo todas mis energías para que lo que soñé se haga realidad. Disculpe, pero tengo que irme.

-¿Mañana vuelve por acá?

- Sí, a la misma hora, y va a ser un placer encontrarlo. No me falle, a ver si lo convenzo de tomar un cortado con edulcorante.

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