A 30 años de Chaco: cuando Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur pusieron en una coctelera el rap, las películas de karate y un hit instantáneo
El tercer álbum del dúo integrado por Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur los hizo conocidos en toda Latinoamérica gracias a una innovadora fusión de rap, rock, funk y raíces locales. Su reciente edición en vinilo muestra que su música sigue más vigente que nunca
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Hay discos que son producto de su época, pero que a su vez están adelantados a su tiempo. Cuando se dan esos dos factores -la fusión entre la frescura de lo actual y la mirada hacia el futuro-, el resultado muchas veces es el de una explosión de popularidad inmensa, una transición brusca de los márgenes hacia la masividad. Ese proceso fue el que experimentó Illya Kuryaki and the Valderramas con Chaco, su tercer álbum, que vuelve a las bateas por primera vez en vinilo, un soporte que le hace justicia a una de las obras fundamentales de los 90, que impulsó las carreras de Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur en todo el continente.
El hip hop en Argentina empezó como un fenómeno marginal, traccionado más por el breakdance que por el rap. De ahí que los primeros hits locales hayan sido temas bailables, con bases inspiradas en el techno y estribillos pop, como los éxitos de Jazzy Mel y MC Ninja. En ese contexto, los hijos de Luis Alberto Spinetta (Dante, Valentino y Catarina) y del fotógrafo Eduardo “Dylan” Martí (Emmanuel, Lucas y Guadalupe) formaron un grupo llamado Pechugo -una parodia de Menudo-, en el que compusieron canciones que nunca llegaron a grabarse, a excepción de “El mono tremendo”, que el Flaco registró con ellos para su álbum Téster de Violencia.
En esas sesiones participó en el bajo Carlos “Machi” Rufino, que integraba la banda de Spinetta y había tocado en Invisible, y que años después sería uno de los técnicos de grabación de Chaco. “Dante y Emmanuel jugaban con mis hijos en el patio de mi casa. Más allá de lo profesional, había una relación casi familiar con ellos”, cuenta el bajista.
Illya Kuryaki and the Valderramas nació como un desprendimiento de Pechugo, que solo se subió al escenario una vez en la presentación de Tester de Violencia, en el teatro Broadway. Spinetta y Horvilleur debutaron tres años más tarde con Fabrico Cuero, lleno de letras irónicas y políticamente incorrectas, como “Es tuya Juan” y “Jubilados violentos”. Aunque logró cierta trascendencia, con 15 y 16 años el dúo era todavía demasiado joven para ser tomado en serio, a pesar de haber contado con la producción de Luis Alberto y con la bendición de Charly García, que los invitó a cantar con él un medley de “Fabrico cuero” y “Rap del exilio” en Ferro.
En 1993, el dúo sacó Horno para calentar los mares, un disco más rockero, influido por la fusión del rock con el rap, como fue el primer álbum de Rage Against the Machine, Epic, de Faith No More; la versión de “Bring the Noise” de Anthrax con Public Enemy y la banda sonora de Judgement Night, hecha con colaboraciones entre raperos y bandas de rock, que incluyó a Run D.M.C., Living Colour, Pearl Jam y Cypress Hill.

Sobre ese segundo trabajo, dice Emmanuel Horvilleur: “Nos permitió empezar a plasmar una cosa más de banda, de instrumentos grabados por nosotros y del sonido que veníamos teniendo en vivo”. El álbum fue un fracaso comercial que los dejó sin discográfica, que les rescindió el contrato a causa de las bajas ventas, pero les abrió las puertas hacia la libertad de experimentar con todas sus influencias sin ningún tipo de ataduras. Fundaron su propio sello, Gigoló Productions, se calzaron el traje de productores y empezaron las sesiones de grabación en el estudio La Diosa Salvaje, propiedad del Flaco.
“Mucho del sonido de Chaco se dio una vez que estuvimos en el estudio, probando cosas e intentando ir por lugares muy diferentes a los que se planteaban en la época”, recuerda Horvilleur. “Nos empezó a gustar el sonido más lo-fi, influenciado por el funk de los 70, como Curtis Mayfield o Funkadelic, mezclado con el hip-hop de la época de Beastie Boys y Cypress Hill. También usamos samplers de películas y nos abrimos a influencias extramusicales como el karate”.
Las películas de artes marciales fueron parte de la estética de IKV desde el principio, pero su influencia se hizo más evidente en este período gracias a los videoclips dirigidos por Alejandro Hartmann. Como dato de color, la foto de portada del álbum, que habrían hallado en un mercado de pulgas, fue atribuida de forma apócrifa a Bruce Lee.
“Le pregunté a Dante qué escuchaban. Me nombró artistas que yo no conocía, así que le pedí los discos y me trajo una pila de CD que me tomé el trabajo de escuchar. Gracias a eso, cuando arrancamos la grabación, yo ya tenía una idea de qué sonidos buscaban. Ellos mismos se sorprendían en el estudio al ver cómo yo podía responder a ese tipo de música”, detalla Machi sobre la realización del álbum, que en una primera etapa estuvo a cargo de Mariano López.
De esas sesiones iniciáticas salieron canciones como “Abarajame”, “Hermana sista” y “Nacimiento” -que incluye la voz de Ernesto Frith, el locutor que le dio identidad al programa La aventura del hombre-, junto con otras que fueron descartadas. “Para mi cumpleaños, Dante, junto con su novia y [Fernando] Samalea, me regalaron un CD con los primeros temas que habíamos grabado, cuya portada era una foto que nos habíamos sacado en Santa Fe durante una gira, donde aparecemos en calzoncillos. Le pusieron de nombre Cartuchera Porno. Lo contamos en una entrevista y durante muchos años fue un objeto muy buscado”, rememora Emmanuel con humor.
Fernando Samalea, que tocó la batería en el álbum, relata la anécdota al detalle en su libro Qué es un long play: “El comienzo fue de menos a más, en plan demo, tocando y rapeando sobre un loop de Miles Davis. Era ‘Onko LSD’, dedicado a Gustavo Spinetta, el tío de Dante. ¡Acerca de un sobreviviente de Woodstock arrollado por un colectivo 12 en Puente Pacífico! Luego, llegó el turno de ‘Jazz muy bien’, ‘Vapor’ y ‘Zulema’”. La única de esas composiciones inéditas que llegó a editarse es “Onko LSD”, incluida en el compilado Pampa del Indio, hecho a beneficio de la comunidad toba.
Un año antes de la salida de Chaco, en 1994, los Beastie Boys ampliaron el horizonte del género con Ill Communication, donde incursionaron en el funk, el jazz y el rock mezclando samples con instrumentos tocados por ellos mismos. El tercer disco de IKV parte de la misma idea de rapear sobre música tocada con banda, pero con una instrumentación que reflejara todo su background musical, desde el soul de Prince en “No es tu sombra” hasta el universo spinetteano de “Abismo”.
“El sonido de Chaco se dio asimilando una galería de instrumentos que empezamos a buscar, como el piano Fender Rhodes, el Roland Vocoder Plus, la guitarra con wah-wah y el bajo Mu-Tron”, completa Horvilleur. “Recuerdo que un día vino Luis Alberto Spinetta, se me acercó al oído y me dijo: ‘Machi, no los dejes hacer lo que ellos quieren’. Yo le respondí: ‘Decime cómo se hace para evitarlo’. Eran muy jóvenes, corría el año 1995 y se llevaban el mundo por delante”, reflexiona el técnico, que fue incentivado por el dúo a utilizar técnicas de grabación no convencionales. Esa ambición de Dante y Emmanuel fue la que convirtió a Chaco en un éxito instantáneo en toda Latinoamérica, con “Abarajame” sonando en todas las radios y su video en alta rotación en MTV, reconocido como video del año en la edición latina de los premios de la cadena.
En “Abarajame”, los músicos adoptaron los alter egos de Coolero Connor y Groova Chaco y mezclaron el espíritu de la serie Kung Fu con el funk y el erotismo cantado en un spanglish deforme que tres décadas más tarde sería moneda corriente en el trap latino. La canción había sido probada en vivo, por lo que cuando salió el disco el público de IKV ya la conocía. “Le sugerí a Dante dejarla afuera, pero él me dijo: ‘ni en pedo, está buenísima’”, admite Horvilleur y agrega: “Chaco fue un parteaguas, una bendición. Nos permitió probar lo que es el éxito y seguir soñando a lo grande”.
Con 250 mil copias vendidas, el álbum demostró que se podía hacer hip-hop de calidad en Latinoamérica con identidad y raíces propias. Es cierto que Chaco tomó un camino distinto al del rock nacional de ese momento -el Nuevo Rock Argentino liderado por bandas como Babasónicos, Juana La Loca, Los Brujos y Peligrosos Gorriones-, pero le abrió la puerta a innumerables grupos en todo el continente que se animaron a fusionar el rock, el rap y la música negra con ingredientes latinos. Sin ir más lejos, tras su salida aparecieron Molotov y Control Machete en México, Los Tetas en Chile y Peyote Asesino en Uruguay.
Chaco, como sucede con las obras vanguardistas, parece un nuevo lanzamiento. Su influencia en artistas del género urbano, desde Trueno hasta Ca7riel & Paco Amoroso, se percibe desde el primero hasta el último track. Sin saberlo, Illya Kuryaki and the Valderramas escribió el manual de la música argentina del siglo XXI hace treinta años. No por nada, como dice Machi, ese álbum “fue una bisagra que los lanzó hacia la estratósfera”.
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