
Barroco de dos mundos
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"Música barroca del Viejo y del Nuevo Mundo". Concierto del Ensemble Musica Fiorita. Programa: obras de Johann Gletle, Diego Ortiz, Tarquino Merula, Gaspar Sanz, Giovanni Buonamonte, Domenico Zipoli, Manuel de Zumaya y Sebastián Durón. Academia Bach. Iglesia Metodista Central.
Nuestra opinión: muy bueno
Como Festivales Musicales, algo así como su hermana mayor, la Academia Bach de Buenos Aires ha comenzado su año de manera convincente. El concierto del Ensemble Musica Fiorita fue, decididamente, muy bueno, con el plus de haber ofrecido un repertorio extraño en el cual se fundieron obras del primer barroco europeo y del latinoamericano. Por otra parte, esta asociación bioceánica, que, juntamente con las virtudes interpretativas, fue el principal atractivo de la presentación, fue, al mismo tiempo, la causa de algunos desniveles perceptibles en la calidad de las obras.
El conjunto está integrado por Lene Lagballe, que toca flautas dulces y el cornetto, un antiguo aerófono que, debe decirse, por más eximio que sea el instrumentista que lo ejecute, como fue el de esta música danesa, jamás terminará de ocasionar algún sonido destemplado y molesto en el oído contemporáneo; Roberto Falcone, en violín barroco; Rebeka Russo, que tiene a su cargo la viola da gamba; Rafael Bonavita, con su guitarra barroca y Daniela Dolci, la directora, que, de espaldas al público, tiene frente a sí al clave. El repertorio escogido les permitió, sucesivamente, tocar obras en las cuales, salvo la directora, asumieron roles solísticos y que fueron llevados adelante con pericia y musicalidad.
Sin embargo, fue el contratenor Martín Oro el encargado de salir de las bellezas un tanto intimistas de la música instrumental y otorgarle al concierto los momentos de mayor brillo. Con una afinación impecable, un volumen inusual dentro de los falsetistas masculinos y una amplitud expresiva llamativa, Oro, porteño y ex violista, no tuvo inconvenientes de ninguna índole con un repertorio difícil, de mucha exposición y que exigió una infalibilidad absoluta ya que ninguno de los instrumentos obligados o del continuo hubieran podido disimular ningún equívoco.
Para los amantes de la música antigua, esta fue una posibilidad inmejorable para disfrutar de motetes, cantatas, arias de capo, villancicos, sonatas y piezas de variaciones y también para observar las diferencias entre el barroco europeo y el americano. Con todo, habría que remarcar que el sector compositivo del Viejo Mundo adoleció de algunas debilidades. La presencia de tres obras vocales de Johann Melchior Gletle en nada benefició a la supuesta selección musical europea. El origen suizo de este compositor, similar al de Musica Fiorita, parece ser el principal motivo para su presencia. Si bien siempre es reconfortante escuchar músicas desconocidas de compositores mayormente olvidados, los tres motetes ofrecidos, más allá de la buena interpretación de Oro y sus colegas, parecieron excesivos.
También habría señalar que hubo un polizonte en este barco barroco. Pero no hubo que lamentarlo ya que los dos ricercares -en realidad, dos piezas de variaciones- de Diego Ortiz, el gran renacentista español, fueron bellísimas y muy bien interpretadas por la violagambista del grupo. Por último, no puede dejar de mencionarse, una vez más, que la presencia de Domenico Zipoli en este concierto fue más que bienvenida. No sólo porque este músico nacido en Prato, en 1688, y fallecido en Córdoba, en 1726, fue el músico más trascendente del período colonial latinoamericano sino porque su música, decididamente, es estupenda. Sus dos motetes, el primero más cercano a la escuela napolitana, el segundo mucho más veneciano, fueron, concretamente, el punto más alto de este muy buen recital. Y, además, permitieron admirar a un grupo en un gran nivel, con un cantante llamado a dejar huellas. A puro melisma y a puro virtuosismo, fuera de programa, el ensamble se despidió con el "Amén" del "Nisi Dominus" de Vivaldi.
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