Cyndi Lauper todavía quiere divertirse
La cantante convirtió al Luna Park en una gran fiesta
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Bienvenidos a la máquina del tiempo. Entre jovencísimos floggers, familias con hijos grandes, turistas y miles de celulares que no paran de grabar sólo puede adivinarse la diminuta figura de Cyndi Lauper -su particular peinado platinado- saltando desde un asiento en la platea del Luna Park, sostenida por un mar de brazos que se agitan al ritmo de "Change of Heart", sólo el primero de la más de una docena de hits que interpretó en su segunda visita a nuestro país, el sábado, en un concierto tan compacto como apoteótico.
Ya desde el comienzo quedó en claro que la artista no tenía intención de limitar su histrionismo al escenario. En su segundo descenso entre sus enardecidos fans (que le arrojaron ramos de flores y hasta un vinilo de su disco debut, She´s So Unusual, que casi la decapita) Lauper paró en seco a un guardia de seguridad que intentó separarla de su público. "Mirá, yo crecí en Brooklyn y esta gente a mí no me va a hacer nada. Esto es una fiesta", le espetó, y el estadio, como es evidente, se vino abajo (más tarde, matizaría las olas de afecto con un desopilante "yo también los amo, en una forma distante y nada romántica").
Ya de nuevo entre el público, la cantante pidió por la integridad de sus extensiones y pañuelos de papel para secarse la cara y, desde allí, la celebración siguió en paz. Lauper dejó en claro que su show no requiere elaboradas puestas de luces, escenografía impactante o siquiera pantallas de video. Sólo de su enorme carisma. Ese que es capaz de arengar a la audiencia hasta convertir al Luna Park en un gigantesco estadio, como en la insinuante "She Bop", la versión machacante de "Money Changes Everything" (el momento más alto del recital) o en el inacabable "Girls Just Wanna Have Fun" (con la argentina Isabel de Sebastián y Bob Telson como invitados), y transformarlo en una multitudinaria discoteca (con "Echo", "Same Old Story" e "Into The Nightlife", acertadas selecciones de su nuevo disco). El mismo carisma que le permitió construir delicados climas apoyándose en el notable registro de su voz, como en "All Through The Night", "Time After Time" y el cierre a capella con "True Colors", cantado con el puño en alto y recibido con alguna que otra lágrima por un público gratamente sorprendido por su vigencia.



