Beyoncé y Jay-Z desafían la tradición del arte occidental en el video de "Apeshit"

Las dos estrellas reclaman una de las piezas centrales de la cultura europea blanca en el clip de ‘Everything Is Love’
Beyoncé y ocho bailarinas bailan delante de "La consagración del Emperador Napoleón y la coronación de la Emperatriz Josefina" de David, una escena cortesana de una extravagancia blanca implacable
Beyoncé y ocho bailarinas bailan delante de "La consagración del Emperador Napoleón y la coronación de la Emperatriz Josefina" de David, una escena cortesana de una extravagancia blanca implacable
Las dos estrellas reclaman una de las piezas centrales de la cultura europea blanca en el clip de ‘Everything Is Love’
Elias Leight
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18 de junio de 2018  • 15:56

En el video de “Apeshit”, de Beyoncé y Jay-Z, la primera obra visual del disco de la pareja en conjunto Everything Is Love, las dos estrellas se divierten en el Louvre, en París, tomando el escenario central de un palacio de la alta cultura en el que -como la mayoría de los museos de arte occidentales- históricamente los artistas blancos dominaron el lugar.

Parte de su misión consiste en subrayar estratégicamente las imágenes que contienen diversidad racial que ya están en el Louvre. Beyoncé y Jay-Z rapean frente a una esfinge egipcia, y en las galerías que están repletas de pinturas francesas en su mayoría neoclásicas -artistas blancos, personajes blancos-, la cámara se enfoca en rostros negros. (El video fue dirigido por Ricky Saiz, también a cargo del video “Yonce”, del epónimo disco de Beyoncé de 2013). Los espectadores reciben vistazos de un par de figuras negras en “Las bodas de Caná”, el cuadro de Paolo Veronese, en el que Jesús transforma el agua en vino, al igual que una mirada rápida a “Retrato de una negra”, de Marie-Guillemine Benoist, un retrato de una mujer negra devolviendo una mirada ingenua al espectador.

Pero los momentos onda ¿Dónde está Wally? que resaltan figuras negras son fugaces: las posibilidades para esto en el Louvre, o en cualquier museo importante de arte occidental, son limitadas desde el principio. Así que Beyoncé y Jay-Z se proponen introducir negritud en un espacio que nunca puso demasiado valor en ella, reclamando una de las piezas centrales de la cultura europea con una resistencia alegre. Se filman frecuentemente moviéndose en contraposición a la quietud gélida de pinturas de Jacques-Louis David, un artista neoclásico francés cuya obra -como “El juramento de los Horacios” y “Madame Récamier”- invocan la tradición greco-romana.

Gran parte de la potencia del video de “Apeshit” sale de los contrastes entre el arte “blanco” de las paredes y las mujeres negras de las salas de la galería. Frente a “La consagración del Emperador Napoleón y la coronación de la Emperatriz Josefina”, de David, una escena cortesana de una extravagancia blanca implacable, Beyoncé y ocho bailarinas negras se dan la mano y empiezan a bailar. No se necesitan más que un par de movimientos sincronizados para eclipsar la enorme pintura de David, reemplazando un símbolo de autoridad blanca con una celebración de cuerpos negros en movimiento. La talla del Louvre depende de que la gente crea que “La coronación de la Emperatriz Josefina” es el arte, pero el ojo cuenta una historia diferente -colgada detrás de Beyoncé y sus bailarinas, la pintura es reducida a un empapelado.

A lo largo del video de “Apeshit”, Beyoncé y Jay-Z eclipsan algunas de las imágenes más famosas del arte clásico occidental en uno de sus espacios sagrados más centrales. Beyoncé hace una serie de micro-poses con las manos antes de que Saiz corte rápidamente a una imagen de un personaje consternado, con las manos en alza para protegerse la cabeza, tomada de otra pintura de David, “El rapto de las sabinas”. La posición de las manos conecta los dos planos, pero Beyoncé es viril, agresiva y dominante, mientras que la figura de David parece meramente miedosa.

Luego Beyoncé y Jay-Z se paran frente a la Venus de Milo, una de las estatuas más famosas del Louvre, el tipo de creación en mármol que es sinónimo del arte alto europeo. La estatua es inerte y, célebremente, carece de brazos; Beyoncé es fluida, feroz, y está en perpetuo movimiento.

No sólo Beyoncé eclipsa el arte. Un par de escenas antes de la victoria de la cantante por sobre la Venus de Milo, una línea de sus bailarinas se menean mientras otra estatua de mármol, “La victoria alada de Samotracia”, se cierne inerte detrás de ellas. La tapa de Everything Is Love, que también proviene del video de “Apeshit”, supera casualmente a la “Mona Lisa”: una bailarina se inclina con cuidado sobre el cabello de un hombre negro, mientras la belleza de Leonardo da Vinci languidece en la distancia.

El rol de Jay-Z en el video es más limitado -el rapero está de pie con sacos color pastel, permitiendo caballerosamente que su mujer haga todo el trabajo, rompiendo plano tras plano-. Él se apoya sobre la letra para transmitir las ideas que Beyoncé y sus bailarinas transmiten visualmente. La base, co-producida por Pharrell Williams, parte la diferencia entre la locura de “Black Beatles”, de Rae Sremmurd, y el ímpetu demoledor de “Move That Dope”, de Future; Jay-Z rapea rápida y prolijamente, muchas veces frente a “La balsa de la medusa”, el cuadro de Théodore Géricault, lanzando críticas a bastiones tradicionales de la blanquitud fuera del mundo del museo, incluyendo la NFL y los Grammy. Cuando rapea: “Le dije que no al Super Bowl/Ustedes me necesitan, yo no los necesito”, la cámara pasa a una fila de jóvenes negros arrodillándose, aludiendo a la decisión de Colin Kaepernick y otros jugadores de arrodillarse durante el himno nacional para protestar contra la brutalidad policial.

Cuando el video de “Apeshit” se acerca a su final, Beyoncé una vez más subyuga al arte, paseándose feliz con un vestido blanco y acolchado frente a “La victoria alada de Samotracia”. El último plano del video es un largo paneo hacia Beyoncé y Jay-Z, de pie, muy despreocupados, frente a la “Mona Lisa”, con trajes de plush violeta y azul verdoso respectivamente. La cámara se decide por el célebre cuadro; para ese momento, ya todos los espectadores saben que es lo menos interesante que hay en el plano.

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