Carnota, con acentos nuevos para el folklore
Recital de Raúl Carnota (voz y guitarra), Eduardo Spinassi (teclados) y Juan Perone (percusión). Presentación del disco "Sólo los martes", en la Sala A-B del Centro Cultural San Martín.
Nuestra opinión: muy bueno.
Para quienes llegan sobre la hora (como este cronista) es casi imposible conseguir ubicación. Las butacas están ocupadas y apenas queda un poco de espacio en los pasillos. Muchos eligen sentarse en la alfombra; otros, que no se conforman con escuchar sin ver, se amontonan de pie sobre el corredor izquierdo. Hay que elegir cualquiera de las dos opciones, pero rápido, y moverse con cuidado para no molestar al resto del público.
Sobre el escenario, Raúl Carnota arranca con decir pampeano y los primeros versos de "Memoria adentro". Apenas se escucha un aplauso leve pero hondo hacia el final, en la décima que dice: "Con eso del porvenir/ muchos se vuelven mezquinos/ y algunos, hasta asesinos/ por conseguir a la fuerza/ que un pueblo entero no ejerza/ su voluntad y destino". El resto es un silencio de admiración, de reverencia; un silencio que suele aparecer en las actuaciones de Carnota, cuando el músico tiene frente a sí a gente de una generación que disfruta con su música, que sigue su carrera desde que compuso temas como "Pecado de juventud" o "Grito santiagueño". Es también un silencio de concierto, un concierto donde no hay temas nuevos ni verdaderos estrenos.
En realidad, se trata de la presentación de "Sólo los martes", el disco que el compositor e intérprete publicó hace varios meses y grabó cuatro años atrás durante un ciclo de recitales en el local Oliverio; con Eduardo Spinassi en piano, y Rodolfo Sánchez en percusión (para este show reemplazado por Juancho Perone). Pero esto parece motivo suficiente para que la platea evite todo movimiento que genere algún ruido. En el segundo tema, por cada uno que se atreve con alguna palma de chacarera habrá otro que lo disuada de semejante propósito.
Un socio de lujo
Pronto llega el resto de los músicos. El escenario es grande y los muchachos se ubican lejos de Carnota, aunque muy cerca de su música. A su derecha está Spinassi, con quien mantiene una sociedad artística de más de dos décadas y para la que sobran las miradas al momento de tocar.
Spinassi toca con elegancia porque privilegia las buenas ideas a la agilidad de las manos. Elige el camino difícil pero, en definitiva, el que mejor resulta. Muestra un toque sabroso, criollo, y las posibilidades para escaparse hacia otros lenguajes musicales. Si el contexto se lo demanda, por ahí saca un frase con cuatro notas que pueden sonar tan folklóricas como jazzeras. También sabe cómo pintar desde sus teclas el movimiento de polleras de esas cholitas que bailan el carnaval, en la "Zamba de Lozano".
Perone está escondido detrás de una percusión latina que mete miedo. En el centro de su kit percusivo se planta un bombo que suena demasiado comprimido para las zambas, aunque le permitirá adoptar otros recursos. Durante todo el recital, Juancho muestra sus golpes inquietos, a pesar de que algunas veces podría prescindir de ciertos accesorios. Es capaz de darle un toque de swing a los platillos, para matizar un par de compases de "La bolivianita", o de proponer una sensación de polirritmia sin necesidad de salir de tiempos binarios.
Mientras tanto Carnota teje coplas, silabea las zambas y apura con gatos y chacareras. Canta con su estilo tan particular. Sin embargo, esos fraseos que parecen dolientes o los gritos que corren entre una octava y otra, y que a veces pueden ser innecesarios, ahora surgen con cierta mesura, más aplacados, pero no menos expresivos. Algo que, sin duda, juega en su favor.
En solitario, deleita con "Debajo de la morera", y en trío con "Creciente de nueve lunas" y "Como flor del campo". Pierde solidez en la introducción de "La casi trunca" (un detalle que le sentaría mejor al grupo Arrested Development; aquí no logra ensamblarse con naturalidad a los acentos de la chacarera). Y luego pone marcha a todo motor hacia el final con la excelente "Chacarera de un triste", "Grito santiagueño" y "Gatito e´ las penas". Lo que comenzó con el silencio de un concierto termina con el calor de una fiesta de música popular. Bastante para una sola noche.





