
Cómo sobrevive el jazz nacional
Contra la crisis económica, siguen surgiendo nuevas propuestas musicales que denotan una escena cargada de vitalidad
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El jazz en la Argentina es el único género que carece de estrellas. Así como acercarse a Spinetta o Charly García en el rock, Mercedes Sosa o Manolo Juárez en el folklore, Salgán o Mariano Mores en el tango abre generalmente puertas, en el jazz nadie tiene ese tipo de llave.
En alguna medida, aunque ciertamente en menor escala, sólo está Luis Salinas como nombre afamado y cotizado, aunque su mundo musical no es estrictamente jazzístico.
Con el tiempo quizás el pianista Adrián Iaies y el bajista Javier Malosetti logren la suficiente popularidad como para que su nombre tenga “gancho” en el público o un cachet que permita una vida más tranquila en cuanto a lo económico, que aún no sucede.
Los músicos que hacen jazz sobreviven gracias a dos valores: su vocación y su compromiso con el género. Aunque romántica, la visión parece acertada si tomamos en cuenta el modo de vida de los jazzmen en la Argentina. Trabajan en orquestas estables (en los musicales los encontramos todo el tiempo, porque además leen de corrido, lo cual los hace más atractivos a la hora de contratarlos), en grabaciones de otros géneros, dan clases y, por último, hacen shows en los que ganan poco más de 20 o 30 pesos por noche cuando hay público, y a veces sólo recuperan el gasto de transporte.
No hay músico, salvo Luis Salinas, que no dé clases; mientras algunos lo hacen como profesores particulares, otros trabajan como docentes en el Sindicato Argentino de Músicos o en conservatorios privados, como el Berklee de la Argentina.
Concretamente, las clases representan el ingreso fijo de los músicos de jazz: no tienen otra alternativa.
En segundo lugar, está el trabajo como acompañantes; en especial, las comedias musicales dan un permanente trabajo a estos músicos; en menor medida, también, algunos músicos de pop y de rock, como Nito Mestre o Sandra Mihanovich, tienen formaciones en las cuales participan varios músicos de jazz.
Si bien el cuadro de situación resulta difícil para la supervivencia del jazz, nada está más lejos que su extinción. Ciertamente, los principales músicos del género, sean los llamados jóvenes leones como la guardia vieja, aceptan las reglas de juego mientras buscan nuevas formas de financiamiento para su material discográfico. Gracias a los adelantos técnicos, los costos de editar material bajaron sensiblemente, aunque por cierto no son baratos. Así, en uno de los peores momentos de la economía argentina, están prontas a salir siete placas, de las cuales cinco son íntegramente independientes.
En la primera mitad del año, Latinaje, Blow Back y Bárbara Togander fueron quienes lograron editar sus placas. En poco más estarán en las bateas "Cambio de celda", del pianista Ernesto Jodos; el disco doble del Quinteto Urbano, el del guitarrista Fernando Tarrés, "Nacht Musik", del saxofonista Luis Nacht, y "Cambio de planes", del baterista Quintino Cinalli. Salinas, con "Rosario", para el sello Universal, y Iaies, con un disco de dúos grabado a fin del año último en Barcelona para el pequeño sello Ensayo y que sería distribuido aquí por Acqua Records se suman a la nómina.
"En el jazz hay una fuerte dosis de creatividad", afirma Ernesto Jodos, que es considerado como el mejor pianista de la escena actual. Mientras que el primer disco con su sexteto mostró un fresco espíritu musical, su próximo trabajo despertó una expectativa real en el fiel público de jazz.
"No sólo hoy la escena se ve renovada, sino que hay nuevos compositores, lo cual es muy interesante, pues fue lo que faltó en Buenos Aires", señaló el baterista Norberto Minichillo, integrante de El Terceto, uno de los combos más fuertes del género.
En verdad, toda esa renovación estuvo sustentada por los tres años de actividad que tuvo el cada vez más legendario Jazz Club del Paseo La Plaza, que hizo de caldero para el buen nivel actual. La directora artística de ese local, Berenice Conti, se comportó como una buscadora de talentos que, ciertamente, dio frutos, aunque no ganancias.
Jodos, el saxofonista Ricardo Cavalli, grupos como Los Mancebos, el quinteto de Hernán Merlo, por nombrar sólo a algunos, salieron de ese productivo horno.
Hoy, la escena local está abastecida por aquellos que hicieron sus primeras armas frente a un auditorio entendido y exigente. "Es verdad, no había mucho lugar para el verso", sostiene, en su departamento de Belgrano, Jodos, con un segundo disco excelente.
Precisamente, falta ahora que se mantenga ese proceso de búsqueda y formación de nuevos talentos. El ciclo de los martes de Tribulaciones, en el Club del Vino, funciona como plataforma de lanzamiento para nuevos talentos, aunque el ciclo no es estrictamente de jazz y sólo abre sus puertas una vez a la semana.
"Dentro de nuestras posibilidades apoyamos fuertemente el jazz y, en este sentido, tratamos de encontrar nuevas formaciones con propuestas poco tradicionales, más bien dirigidas hacia un público inquieto y necesariamente abierto", señala Mario De Cristófaro, que propone una mirada vanguardista sobre la música.
Los Siete Lagos
La Secretaría de Cultura mostró en el armado del I Festival de los Siete Lagos una clara conciencia de apoyo al jazz local, pues programó a músicos de reconocida trayectoria en el ámbito jazzístico como a los que están surgiendo, siempre respetando el nivel musical. Ahora bien: según algunos músicos, los cachets -bajos- se cobraron sólo hace días, es decir, ocho meses después del festival.
Otra de las iniciativas de Cultura que mostraron hasta dónde creció el jazz en Buenos Aires fueron las excelentes jornadas del teatro Cervantes, donde hubo un criterio de selección muy profesional. También el ciclo de Jazzología, en el San Martín, está entre los que cuentan con mayor permanencia entre los que tiene el jazz, aunque con una visión algo tradicional del género.
Ricardo Cavalli, talentoso saxofonista que surgió de las trasnoches de los sábados del Jazz Club, afirma que los inconvenientes fortalecen y que la vida del género no depende tanto de los avatares de la economía sino de la difusión de la música.
En este sentido, el principal inconveniente que señalan los músicos es la falta de difusión que tiene el jazz, seguido por un público que funciona con el boca en boca. Es decir: se avisan sobre los shows y los discos.
En tanto, los músicos no bajan los brazos. "Vamos a seguir mostrando nuestra música, que es lo principal, aunque debamos trabajar de profesores o de simples acompañantes de otros músicos", aclara Javier Malosetti, uno de los músicos que puede tener una mayor proyección, aunque su excelente primer disco tuvo que ser editado de manera independiente.
"Estamos muy satisfechos con el disco, eso es lo importante", concluye el bajista que, con su quinteto, se presenta hoy, en el teatro Galileo Galilei, en Madrid, en la semana de la música de Buenos Aires en la capital española.
Una idea en cooperativa
Acaba de lanzarse una de las iniciativas más atractivas de los últimos tiempos, creada por los propios músicos en un esfuerzo cooperativo: La Tromba, integrada por el pianista Ernesto Jodos, el guitarrista Guillermo Bazzola, el baterista Sergio Verdinelli, la percusionista Mariana Baraj, los saxofonistas Luis Nacht y Rodrigo Domínguez, el guitarrista Fernando Tarrés, Gabriela Comte y la fotógrafa Andrea Saslavzky.
La idea de este grupo de músicos de jazz es que la cooperativa se amplíe con la incorporación de artistas de otras disciplinas, como bailarines, coreógrafos, escritores, pintores y trabajar en espectáculos multimedia.
El lugar elegido para comenzar es el restaurante Un gallo para Esculapio, en la esquina de Uriarte y Costa Rica, en la zona de Palermo Viejo, que funcionará como teatro. Abrirá formalmente sus puertas el jueves 5 de julio, a las 22, cuando se presentarán el sexteto de Jodos y el quinteto de Mariana Baraj; la historia continuará el 12, con las presentaciones de Luis Nacht Cuarteto y el quinteto de Fernando Tarrés. La entrada general será de siete pesos y de cinco para estudiantes.
Paralelamente, el proyecto incluye la discográfica Bau Record, sello que editará los discos de Jodos, Nacht y Tarrés.





