
De regreso a la canción
Hoy y mañana actuará en el teatro Opera
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Cuando el grabador se enciende, Patricia Sosa va por los últimos sorbos de su café. Una rato antes de que la cinta comenzara a correr la cantante se declaraba jefa de familia, con toda la resposabilidad que eso implica. "Tengo a mis viejos -decía-, a mi hija, de 14, y a ella le tengo que enseñar a vivir en un mundo difícil, pero no quiero quitarle la esperanza ni la polenta."
Esperanza es también lo que no quiso dejar fuera de su último disco "No me dejes de amar", que presentará en vivo hoy y mañana, en el teatro Opera. "Tuve unas ganas tremendas de protestar -aclara-, pero es propio de mi naturaleza manejarme con la esperanza. Creo que fui para ese lado."
Sin embargo, adelanta que el show, además de los temas nuevos, incluirá los de álbumes anteriores y del grupo La Torre, que integró durante los ochenta. "Me faltaba el cable a tierra real que era la palabra pesada que aún tiene vigencia. El show va a estar lleno de curvas y contracurvas. Tengo la licencia de poder decir que es todo mío. Mi repertorio es mi carrera. Soy yo, en definitiva."
Toda la vida de Patricia Sosa tiene curvas y contracurvas. Porque los lugares comunes de la realización -una hija, un libro, "Código de barrio", varios árboles plantados- figuran junto a 30 años en la actividad artística que la llevaron por diferentes caminos. Comenzó cantando en inglés con la banda Nomady Soul. En los ochenta cambió al rock duro de La Torre. En los noventa se largó hacia la balada y al camino en solitario. Luego de varios CD con buenas ventas y gran popularidad -hasta fue convocada por Emilio Estefan para participar en un álbum y cantó junto a Plácido Domingo-, volvió a tirar las fichas. Incursionó en TV -"RRDT" y "Chiquititas"-, grabó folklore latinoamericano con Ariel Ramírez (un disco doble con "Mujeres Argentinas" y "Cantata Sudamericana", de Ramírez y Félix Luna), escribió para teatro "Las hijas de Caruso", que protagonizó con Valeria Lynch y Estela Leiva. En el medio publicó su libro y tras 6 años sin registrar sus propias canciones, regresó con un flamante material discográfico.
"Las presiones me agotan creativamente -argumenta-. Soy maestra de inglés, y me faltaron cinco materias para ser arquitecta. Soy plomera y gasista por cursos que hice en la facultad. Pero me dediqué a la música porque el arte siempre fue mi ámbito natural. Una vez un maestro me preguntó si quería ser famosa o cantante. Cuidado con eso -dijo-. La fama es un príncipe azul que te enamora y se va con otra. Yo creo que es un maleante que te descuartiza, un abusador, un violador. Uno empieza a hacer cosas para tener reconocimiento, que es una forma de recibir afecto. El problema es cuando el entorno se pone pesado. Cuando te marca lo que debés hacer o no. Siempre me corro cuando no estoy en el lugar que me corresponde."
Visto desde el mercado musical, dar pasos al costado en una carrera que tiende a la popularidad puede ser una contradicción. Pero para ella lo contradictorio sería permitir cosas "que no van" con su estilo de vida. "Me dedico a esto para ser más feliz".
La pausa en su carrera coincidió con el llamado de Adrián Suar para hacer TV y de Ariel Ramírez para el folklore. "Recorrí el mundo con él. Hubiera ganado más dinero con mis shows, pero es gratificante".
-También arriesgado; esas obras las había grabado Mercedes Sosa.
-Un riesgo mayor es hacer cosas que no te gustan por darle el gusto a una compañía discográfica.
-La música, la actuación, el libro, son hechos aislados, berretines...
-La recta es la carrera como cantautora, el resto son ramas, cosas que me gustan, que salen. El destino me fue llevando. En mi interior sé que soy todo lo que hice. La actriz, la cantante de Ariel Ramírez, la autora de un libro. La que intentó todo eso y volvió a su ámbito natural, que es el canto.
-¿La diversidad evita las ataduras?
-De caer en redes de las que no se puede zafar. Si el embrión de artista que uno lleva adentro se muere, sonó todo lo demás. Encarar cosas nuevas te abre la cabeza.
-Ahora volvés a la cantante solista, a los contratos con las discográficas. ¿Cuál es la diferencia?
-Me fui de una compañía debiendo tres discos. Este lo grabé porque quise. Volví porque tenía ganas y sin presión. También era raro saber si la gente se acordaría de mí. Me di cuenta de que me habían guardado un lugar que no sabía que tenía, y que había crecido en la interpretación gracias al teatro. El terreno era apto.
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