
Dos tangueras poco convencionales
"Cirtango". Espectáculo de Patricia Browne y Marcela Paoli. Con Pablo Jaite (piano) y Ariel Naón (contrabajo). Invitado: Julio Zurita (bandoneón, voz y coreografías); vestuario: Alejandra Robotti; luces: Guillermo Pérez; sonido: Alejandro Zambrano; colaboración coreográfica: Luis López Morera; producción ejecutiva: Paula Bussolini; producción general: Paoli-Browne. Los sábados, a las 21, en Moliére Teatro-Concert. Balcarce 682. Localidades: 20 pesos.
Nuestra opinión: muy bueno
Ahora, en nuevo horario (a las 21), Patricia Browne y Marcela Paoli continúan en las carteleras porteñas de los sábados con su original espectáculo "Cirtango". Una propuesta que se despega de las tradicionales ofertas de musicales tangueros para extranjeros y locales.
"Cirtango" podría sonar a espectáculo for export , tanto como un par de títulos de tangos clásicos que se incluyen en el repertorio. Sin embargo, las protagonistas trabajan sobre la estructura (o la no estructura) de un varieté de códigos tangueros. Y su "Cir" se acerca más a lo circense que a un acartonado "Sir" que remita a títulos de nobleza.
Browne y Paoli entran y desaparecen de escena con variados personajes que cobran vida a partir del acompañamiento musical de piano, bajo y, en ocasiones, bandoneón, con temas muy difundidos y otros poco interpretados de reconocidos autores y del pianista Pablo Jaite.
Encarnan a dos "chicas de Flores", a dos estampas masculinas caricaturizadas en "Pedime lo que querés", a cartoneras que reclaman "Donde hay un mango". También vuelcan toda su sensualidad a medida que su vestuario se pierde de camino entre las idas y venidas al camarín. Browne viste de rojo a "Pasional"; Paoli es provocativa mientras juega y se refugia en una silla, como en un musical de cabaret.
Cada cuadro responde al repertorio. Hay varios aciertos instrumentales y una mayoría de canciones en un par de voces con un fraseo ideal para los diseños melódicos de temas compuestos entre las décadas del sesenta y setenta ("Yo soy María", "Siempre se vuelve a Buenos Aires"). De ahí que en el momento de interpretar otros tradicionales anteriores corran con suerte dispar.
De todos modos, la dupla tiene tanto o más para decir desde su picardía y los remates, sus personajes y la danza. Cuando Julio Zurita deja el bandoneón se transforma en el tercero en discordia. Aunque lo cierto es que las coreografías ofrecen armonía visual con un toque contemporáneo y movimiento tanguero que nunca responden a reflejos en un ciento por ciento convencionales, acrobáticos o de salón. Más bien se ponen al servicio de la historia que pretenden contar. Quizás ésta sea la clave del espectáculo. Porque Browne, Paoli y compañía no caen en lugares comunes. Directamente se ubican en la vereda opuesta o muestran con ingenio una alternativa a todos los clisés acumulados a través del tiempo dentro de la música de Buenos Aires, sus iconos y costumbres.




