Drexler íntimo
El músico pasó por Buenos Aires, sin su Oscar pero con muchas canciones
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Nadie duda de que un premio internacional, especialmente cuando se trata de uno muy importante, es un gran empujón promocional para un artista. Un músico que gana un Oscar por una canción que grabó para la banda de sonido de una película puede llenar la sala de más de un teatro donde se presente. Y hasta puede doblar la apuesta con más funciones.
Pero es cierto que sólo una canción no alcanza para ofrecer un muy buen recital. Se necesita mucho más que eso. El cantante y compositor uruguayo Jorge Drexler tiene de esto y de aquello. O sea: tiene el premio y también el talento, ese "mucho más".
Seguramente, la estatuilla que se llevó de Hollywood durante la última entrega de los Oscar -fue por el tema "Al otro lado del río", que compuso para el film "Diarios de motocicleta"- produjo un efecto multiplicador. Vale recordar que le sirvió para relanzar su último CD "Eco", con el agregado de la canción ganadora como bonus track, y para publicar más tarde un DVD. Y si en su anterior visita a la Argentina, hace más o menos un año, se animó a presentar sus novedades en una sala como la del Gran Rex, en el viaje más reciente duplicó la oferta con dos shows. Fueron estos que presentó el último fin de semana.
Allí cantó "Al otro lado del río" en versión completa. Y eso fue más que esos 22 segundos a capella que tuvo frente al micrófono cuando recibió el galardón de la gran industria del cine. Sin embargo, si no fuera por el premio, el tema en cuestión quizás hubiera sido uno más. Porque las principales virtudes de la labor de Drexler se manifiestan en el total de su producción.
La propuesta que trajo esta vez se llamó "Guitarra y vos", en referencia a una canción y, probablemente, como guiño a los hispanohablantes que pronuncian la zeta como ese. Un show de guitarra y voz fue una manera de desandar la sonoridad de su repertorio grabado para acercarse a la forma de la canción recién compuesta, sin adornos.
Antes de desandar esa sonoridad de su cancionero arrancó con "Volando voy", un hit de Kiko Veneno que hace 25 años llegó a la voz del gran Camarón. Sólo entonces pasó por los temas de "Eco" y de discos anteriores. "Todo se transforma", "Frontera", "Sea", "Se va, se va, se fue", "Milonga del moro judío", "Horas", "Causa y efecto", "730 días" y "Tamborero", entre varios más.
Sobre el final repitió el encuentro del último año, sobre el mismo escenario. Llamó a Kevin Johansen y al brasileño Paulinho Moska para algunas canciones de su repertorio. También cantó "Salvapantallas", dedicada a su hermano Daniel, antes de llamar a Daniel (recién llegado del Uruguay) para que juntos compartieran "Vacío". La convocatoria familiar no terminó ahí. Porque Drexler invitó a su esposa, la cantante Ana Laan, para un arreglo vocal producido en vivo con el aporte de samplers.
El samplers es una herramienta que Drexler habitualmente utiliza para colorear su trabajo y presentar shows intimistas, sin ser totalmente "acústicos". Y para completar esa estática aparece en escena acompañado por Huma, encargado de una segunda guitarra y de operar varios procesadores. En ese plan, pocas veces logra la excelente puesta sonora que es capaz de alcanzar con toda su banda. Pero más allá de la comparación, Drexler tiene esa sólida base que son sus buenas canciones para cumplir con el enunciado de uno de sus versos: "Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da". Lo que Drexler da siempre es de buena calidad.



