El talento de Kenny Barron más un trío brasileño de lujo

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19 de diciembre de 2001  

Presentación de Kenny Barron con el trío Da Paz . Con Kenny Barron en piano, Romero Lubambo en guitarra, Nilson Matta en contrabajo y Duduka Da Fonseca en batería. En el auditorio del hotel Sheraton.

Nuestra opinión: muy bueno

Una noche en el reino de la sutileza; un concierto que tuvo como sello la fuerza melódica, sin estridencias y la complejidad armónica asociada al buen gusto.

El concierto del pianista Kenny Barron junto al trío Da Paz -con Romero Lubambo en guitarra, Nilson Matta en contrabajo y Duduka Da Fonseca en batería- estuvo dentro de lo esperado: en el reino de la excelencia musical.

Barron no es pianista de vanguardia. Sin embargo, su modo estilístico tiene profundidad y modernismo; líneas tradicionales interpretadas con un lenguaje actual, como en el tema "Sonia Braga", una balada que tiene la armonía de "Lady be good", el clásico de Gershwin.

El pianista dejó en evidencia su inclinación a reelaborar las frases una y otra vez (muy monkiano, por cierto), lo que hace que una vez tocada nunca vuelva a ser exactamente igual. Un salto aquí, un acorde disonante allá, son matices que le dan un color cambiante. Barron ama los silencios; su música los rodea, sin nunca ocupar el centro.

El trío Da Paz tiene a un solista de altísimo nivel en Romero Lubambo, un guitarrista con un caudal interminable de imaginación. Su estilo está basado en la técnica de la música clásica, pero al servicio de sus emociones. Es un músico que logra transmitir su fuerza sin golpear.

La sección rítmica propiamente dicha, Matta y Da Fonseca, aporta un sólido basamento en el que se destaca el baterista, un músico que compone sobre la marcha pequeñas artesanías rítmicas. Matta, con un sonido profundo debe pagar tanto preciosismo de sus compañeros, por lo que debe quedarse en el ritmo. Por el repertorio que exponen, alguien debe hacerlo.

En los medios tiempos

El grupo se mueve con una fluidez acuática en los temas a medio tiempo. En las baladas, logra transmitir una serenidad aplacadora, apacible. El pequeño auditorio se llena de una tranquilidad casi religiosa. La música deja de sonar para comenzar a deslizarse, lo que sucedió en "Clouds", de Barron. El pianista expone lo que será la corriente principal, para luego retirarse y, como si la melodía fuese un río, toca en las orillas.

"Para Ty", de Matta, comienza con un bajo marcadísimo, que corre del bop hacia un samba estilizado, que no pierde magnetismo. El grupo entra en el puente de la composición. Romero luce suelto, muy en lo suyo, mientras que Barron debe leer. El cuarteto toma calor y se advierte el juego de los arcos de tensión-relajación. En este tema invierten la ecuación anterior. La tensión recorre un camino prolongado, mientras que la relajación dura apenas instantes.

El solo de Lubambo destila técnica, aunque es caliente. La primera parte de su coro es un punteo; en la segunda, improvisará sobre los acordes. Los límites son fluctuantes entre el bop y el samba. Incluso se advierte que Matta-Da Fonseca se apoyan en Brasil, mientras que Barron crea una atmósfera cambiante. El pianista quiere destacar la frase; se vuelve la voz del grupo, pues su instrumento manda.

El excelente manejo de los pedales del piano (una suerte de McCoy Tyner con algo menos de volumen) le da al tema momentos poderosos. El swing es parejo en ambas manos y con algunos toques que recuerdan al genial Monk, aunque no por repetir sus citas, sino por el mood que transmite. No copia, crea, pero con los mismos códigos que los de aquel gran pianista.

En dúo, Barron y Romero encarnan la libertad. Hacen "Triste", de Jobim; la frase está sólo sugerida mientras la guitarra avanza sobre un solo rico en variedad; el piano toca acordesque son pequeños faros en ese lanzarse al mar que parece el viaje musical de Romero. Es aquí donde queda clara la estrecha comunión de ideas que tienen. Barron hará un solo que sigue la filosofía de Romero: es una puntillosa continuidad en los mensajes, aunque de pronto suena en su piano una línea de "Epistrophy". Ambos hacen que el tema tome un camino renovado pues dejan de lado la palpitante frase melódica y la rearman con otro humor.

Barron encara un tema solo y exhibe su afecto por Monk, En su tributo hace "Shuffle Doil". El tema tiene una forma de ragtime-blues que, pasado por el filtro del bop, termina sonando como un hard swing. Riquísimo en matices, la vuelta es redonda, pero nunca repite las mismas notas: cambia y cambia.

Terminan con "Dona Maria", un samba estilizado que tiene una introducción de Da Fonseca, de excelente técnica y swing, una suerte de Ben Riley de la música brasileña. Este es un baterista del tipo de los que levantan poco los palillos de los parches, es decir que mantienen siempre el sonido controlado. El solo de Romero es un modelo muy cuidado, en el que el desarrollo armónico va de mayor a menor, hasta que en el punto más bajo, o con más silencios, entra Barron, con una línea bebop. Romero le hace en la guitarra la batucadinha, y el color que toma el auditorio pasa a ser de pronto verde y amarillo.

Los solos salen de a uno a la vez; se luce el baterista, con una forma personal de relacionar su mundo natal con el adquirido en Nueva York. Se van y vuelven para hacer un merecido homenaje a la belleza femenina del Brasil con "Sonia Braga", tema de Barron que muestra su exquisita manera de relacionarse con la belleza. A la salida nos enteramos de que la encuesta de lectores de la Downbeat señaló a Keith Jarrett, Brad Meldhau y Kenny Barron como los mejores pianistas de jazz de la década. Estamos muy de acuerdo.

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