Bailanta en el puente Pexoa
Además del festival nocturno, hay música durante la tarde, en Riachuelo
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CORRIENTES.- Hasta mañana se realiza en esta ciudad la Fiesta Nacional del Chamamé. Cada noche, desde el último miércoles, todo es música en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola. Pero, en realidad, la fiesta no comienza ahí. A 17 kilómetros de la capital provincial está ubicado el puente Pexoa, en el caudaloso Riachuelo (famoso gracias a la canción de Cocomarola; sí, hay que volver a escribir este nombre, que corresponde a uno de los patriarcas de la cultura chamamecera).
"Tardecita de sol/ fiel testigo de amor./ En el puente Pexoa,/ querida del alma/no existió el dolor." Tal vez lo que existió fue el calor, como en la tarde de anteayer. Cerca de las 5 todavía quedaban unas brasas en la parrilla del camping de la localidad de Riachuelo. La mayoría de la gente se arrimaba a los quinchos en busca de algo fresco para la garganta. Los niños andaban en el agua, jugando y refrescado el cuerpo. Un auto rompía el ruido típico de pájaros y bichos de la zona cuando sus ruedas golpeaban las tablas de madera del puente Pexoa. De fondo se escuchaba un chamamé lento. Sobre el escenario, primero Los Hijos de los Barrios y luego Caranchillo Ríos eran los encargados de animar la bailanta.
A la distancia, la música se sentía en los oídos como esa ondulación que se percibe en la vista al observar un espejismo de agua, en medio de la ruta, en una tarde de mucho sol. Todo parecía lejos, pero estaba ahí nomás. Frente al escenario la gente bailaba, apenas resguardada por una mediasombra gigante que marcaba los límites posibles de la pista.
Claro que ese perímetro siempre depende de la convocatoria. Porque ésta es la tercera vez que se realiza la bailanta dentro del marco del festival y cada año crece un poquito más. En una tarde como ésa, animada por 17 conjuntos, entre las 11 y las 18.30, habrían pasado por ahí no más de setecientas personas, pero el fin de semana pueden llegar a 4000.
De los que visten como para un día de camping (remeras, shorts y ojotas) se puede pensar que es gente corajuda que se lanza a la pista sin temerle al calor agobiante. Pero es difícil de entender para los que viven en zonas de climas fríos o templados, cómo hacen para bailar toda la tarde esos cristianos que visten pilchas gauchas (botas con espuelas, bombachas oscuras de fiesta, como las de antes, camisa, pañuelo, chaleco, sombrero y la infaltable rastra). Ver para creer.
La temperatura de la noche siempre es más amable. Ese mismo día, en el anfiteatro comenzó una nueva ronda chamamecera que tuvo música de la más refinada, con el dúo de los hermanos Rudi y Nini Flores, grupos añosos como el Cuarteto Santa Ana, clásicos del género como Los de Imaguaré, nuevos valores del estilo de Amandayé, figuras nacionales de la canción popular como Teresa Parodi y juntadas bastante llamativas y muy poco logradas, aunque cayeron bien en el público, como las de Las Hermanas Vera con el Bahiano.
Para la noche de cierre, mañana, se esperan las actuaciones en el escenario Sosa Cordero de Coqui Ortiz, Verón-Palacios, Matías Garlarza, Alejandro Balbi y el Ballet Litoral, entre otros.
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