El nacionalismo musical

La ópera "Lin Calel", en el Teatro Argentino de La Plata
Pola Suárez Urtubey
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24 de mayo de 2003  

Típico referente de nuestro nacionalismo musical, tal como lo había moldeado la Generación del Ochenta, es "Lin Calel", cuya reposición, a partir de hoy, en el Teatro Argentino de La Plata, habrá de replantear un viejo interrogante sobre la identidad de la ópera argentina.

Naturalmente, el asunto ya ha sido muy discutido, aunque pocos queden satisfechos con las respuestas. Tema abierto, por lo tanto, al que el propio centro de las artes platense buscará arrimar nuevos planteos, por medio de una convocatoria para las Cuartas jornadas nacionales de la ópera argentina, programada para estos días.

Arnaldo D´Esposito, que tuvo una corta existencia (1907-1945), estaba preparado para probarse en el terreno de la ópera. Había estudiado con Athos Palma, Floro Ugarte (dos cultores de la estética nacionalista) y posteriormente con Constantino Gaito, uno de los fundadores del teatro lírico argentino. Además, en su carácter de maestro interno del Teatro Colón y director de orquesta de espectáculos de ballet en la misma sala, pudo D´Esposito adoptar para sí mismo las sugerencias del repertorio universal.

Siguiendo la corriente de sus maestros, acudió a un tema de Víctor Mercante, que, apasionado por la ópera, colaboró como libretista con varios creadores de su tiempo.

La historia de "Lin Calel" se ubica en la Patagonia, a principios del XIX, en torno de una historia de amor oscurecida por enfrentamientos de pueblos aborígenes, sus luchas por el poder, sus creencias ancestrales y el rumor, ya cercano, de las huestes de la Nación.

Como es casi constante en las óperas nacionalistas románticas de cualquier país, la base absoluta es la de la tradición italiana. Esto mismo surge del análisis de la partitura de "Lin Calel", en la que la escuela verista marca sus rasgos fundamentales, más allá de que la sonoridad que emana del uso de la pentatonía le otorgue buena dosis de color local.

Así, entre sus más notorios ingredientes se observa la permanencia del canto arioso , una tipología que difiere del recitativo por sxer más melódica, aunque requiera menos exhibición de virtuosismo que un aria, y en cambio una más alta carga expresiva. Esto ya se advierte desde el comienzo de la obra en la invocación al espíritu del aire del cacique Auca-Lonco. También el dúo de la protagonista, Lin Calel, con su padre, sigue el principio de la conversación, propio del verismo, sobre un fondo de evocación del Triste pampeano.

Pero es en el momento tal vez más atractivo de la obra, el dúo de los enamorados, donde D«Esposito exhibe su dominio de aquel lenguaje, a través de esa línea de canto que se despliega individualmente, con gran avance hacia el registro agudo como reflejo de una máxima tensión pasional, hasta que los amantes, habiendo ya logrado la concordia e identidad de sentimientos, se unen en un canon ("¿no quieres de una estrella...?") de muy buena factura. Coros, amplios concertantes y una plegaria de neta procedencia verista, completan esta obra que crece dramáticamente hasta lo que podría parecer una tragedia sin retorno. Sin embargo, los autores, casi sobre la barra de conclusión, le confieren un final feliz en el que triunfa la paz y el amor.

Pero no sólo de estilo italiano se alimenta "Lin Calel", ya que en el final del primer cuadro ("El sueño") la orquesta, que tiene buena intervención en el curso de la obra, rinde su tributo al Stravinsky de "La consagración...", un referente impostergable de modernidad en la época de su concepción. Terminada en 1940, "Lin Calel" tuvo su estreno en el Colón en la temporada 1941, dirigida por Ferruccio Calusio, con Isabel Marengo y Pedro Mirassou.

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