El austero neoclasicismo
En busca de la independencia musical
1 minuto de lectura'
El neoclasicismo fue un movimiento muy amplio y de límites difusos que tuvo su momento de gloria entre 1920 y 1950 y que surgió como reacción, esencialmente, a las desmesuras emocionales del romanticismo tardío, a sus búsquedas grandilocuentes y a cierta carencia de ordenamientos formales en la elaboración de las obras. Y también en contra de los sonidos neblinosos e inasibles del impresionismo.
Los compositores involucrados en este camino decidieron retornar a los tiempos prerrománticos para restituir técnicas dejadas de lado y sonidos más austeros, y también para recuperar los balances de las formas clásicas. Pero no sólo eso, sino que también quisieron volver a otorgarle independencia y autosuficiencia a la música, cualidades perdidas ya que, según ellos, los románticos la habían transformado en un mero vehículo sonoro para la representación simbólica o descriptiva de ideas extramusicales como la muerte, el amor, el heroísmo o la libertad. Después de todo, para Haydn, por ejemplo, una sonata era, simplemente, una sonata, y un cuarteto, nada más que un cuarteto.
Sin embargo, no hay que confundirse. Los compositores recurrieron a conceptos formales y estéticos del pasado, pero no abjuraron de las novedades idiomáticas, tímbricas y narrativas que ellos mismos habían contribuido a cimentar. Por lo tanto, las orquestas se redujeron, los rangos dinámicos se atenuaron, se abandonaron los programas extramusicales y volvieron formas olvidadas o muy relegadas como la suite, la toccata, el ricercare, el concerto grosso, formas de variaciones, cantatas y oratorios, pero el lenguaje era actual y contemporáneo. Como cada compositor mantuvo su propia idiosincrasia, dentro del neoclasicismo, existen obras muy disímiles, distantes unas de otras. Dicho de otro modo, no existe un lenguaje neoclásico, sino una conducta o postura compositiva.
El neoclasicismo fue insinuado por la "Sinfonía clásica" (1917), de Prokofiev, a su modo, por las últimas sonatas de Debussy (1915-17), por algunas rarezas únicas, como la "Sonatina burocrática" (1917), de Satie, y hasta por la necesidad de volver a cierto repertorio arcaico, como hizo Respighi en su primera suite de "Antiguas arias y danzas para laúd" (1917). Sin embargo, la fecha de nacimiento "oficial" fue el estreno de "Pulcinella", el ballet de Stravinsky, el 15 de mayo de 1920, en París.
A lo largo de tres décadas, cada uno con sus peculiaridades y su historia musical, entre muchísimos más, se acercaron al neoclasicismo compositores tan disímiles como Hindemith, Prokofiev, Bartók, Shostakovich, Poulenc, Honegger, Ravel, en su madurez, Britten y Copland. Pero fue Stravinsky el líder indiscutido del movimiento y quien llevó los axiomas neoclásicos hasta sus últimas consecuencias. Entre las obras más admirables de este período, verdaderos paradigmas, hay que recordar "Edipo rey" y la "Sinfonía de los salmos".



