Cómo Ojos Locos, la banda que teloneó a Callejeros, superó la tragedia de Cromañón

Martín Martines y Luis Lamas, cantante y baterista de Ojos Locos, recuerdan lo que pasó el 30 de diciembre de 2004 en Cromañón, y cuestionan a los medios y a la justicia que nunca los citó a declarar
Martín Martines y Luis Lamas, cantante y baterista de Ojos Locos, recuerdan lo que pasó el 30 de diciembre de 2004 en Cromañón, y cuestionan a los medios y a la justicia que nunca los citó a declarar Crédito: Gentileza Ojos Locos
Bruno Larocca
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27 de diciembre de 2019  • 18:03

La propuesta llegó a través de Juancho Carbone, saxofonista de Callejeros que por aquellos días se había convertido en un invitado estable de los shows de Ojos Locos: la banda de Villa Celina había planificado terminar un año consagratorio con tres recitales en Cromañón, el 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, y cada fecha tendría diferentes bandas amigas como teloneras. A Ojos Locos le tocaba abrir la última noche, la del jueves 30, en la que la atracción principal serían las canciones del entonces último disco de Callejeros, Rocanroles sin destino, y los músicos no dudaron en aceptar la invitación.

Para Ojos Locos era el cierre perfecto de un año que los había sorprendido en un ascenso vertiginoso. Los últimos tres meses, la convocatoria del grupo formado en 2003 alrededor de la Plaza Teran del barrio de Villa Real se había multiplicado: en noviembre llenaron Asbury Rock, un boliche de Flores en el que el año anterior se había presentado Callejeros, y los encargados del lugar tuvieron que abrir las puertas para que, de alguna manera, las 900 personas que habían desbordado la capacidad pudieran disfrutar del show desde la vereda de la avenida Rivadavia.

El viento soplaba a favor de bandas nuevas como Jóvenes Pordioseros, El Bordo, Los Gardelitos y La 25, que tenía a Callejeros como principal referente. En ese contexto, Ojos Locos era la última que se había sumado a la camada, con apenas un demo de diez canciones editado.

"Para nosotros, la invitación de Callejeros era gloriosa", dice Luis Lamas, baterista de Ojos Locos, una tarde de noviembre en el comedor de su casa, a pocos días de cumplirse 15 años de la tragedia de Cromañón. "Conocíamos a todos los chicos de la banda porque nos habían venido a ver a un show en el [Club Villa] Malcolm y nosotros íbamos a volantear a la puerta de los recitales de ellos".

Los días previos, el martes 28 y el miércoles 29 de diciembre, los integrantes de Ojos Locos fueron a volantear a la puerta de Cromañón y se quedaron a ver los shows. "Había un clima de felicidad, festivo, como en cualquier otro recital", dice Martín Martines, el cantante, sentado frente al baterista. "En el lugar había la misma cantidad de personas que cuando tocamos nosotros el jueves. Recuerdo que muchos de los que les dábamos un volante nos decían que estaban contentos porque íbamos a tocar el último día".

La idea de la banda era aprovechar al máximo los 30 minutos disponibles en el escenario de Cromañón para conquistar a un público que nunca antes los había visto en vivo. Y así seguir creciendo en convocatoria para tocar en 2005 por primera vez en Cemento, como paso previo a la meta soñada de presentar en Obras el primer disco del grupo que grabarían a mitad de ese año. "Callejeros era una banda mucho más convocante que nosotros", describe Luis, "y en Cromañón teníamos que estar a la altura de un grupo que tenía intensidad, generaba euforia y los recitales eran pasionales, mientras que nosotros estábamos por el quinto o sexto show".

Un rato antes de las diez de la noche del 30 de diciembre, Ojos Locos finalizó su set de canciones con la sensación de que había superado la prueba. El recital había tenido varios momentos festivos en los que entre el público se encendieron varias bengalas. Después de retirar las pertenencias del camarín, los músicos se dispersaron por Cromañón para disfrutar del show de Callejeros junto a los familiares que ese día habían ido hasta Once especialmente a verlos. Martín fue a buscar a sus padres y a su hermano, que estaban en el sector de invitados, en el piso de arriba, y mientras subía la escalera se cruzó con la mujer y el hijo de Juancho Carbone. Luis, en cambio, se mezcló entre el público del campo, y se ubicó delante de la cabina de sonido a la espera del comienzo del recital.

Mientras se ajustaban los últimos detalles para que Callejeros saliera al escenario, el pogo se robaba la atención de todos. Algunos armaban una ronda y dejaban en el centro del campo un espacio libre que, por momentos, alguien invadía agitando una bengala. Desde los parlantes y con su particular verborragia, Omar Chabán pedía calma, pero nadie parecía prestarle mucha atención. A las 22.50, Callejeros apareció en escena y después de que Patricio Fontanet preguntara dos veces "¿se van a portar bien?", el grupo dio comienzo al show con los primeros acordes de "Distinto". Hasta que, unos segundos después, alguien encendió una candela y comenzaron a caer del techo unas bolas pequeñas de fuego que derretían la mediasombra. Primero se cortó el sonido y después la luz. Habían pasado apenas dos minutos del inicio del recital cuando el aire en Cromañón se puso espeso, el griterío se apoderó del ambiente y comenzó la historia que se ha contado ciento de veces durante los últimos 15 años, todos los 30 de diciembre. Miles de personas a oscuras, apretadas, gritando en medio del humo y el calor, desesperadas, intentando abrir a patadas las puertas que estaban trabadas con candados, buscando a sus amigos o familiares para escapar de un recital de rock que se había convertido en una trampa mortal.

***

El del 30 de diciembre no era el primer incendio que se producía en el techo de Cromañón por el uso de pirotecnia. Cinco días antes, durante un show de La 25, una bola de fuego que partió también de una candela se incrustó en la mediasombra y prendió fuego parte de los paneles del techo. El show continuó quince minutos más tarde, después de que el personal del lugar pudiera apagar el incendio con mangueras y matafuegos, y las personas que habían salido del boliche volvieran a ingresar.

Mientras busca un volante del show en Cromañón que aún conserva en su casa, Luis recuerda: "Pero cuando se cortó la luz se desató un caos generalizado y todos empezaron a llevarse por delante al de al lado. Se tropezaban por la escalera, algunos corrían a buscar agua al baño, se sentían ruidos de botellas rotas, griterío, empujones. Mucha gente corrió contra una puerta que estaba a la derecha del escenario, pero la habían cerrado para que nadie se colara, hasta que la abrieron los bomberos. Gran porcentaje de los que murieron fue por inhalar el material tóxico del techo, otros por asfixia. Imaginate a todas las personas de un recital de rock queriendo salir en un minuto por la misma puerta por la que estuvieron entrando durante tres horas".

Algunos salían desesperados y se chocaban con los que volvían a entrar a rescatar a sus amigos. "Muchos de esos chicos que salían, tomaban agua, se mojaban la cabeza y volvían a entrar son los grandes héroes de esa noche", dice Luis, que después de un momento de angustia logró salir de Cromañón impulsado por una avalancha, a través de una puerta que aún hoy no puede recordar si era la de entrada o la persiana que rompieron para poder evacuar a las personas. Una vez en la calle se reencontró con el padre, los amigos del barrio, los músicos de Ojos Locos y se dio cuenta de que faltaba Martín.

Buscando una salida en la oscuridad, en el primer piso, el cantante de Ojos Locos llegó hasta una puerta guiado por el rayo de luz que penetraba por la cerradura. Pero al empujarla, se encontró con que estaba trabada. A esa altura, el calor era sofocante y Martín intentó inhalar un poco de aire fresco agachado, apoyando la nariz contra la cerradura de la puerta de chapa que, debido a la alta temperatura del lugar, le quemaba la piel. Un rato después intentó pararse, pero se dio cuenta de que las piernas no le respondían y se dejó caer en el lugar. "Desde ese momento tengo recuerdos aislados", dice Martín. "Alguien en no sé qué lugar me agarró de la muñeca para saber si tenía pulso, me llevó a un hospital y escuché que un tipo decía: 'Este vive, este no. Hay cuarenta muertos... cuarenta y cinco'. Y yo pensaba: '¿Cómo muertos?' Después me enteré de que me habían sacado de Cromañón por un agujero en la pared que había hecho un grupo de pibes".

Al día siguiente, Martín recibió el alta en el Hospital Ramos Mejía y regresó a su casa. En el cuerpo tenía las secuelas de lo que había sido una noche trágica: presentaba varias mordeduras y le faltaban algunos mechones de pelo. Luis y un grupo de amigos del barrio fueron a visitarlo, y al llegar se dieron cuenta de que seguía en un estado de trance, como inconsciente. Alguien de su familia decidió llamar a la ambulancia y al llegar los médicos se encontraron con que el nivel de saturación de oxígeno en sangre era más bajo de lo normal. "Este pibe no puede pasar 24 horas más así, porque se muere", dijo uno de los médicos. Martín presentaba un cuadro de hipoxemia severa y tuvieron que trasladarlo de emergencia al Sanatorio Municipal Julio Méndez. "Me dejaron internado varias semanas", dice Martín. "Podría haberme muerto en mi casa, tenía los pulmones todos pegados. Cada vez que tosía escupía algo negro".

Ojos Locos se presentará el lunes 30 de diciembre en el Obelisco, en el acto organizado por la agrupación No Nos Cuenten Cromañón
Ojos Locos se presentará el lunes 30 de diciembre en el Obelisco, en el acto organizado por la agrupación No Nos Cuenten Cromañón Crédito: Gentileza Ojos Locos

Mientras Martín intentaba recuperarse en el hospital, Luis y el resto de los músicos de Ojos Locos recorrían sanatorios, hospitales y velatorios. Diego "Bigote" Fernández, el padre de Pájaro, el guitarrista del grupo, falleció esa noche en Cromañón al igual que varios amigos muy cercanos y vecinos de Villa Real. "Habían muerto seis amigos, pero no podíamos contarles nada a los que estaban recuperándose para resguardarlos psicológicamente", recuerda Luis. "En un minuto y medio, porque creo que fue eso lo que duró la primera canción de Callejeros, se desencadenó todo un suceso dramático que fue terrible. Muchos chicos y familiares se han suicidado después de Cromañón. Yo corrí otra suerte y gracias a las sesiones de terapia y la ayuda de mi entorno pude rehacer mi vida lo mejor posible y volver a la música, que es mi vocación".

Después de recibir el alta, Martín se reencontró con los integrantes de Ojos Locos y acompañado de Luis comenzó a participar en las marchas por Cromañón que se realizaban los 30 de cada mes. "Primero nos reunimos como personas, porque éramos un grupo de amigos que hacíamos una vida juntos más allá de tener una banda", dice Martín. "Queríamos ver como llevábamos esto juntos".

Hicieron sesiones de terapia grupal con Fabio Lacolla, reconocido psicólogo que había trabajado con Alfredo Moffatt en la tragedia del shopping de Paraguay Ycuá Bolaños en el que, unos meses antes, habían muerto 327 personas. En esas charlas surgió la idea de volver a tocar como una forma de hacer catarsis del último recuerdo con un instrumento que les había quedado del show en Cromañón. "Yo había recuperado un poco la voz y el médico me dijo que podía volver a cantar", dice Martin. "Entonces nos dijimos que la prueba que teníamos por delante era volver a juntarnos en la sala y ver qué pasaba".

Con los instrumentos incautados en Cromañón, a mediados de 2005 se reencontraron para volver a los ensayos y tuvieron que armar la sala con equipos prestados. "Apenas llegamos, nos miramos y sin planearlo hicimos la misma lista de canciones y en el mismo orden que las habíamos tocado en diciembre en Cromañón", recuerda Martín. "Así como algunas personas nos amenazaban o decían barbaridades ante la posibilidad de que volviéramos a tocar, otras nos decían que continuar con la música era el mejor homenaje que podíamos hacerle a los seres queridos que ya no estaban".

Unos meses después Ojos Locos se presentó en la plaza del barrio Villa Real, en un show homenaje a las víctimas de Cromañón, pero la relación de un grupo determinado de padres con los músicos que habían tocado la noche de la tragedia en Once, ya no era la misma.

"A mí me hizo click cuando Eduardo [Vásquez, baterista de Callejeros] fue a una de las marchas en Once y ciertos familiares repudiaron su presencia", dice Luis. "Ahí creo que empezó a instalarse la idea de quien era culpable y quién no. Te cruzabas a alguno que te decía: 'Mi hija fue a verte y está muerta'. Cuando empezamos a hacer nuestro análisis en base a lo social, nos dimos cuenta de que había una falta del Estado, que había empresas de inescrupulosos que habilitaban lugares a cambio de coimas, que había policías involucrados en esas habilitaciones, que el lugar estuvo abierto durante dos o tres años y habían sucedido un montón de eventos previos al de Callejeros. No creo que ese lugar haya estado abierto porque lo dispuso Callejeros o le pagó a alguien. La cúpula de la comisaría de la zona fue removida por cohecho. Entonces ahí empezamos a tener conocimiento de lo que realmente había sucedido".

¿Cuál es la mirada que tienen hoy de lo que pasó en Cromañón y la condena judicial que tuvo Callejeros?

LUIS LAMAS Creo que la gran mentira de la sociedad fue haber mirado para otro lado durante mucho tiempo y hacerse los que se desayunaban con determinadas conductas de los jóvenes en ese momento. Los responsables de algunos medios de comunicación hablaban como si hubieran bajado cuatro marcianos de un plato volador para prender una bengala.

MARTÍN MARTINES La gran mentira fue el análisis general que se hizo de la situación.

¿En qué aspectos puntualmente?

LAMAS En decir que Callejeros incentivaba el uso de bengalas.

MARTINES Es un análisis casi como un montaje fogoneado por los medios de comunicación y abogados.

¿No creen que, a partir del año 2000, aproximadamente, el público comenzó a cobrar otro protagonismo en los recitales de las bandas que llevaban la etiqueta de rock barrial?

LAMAS Bersuit Vergarabat no es una banda que pertenezca a lo que se suele denominar "rock barrial" y en el show en Obras de ellos se prendieron millones de bengalas. Mirá un video de Much Music de aquella época... Hay tapas de discos con un pibe encendiendo una bengala [se refiere al disco Viveza Criolla, de Divididos, del año 2000].

MARTINES Cuando hablan de la futbolización del rock, lo que pasó fue que en los 90, con las políticas que se llevaron a cabo en el país y la marginalización de los jóvenes, lo que se futbolizó fue la sociedad. El fútbol se convirtió en un lugar de pertenencia que encontraron los jóvenes y eso se relaciona con las expresiones musicales que había en el país. Después pasó con la cumbia villera y hoy está pasando con el trap, que tiene letras con mensajes muchísimo más... El llamado "rock barrial" lo que hizo siempre fue pintar su aldea desde la denuncia con la mirada que teníamos los que estábamos ahí. Habría que pensar por qué cultural y socialmente el público buscaba ese protagonismo en un show de rock.

¿Les molesta que se utilice el término "rock barrial"?

LAMAS Creo que es una etiqueta parcial, clasista y despectiva que en un momento le vino bien a la industria para denostar a un determinado tipo de bandas, su identidad y proveniencia. Ninguna banda dice: "Vamos a hacer rock barrial". Sin embargo, toda la ética barrial a mí me da muchísimo orgullo porque de ahí provienen los valores más importantes que tenemos.

MARTINES No sé si notaste que los familiares hicieron un mural con las caras de todos los chicos que fallecieron en Cromañón y el 99% está sonriendo. Para una parte de esa generación de jóvenes, la música era un lugar de encuentro y pertenencia. Quizá un poco lo que no se perdona es que esos pibes hayan encontrado un lugar de pertenencia en una propuesta artística. Los chicos que fueron a Cromañón sentían que un recital de rock era su lugar en el mundo, o que había canciones que hablaban de lo que ellos pensaban.

¿Quién o quiénes fueron para ustedes los culpables de la tragedia de Cromañón?

LAMAS En las tragedias, siempre se busca al culpable para que el castigo alivie al entorno de la víctima. Pero a veces lo que hay es una cadena de irresponsabilidades. En este caso, el Estado, el poder político, el gerenciador y la policía eran parte de un engranaje que funcionaba mal, producto de la negligencia y corrupción. La prueba está en que después de Cromañón cerró toda la noche de Buenos Aires.

MARTINES Menos La Trastienda, y habría que ver quién es el dueño, porque quedó abierto. Con Cromañón lograron una especie de privatización de la noche, que la empezaron a manejar cuatro o cinco productoras. Se coartaron todas las expresiones que salían de centros culturales o escuelas. Hasta el día de hoy sigue funcionando más o menos así: si no llevas determinada cantidad de público y vendés muchos tickets, no podés tocar.

¿Hoy, en retrospectiva, qué piensan de la pirotecnia en los recitales?

MARTINES Todos como músicos hasta ese momento teníamos una ingenuidad. Pensábamos, "qué bueno, nos prendieron una bengala en el show". Era como decir...

LAMAS Todo lo que tenía que ver con las banderas, remeras, tatuajes y, hasta ese momento, pirotecnia, era leído y recibido como una expresión de cariño. Es como si hoy se probara la peligrosidad de la tinta que se usa en los tatuajes y se nos responsabilice a nosotros por no haberlo previsto. Una previsión que ni el Estado estaba en condiciones de tener.

***

Durante estos 15 años que pasaron desde la tragedia de Cromañón, los músicos de Ojos Locos recibieron una gran cantidad de pedidos de entrevistas, pero solo han decidido hablar sobre la noche del 30 de diciembre en muy pocas ocasiones. "Hemos tenido un perfil bajo en cuanto a los medios porque creemos que no se puede debatir un tema tan complejo en 15 minutos de entrevista radial o en media página de un diario. Desde un primer momento decidimos no sacar ningún rédito como banda porque queremos que la gente nos conozca por nuestra música", dijo Martín en una entrevista con RS de agosto.

"La idea de volver a hacer música tuvo que ver también con lograr que la verdad de lo que sucedió esa noche derrote a la mentira, que se estaba instalando en los medios de comunicación", dice Luis, que también toca la batería en Don Osvaldo, el grupo de Pato Fontanet. "La prensa difundió información acerca de que Callejeros incentivaba el uso de bengalas o promocionaba los shows como 'la fiesta de la bengala', y eso después en el juicio se cayó. Yo tengo el volante de esos shows y en ningún lugar dice eso. Sucedió que en ese momento la sociedad se enteró que se encendía pirotecnia en los recitales, pero era algo que ocurría desde la década del 80. También se intentó instalar que en el lugar había una guardería, algo que después fue desestimado por la justicia, y a mí no me dejaba dormir. Con esas cosas algunos intentaron salvar al poder de turno que dejó que Cromañón funcionara".

Callejeros fue procesado por el delito de cohecho.

LAMAS Sí, es la carátula judicial, pero yo no veo a ningún músico de Callejeros yendo a pagar una coima a la comisaría para que Cromañón estuviera abierto. Creo que los medios bajaron esa línea para que no se hablara del que verdaderamente llevó la coima a la comisaría para que ese lugar funcionara sin las habilitaciones correspondientes.

MARTINES No se puede analizar Cromañón como un hecho aislado de la escena social y cultural, desconfigurar todo y presentarlo desde otro ángulo. Es como que hoy me presentes a mí como algo nuevo, pero yo tengo un bagaje de cuarenta y tantos años, nací en tal lado, estos son mis padres, crecí de esta manera por eso hago lo que hago. No se me ocurrió ayer ponerme a cantar.

¿Ustedes eran amigos de Callejeros?

LAMAS Conocíamos a Juancho por haber sido músico de Viejas Locas. Con el tiempo nos fuimos vinculando, compartimos escenario y ensayos. Eso derivó en la invitación de esa noche.

MARTINES Mucha gente nos decía que manteníamos la postura de defender a Callejeros porque éramos amigos o para defendernos a nosotros mismos. Pero yo les explicaba que, si supiera realmente que alguno de mis compañeros o de Callejeros había tenido una actitud homicida, le hubiera dicho: "Andá a entregarte que te llevo comida a la cárcel. Está todo bien, pero hacete cargo". Después de Cromañón ellos se acercaron a solidarizarse por la muerte del padre del Pájaro y todo lo que habíamos pasado.

¿Por qué nunca declararon en la causa?

LAMAS Nunca nos llamaron. Rarísimo. Bajamos del escenario cuarenta minutos antes de que se produjera la peor tragedia no natural del país y así y todo, no fuimos citados. Incluso fue dificultoso recuperar nuestros instrumentos porque al ser invitados y no tener entradas, para la Justicia no podíamos probar que habíamos estado ahí tocando.

MARTINES Fuimos y nos presentamos en el juzgado con un abogado para poder sacar las cosas: "Señores acá estamos, nosotros tocamos antes". Y nos hicieron presentar pruebas, fotos en vivo y de los ensayos. No es que nunca se enteraron de que hubo otra banda que tocó un rato antes de Callejeros.

¿Qué sintieron cuando volvieron a entrar a Cromañón a buscar las pertenencias de la banda?

MARTINES Fue un shock grande, pero en algún punto fue terapéutico y sanador. Volver al lugar en el que estuviste... Es como cuando los soldados de Malvinas quieren volver a las islas a dejar una ofrenda. Por eso se armó el santuario. Lo que han hecho ahora con la limpieza del lugar fue arrasar directamente con la memoria y la historia.

LAMAS Lo que para algunos era basura, zapatillas sucias deterioradas por la humedad, para otros eran las pertenecías de sus hijos. Yo pude recuperar la bandera de Ojos Locos que habían hecho los chicos de mi barrio y para ellos fue emocionante porque de los cinco que la pintaron, dos fallecieron ahí adentro.

MARTINES Cromañón fue el lugar en el que pasó todo lo que ya sabemos y, al mismo tiempo, para muchas personas es el lugar en el que sus familiares fueron felices por última vez. Entonces que limpiaran y pintaran el lugar como si no hubiera pasado nada... Hubiera sido constructivo que los que reclaman por el tema de la capacidad y dicen que metieron a 3.000 personas en un lugar que estaba habilitado para 1.000, lo pudieran conocer. Que todos puedan ver dónde estaba el baño y la famosa puerta cerrada por la que no se podía salir. La tragedia de Cromañón no puede quedar en el olvido.

Ojos Locos se presentará el 30 de diciembre a las 18 horas en el Obelisco, en el acto organizado por la agrupación No Nos Cuenten Cromañón, en homenaje a las víctimas y sobrevivientes.

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