
Abel López Iturbe fue un animador musical
Estaba afectado de un cáncer pulmonar
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La muerte, ocurrida el sábado último, de Abel López Iturbe resulta ser muy dolorosa, porque la vida musical de Buenos Aires perdió a un activo y caracterizado animador, no sólo por su condición de crítico, sino también por su infatigable dedicación a la enseñanza de la música a través de presentaciones como maestro de ceremonia, audiciones radiales y televisión, charlas, conferencias siempre amenas y didácticas por su desenvoltura y carisma.
Había nacido el 13 de noviembre de 1945 en Buenos Aires, y en los últimos meses se le declaró un cáncer pulmonar. Su alta contextura física, su vehemencia expresiva, cierto desparpajo en sus ademanes, sonrisa constante y las líneas marcadas de su rostro fueron las características de una personalidad que no pasaba inadvertida.
Sin embargo, fue el estilo llano y coloquial de sus charlas didácticas uno de sus méritos más destacados. Acaso fue el motivo que le causaba mayor placer espiritual por su pasión por formar nuevos amantes del arte musical, que se integraban en grupos donde además de sumar experiencias auditivas encontraban en esas tertulias, ajenas de todo materialismo, la posibilidad de cultivar una amistad.
López Iturbe, crítico musical del diario colega Ambito Financiero, fue desde 1996 miembro del Consejo Internacional de la Música de la Unesco, y en 1998 recibió un reconocimiento de la Academia Argentina de Música.
La Sociedad Argentina de Autores y Compositores le otorgó el Atril de Plata por su labor en apoyo a compositores e intérpretes argentinos; el Gran Premio del Congreso "El niño y la televisión", en mérito a la elevación cultural de la niñez y la adolescencia, y el premio Congreso de las Naciones, por su esfuerzo en acentuar la identidad del país en el exterior.
Y entre sus logros mayores ha de recordarse su contribución profesional para jerarquizar artísticamente el emprendimiento Semana Musical Llao-Llao de Bariloche, donde se constituía antes y durante cada concierto en una atracción especial presentando a los artistas y ofreciendo con aplomo pinceladas dedicadas a los autores, las obras y en algunas oportunidades sumando su actuación de actor, recitante y poeta.
Quienes hemos tenido el privilegio de su amistad, prolongando junto a él veladas musicales en amables charlas con intercambio de opiniones algunas veces contrapuestas, hemos incorporado experiencias enriquecedoras e inolvidables.
Se nos ocurre que este modesto homenaje pueda interpretar el agradecimiento de aquellos que han conocido su titánico esfuerzo, su honesta entrega y su empeñosa voluntad por lograr el objetivo de elevarlos espiritualmente, tan sólo con haber ofrecido sin retaceos sus conocimientos y la apreciación auditiva del inmaterial arte de la música. Como el destino no dejó nada de tiempo, estamos escuchando un sonoro ¡Gracias Abel!



