El arte de un nuevo flamenco
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"Pasión flamenca". Con Alicia Fiuri y Néstor Spada. Bailarines: Guadalupe Aramburu, Andrés Camperi, Clarisa Di Salvo, Gabriel González, Laura Garrido y Melisa Maciuk. Cantaora: Claudia Montoya. Músicos: Héctor Romero (guitarra), Marcelo Aronson (batería y percusión), Rodrigo González (percusión), Andrés Hayes (saxo) y Carlos Tribuzy (bajo). Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín.
Nuestra opinión: muy bueno
Alicia Fiuri y Néstor Spada tienen una sólida trayectoria en el flamenco, aunque, como dicen, "somos argentinos pero amamos este arte como el mejor de España". En este nuevo espectáculo han puesto un positivo acento en el grupo musical y en lo que esto ejecuta.
De la mano de Héctor Romero, arreglador y guitarrista, la inclusión de un saxo barítono y un bajo, por ejemplo, que provoca la sutil fusión con el jazz, produce nuevas melodías y sonidos sobre la base de lo tradicional. Lo mismo ocurre con el baile, austero mas con vigor actual. Sin argumento, se va armando un show que entrelaza momentos musicales, como "Sevillanas estrambóticas", título que explica que se trata de algo diferente, con los que actúan instrumentistas y bailarines.
Hay instantes especiales, esos de los palos jondos, como el taranto que lentamente, con una concentración desde el alma, realiza la pareja central. La clave es la veracidad, lo auténtico, lo natural, tanto en ellos como en lo que hace la compañía. Fiuri se manifiesta con fuego y con experta técnica cuando a solas se deja llevar por soleá, por bulerías, por tangos y otros. Un largo espacio para que su braceo realce lo que dice el cuerpo y el leve taconeo de los pies. Levantar los brazos no es un "así no más" sino un ritual, una fuerza que estira hasta el infinito lo que comenzó en el suelo.
Néstor tiene gran estampa, y también hace su baile en el que descarga su ardor con el control de los que saben que lo exagerado es artificio, y prueba, como es habitual en este arte, la resistencia, querer más y más, como en un crescendo que el bailarín no desea que termine y que lo absorbe como un embrujo, mientras las piernas se tensan, el torso se yergue, el zapateado se perfecciona y el todo es un grito de amor a lo que hace.
Muy buena es la idea de unir a los varones en el número "Paco en Broadway", aludiendo a interpretaciones de Paco de Lucía en Nueva York. Se unen, hacen cuadrillas, pero el jazz se une para dar otra imagen, que armoniza con el sonido flamenco como si ambos fueran hermanos. De allí, a la alegría de la guajira. Con el grupo femenino haciendo volar diestra y graciosamente los grandes abanicos "pericón". Aunque guajira signifique campesina en Cuba, esas muñecas que los revolean y los difíciles dibujos que hacen en el aire tienen toda la destreza de quienes cultivan el flamenco. Este es un baile alegre y sensual, que así como es atractivo por los abanicos, también los es por la manera en que manejan pícaramente las faldas. Por supuesto, en el final, con la excelente voz que ha dado pie para el baile y el toque de la cantaora Claudia Montoya, la algarabía es más vital, enérgica y contagiosa. La compañía derrama toda su expresión y técnica, encabezada por el garbo y maestría de Fiuri y Spada en un espectáculo que se hace breve, que deja con ganas de ver y vibrar más, aunque tenga la duración debida.
Secretos flamencos
Es interesante preguntar a estos bailaores sobre ciertas cosas que se ven hoy o que ya no se ven. También, sobre preferencias o costumbres.
El rojo y el negro son los colores favoritos: el primero simboliza la pasión; el segundo, la memoria sombría y el dolor que también se funden en el flamenco.
Ahora, los varones no bailan como hace una década o más con pantalones muy ajustados, chaleco corto y faja: sólo camisa lisa, común, traje simple y chaleco más largo y poco ajustado.
La larga bata de cola y los palillos (castañuelas) son atributos del baile clásico español, aunque ya son muy pocas las que las usan. En este caso, Néstor comenta que aquí Graciela Ríos Sáiz es una de las que aún interpretan sus danzas en ese estilo con esa bata de cola tan difícil de manejar y que tañe las castañuelas con gran pureza. El abanico, dice Alicia, que para la guajira se utiliza del tipo pericón porque están aliados a los "palos" (bailes) latinoamericanos, es también representativo de varios hispanos. Para la mujer representa "la extensión de su brazo, su mano, un sentimiento que empieza en el corazón".
Los secretos del flamenco nunca terminan de ser revelados, pero continúan enfervorizando a la audiencia.




