Brillante actuación de The Israel Piano Trio
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Concierto de The Israel Piano Trio, conformado por Menahem Breuer (violín), Hellel Zori (violonchelo) y Tomer Lev (piano). Programa: Kol Nidrei (versión para trío con piano), de Max Bruch; Trío Nº 1, en Re menor, op. 49, de Felix Mendelssohn, y Trío en Si bemol, op. 97, Archiduque , de Ludwig van Beethoven. Organizado por Amigos de la Universidad de Tel Aviv en la Argentina, con auspicio de AIG Private Bank y Jean-Pierre Joyeros. Templo de la Comunidad Amijai.
Nuestra opinión: excelente
Cuando surgió del piano la amable y apacible melodía del Andante del hermoso primer trío de Mendelssohn en la segunda parte del programa, se comprendió en todo su realismo los quilates que posee Tomer Lev como pianista y músico de verdad. Esa verdadera romanza o canción sin palabras fue expresada con una sencillez, gama de matices delicados y fidelidad al estilo del autor, sólo posible en la sabiduría de una autoridad en la materia. Y no podía ser de otro modo con quien, además de pianista, es autoridad de la Academia de Música de la Universidad de Tel Aviv. Y cuando las dos cuerdas en el reenunciado del tema se escucharon con tan bello sonido, se tuvo la certeza de que se estaba gozando de una jornada de altísima calidad.
Impresionó el violonchelista Hillel Zori por la pastosidad y amplitud de su sonido, se apreció en toda su realidad la suma de experiencia del violinista Menahem Breuer y quedó certificado que el grupo posee los suficientes fundamentos como para justificar que son profesores de una escuela, la de Música Buchman-Metha que está dedicada a cultivar a las nuevas generaciones de músicos de elite de Israel. De ahí que la versión del trío de Mendelssohn fuera impecable, que su primer movimiento agitado fuera ejemplo de un romanticismo algo tempestuoso, el scherzo ligero y vivaz como las rondas de hadas. ¡Qué milagroso encuentro espiritual con el Berlioz de Romeo y Julieta !
Y en el allegro final, el acierto indudable por dar con la atmósfera y la dinámica de la ronda campesina que parece estar lejana, cierta atmósfera al modo de las pinturas sonoras de Grieg y el apabullante final, en que la fusión y amalgama de los tres músicos alcanzó un virtuosismo de ejecución brillante. Y, como no podía ser de otro modo, el aplauso final (los aplausos entre cada uno de los movimientos fueron lamentables) provocó la reiteración del scherzo con su reminiscencia a Sueño de una noche de verano , y fue, ni más ni menos, la mejor despedida.
Bruch y Mendelsohnn
La primera parte del programa había comenzado con una versión para trío con piano de Tomer Lev, que tomó la obra de Max Bruch, el cautivante Kol Nidrei originalmente para violonchelo, orquesta y piano y que desarrolló con habilidad respetando la inspirada contención de la oración, tan intensa como emotiva.
Luego se escuchó el trío que Beethoven le dedicó al archiduque Rodolfo de Austria, acaso el más difundido y el más valioso por su fantástica inventiva para la época. Objeto de una interpretación acertada en estilo y que, con naturalidad, señaló en el fraseo y las dinámicas todas las instancias emocionales del creador, evidentemente reflejadas en su música, los sufrimientos, las plegarias, la soledad y la mirada en las danzas que, como en este caso, incluye el ritmo de tarantela y trinos centelleantes del piano.
La excelencia de la versión de las dos obras contribuyó a que con la suma del trío de Mendelssohn, ya comentado, se viviera una noche difícil de olvidar.




