Adiós a Dee Dee Ramone
Vivir intensamente y morir joven. El precepto punk, nuevamente, se cumple. Dee Dee Ramone (cuyo nombre verdadero era Douglas Glen Colvin) fue hallado muerto anteanoche por Bárbara Zampini, su esposa argentina, en su residencia de Hollywood. En septiembre iba a cumplir 50 años. Pocos días antes, el cantante de la banda punk local Flema, Ricky Espinoza, decidió dar fin a su vida y se arrojó desde un 5º piso. No son buenas noticias. Hace poco más de un año, Joey, otro integrante de los célebres Ramones (el apellido con el que se registraba Paul McCartney en los hoteles durante las giras de los Beatles), murió víctima de un linfoma, también a los 49. Lo cierto es que la música más visceral que conoció el rock a mediados de los años setenta, que llegó para romper con la compleja estructura del rock de aquellos años –sinfónico, glam, progresivo– con una música salvaje, desafiante, desgarradora, primitiva, pierde a otra de sus figuras fundamentales. Los Ramones es la banda más significativa del punk norteamericano. Nacida en Nueva York, desde 1974 impulsó el cambio musical que todavía hoy continúa vivo en miles de descendientes influidos por una pasión musical tan rústica como conmocionante.
Los Ramones eran casi argentinos. No sólo se presentaron muchas veces en nuestro medio (llenaron muchos Obras y River, con Iggy Pop), sino que en los años 90 fue el país que más fieles seguidores tenía. Dee Dee abandonó los Ramones a fines de los años 80, pero también optó por la Argentina. No sólo vivió aquí (con interrupciones) unos cuatro años. También se casó, con Bárbara (que lo halló anteanoche, sin vida, al volver a su casa).
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Nunca le interesaron los retornos. Decía, por ejemplo, que reunir a los Ramones era “una tontería”. Por eso debutó con un álbum de rap en 1989, como Dee Dee King, y formó otras bandas, Remains y Chinese Dragons (su último álbum fue “Greatest & Latest” de 2000, una colección de covers de los Ramones), y se dedicó también a otras actividades, como pintar (actualmente hay una muestra suya en Pisa, Italia) y escribir; editó una autobiografía, “Lobotomy: surviving The Ramones” (2000), y una novela, “Chelsea Horror Hotel” (2001), donde recordaba a varios fantasmas punk, como Sid Vicious y Johnny Thunders.
El bajista, autor de varios de los clásicos de los Ramones, seguía ligado a la música aunque reconocía que a su edad ya no podría sostener el ritmo de presentaciones de su antigua banda, y tenía otras intenciones: “El problema es que los Ramones son todavía muy populares, son históricos, pero la fama es pasajera y ahora no me importa lo pasajero, sólo quiero tocar rock and roll”.
El punk seguirá sin Dee Dee, aunque su pérdida pueda relacionarse más directamente a sus propias palabras sobre el significado de la muerte de Joey para sus seguidores: “Entiendo lo que sienten: los Ramones los mantenían jóvenes”.
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