
El tango, baile apto para la sensualidad
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"Tango, love & sex" , de Héctor Aure, con: Pablo Villarraza, Dana Frigoli, Claudio González, Melina Brufman, César Rojas, Susana Rojo, Bruno Gibertoni, María Eugenia Della Latta, Marcela Varela, Analía Vega, Alejandro Figliolo, Claudia Chucai, Carlos Debat, Soledad Fernández, Nina Tatarowicz. Cantantes: Jesús Hidalgo y Yamila Aure. Coreografías: Doris Petroni, Pablo Villarraza, Dana Frigoli y Laura Roatta. Música y dirección: Walter Ríos. Diseño de iluminación: Oscar Bonardi. Dirección: Héctor Aure. Duración: 90 minutos. En el Avenida.
Nuestra opinión: bueno
Ya desde el título se sospecha que es una producción destinada al exterior, porque para los porteños ese "love & sex" no es otra cosa que la sensualidad que trasciende de una pareja de baile, más allá de la figura coreográficas. Pero esto no tiene que hacer hace mella en los resultados.
Desde que el tango ascendió a la categoría de gran espectáculo musical, donde prevalece la hechura estética, mucho se ha tratado de volcar en materia coreográfica, pero es poco lo que se ha logrado de originalidad. En este caso, el lucimiento es de solistas.
Dividido en ocho cuadros, "Tango, love & sex" se inicia con "El macho y la hembra" (título un poco despectivo para referirse a la virilidad y la feminidad), que es uno de los pocos números que justifican el título. Con coreografía de Doris Petroni, Claudio González y Melina Brufman alcanzan un grado elocuente de sensualidad, muy atractivo, inspirados en "Quejas de bandoneón".
En el segundo cuadro, "El suburbio", es original el enfoque de instalar el tango en una zona contemporánea, donde los bailarines, mediante diferentes tangos, dramatizan una historia de amor y venganza.
"La maison" es el título del tercer cuadro, una versión del prostíbulo de antaño, donde los bailarines se vieron preocupados por los escalones que debían subir y bajar.
La lucha entre el deseo reprimido y la culpa por la liberación tiene su espacio en "El claustro pagano", visualmente atractivo, un número que se instala en un ámbito religioso, sin extender a un campo más amplio el tema de las pasiones reprimidas.
El quinto es "Deutsche Kabarett", estéticamente logrado, donde se inserta una simbología nazi que parece extemporánea del tango.
"La milonga" es el sexto cuadro y, más que en las figuras coreográficas, la atención se concentra en las versiones discográficas que rescatan las voces de Jorge Falcón, Jorge Maciel, Charlo, Ranko Fujisawa, Floreal Ruiz, Lidia Borda, Alberto Morán y el Trío Los Panchos.
Infaltable en la temática tanguera, "El cafetín" es el séptimo cuadro, donde vuelven a destacarse los bailarines González y Brufman.
El final, estuvo dedicado a Astor Piazzolla, con "Adiós Nonino", un número demasiado breve para ser la concreción del espectáculo.
Hilachas a la vista
Hasta aquí la estructura y ahora le llega el turno a la hechura, que demostró bastantes desprolijidades, sobre todo en lo técnico, como si no hubiera habido suficientes ensayos. Más allá de algunos inconvenientes -como sucedió en el estreno en que imprevistamente se interrumpió la música y los bailarines siguieron su rutina acompañados por los aplausos solidarios del público-, el tema es el volumen y los micrófonos inalámbricos.
Varios especialistas en sonido lograron conciliar la tecnología con las necesidades artísticas. En este caso, el volumen era excesivo e injustificado en una sala como el Avenida. Por este motivo, Jesús Hidalgo y Yamila Aure, que cantan sobre las grabaciones, debieron subir el tono y el micrófono incorporado, que tienen a la altura de la boca, registró una voz exigida, soplidos y respiraciones que desmerecieron su trabajo.
En cuanto a la iluminación, fue discreta, y el vestuario, sobrio, pero algo opacado. En ambos casos, daba para más. La hechura visual, por el contrario, está bien resuelta con pocos, pero efectivos elementos simbólicos.




