Recital de Marisa Monte

Gabriel Plaza
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17 de junio de 2013  

Recital de Marisa Monte / Músicos: Dadi (guitarras), Dengue (bajo), Lucio Maia (citar y guitarras, acústica y eléctrica), Pupillo (batería y percusión), Carlos Trilha (teclados y programaciones), Pedro Mibielli (primer violín y arreglos), Glauco Fernandes (violín), Bernardo Fantini (viola), Marcus Ribeiro (cello) / Martes 11 de junio / Teatro: Gran Rex / Nuestra opinión: muy bueno.

Marisa Monte transforma la experiencia de la música en vivo en un viaje multisensorial, un paseo sonoro por la arquitectura interna que sostiene esa casa, ese mundo, ese universo infinito y particular de sus canciones. Develados quedan en este nuevo espectáculo, Verdade, uma Ilusão , los gustos, pensamientos, lecturas, músicas, fotografías y conversaciones que forman parte de ese universo conceptual montado en un escenario como el teatro Gran Rex. "No sé hablar castellano y voy a falar en portugués, pero nos vamos a entender bien, porque somos muito próximos, somos hermanos y nos sentimos como en nuestra casa", dice Marisa Monte, después de cantar el tema que da nombre a su último disco, O que você quer saber de verdade, y que es la excusa de su nuevo espectáculo, donde presenta sus nuevas composiciones.

La levedad de su figura y el timbre de esa voz aterciopelada, que suena más bahiana que de costumbre, transportan de entrada a esos paisajes oníricos que van construyendo las proyecciones de artistas brasileños contemporáneos y esa identidad musical, donde se cruza la canción pop sofisticada influenciada por Arto Lindsay, la saudade fadista, la psicodelia de los sesenta, el swing de Stevie Wonder, el groove que aporta el power trío Nação Zumbi, el romanticismo que emanaba sin culpa de Roberto Carlos y el alma rock de Cassia Eller, en canciones como "Descalco no parque", "Arrepio", "Depois", "Infinito particular" y "ECT".

Cada canción funciona como un fotograma, que conforma el álbum del show. En este espectáculo la unidad está dada por la diversidad de la puesta. Cada track tiene su propio montaje, desde el diseño de luces; las pantallas y paneles que se despliegan o las proyecciones que completan la escena, tomando una porción del escenario o ganando prácticamente todo el teatro. La puesta contribuye a crear ese mundo ensoñado (podría ser el de Lewis Carroll) en el que se combina la estética Instagram de imágenes tropicales en "Ilusión" junto a Julieta Venegas de invitada; con el diario íntimo y privado del video arte en "Depois", o la contemporaneidad del arte caligráfico de Arnaldo Antunes unido a los versos de Nando Reis en la sorprendente "Diariamente"; con el juego de espejos para la transparencia acústica de "Beija eu". Esos mundos estéticos confluyen en Marisa Monte, que puede jugar a ser una cantora carioca de los años cuarenta, cuando se entrega a la melancolía tanguera de "Lencinho querido", con el exquisito aporte del bandoneonista Lautaro Grecco y la guitarra de Gustavo Mozzi, o cuando empatiza con la atmósfera vintage de la canción italiana del setenta en "Comme tu me vuoi", que le da pie para contar su experiencia junto a la diva Mina.

Recupera la atención sobre su último disco O que você quer saber de verdade (con el que esta girando por todo el mundo y ya fue vista por más de 200.000 personas) cuando canta "Ainda bem". El tema compuesto junto a Arnaldo Antunes demuestra la simbiosis entre los dos y esa fórmula hitera, que rindió tan bien en Tribalistas y dio sus frutos para su último disco. Ese sentimiento alrededor de la búsqueda de la felicidad y el amor, además de cierta saudade, es el motor temático de su último trabajo. Por eso, el guión del concierto incluye en su listado de temas la cadencia melancólica que aflora en sambas bellísimos como "Para ver as menhinas" en la tradición joagilbertiana, o la afinidad de una cadencia que recuerda a Cole Porter en "Verdade, uma ilusâo", con una puesta fantasiosa que parece una película de Hollywood de los cincuenta.

La sonoridad de esa banda electroacústica de fidelidad hi-fi, entre la sesión de cuerdas, que aportan los climas de calidez o dramatismo necesarios y el nervio que suma el prower trío Nação Zumbi junto a Dadi y Carlos Trilha, completan el fascinante audio de las canciones. Con su aire de levedad -Marisa parece que estuviera flotando o hace flotar al resto-, la cantante es la interlocutora ideal para esas historias alrededor del amor, con sus triunfos, derrotas y finales abiertos. "Amar a alguien sólo puede hacer el bien", canta como una declaración de principios en la nueva "Amar Alguém".

El aire de inocencia sentimental se sintetiza en el último tramo del concierto donde evoca dos hits del supegrupo Tribalistas como "Velha infancia" y el final celebratorio con "Já sei namorar". Todo lo que canta Marisa Monte cae bien. Esa sensación de bienestar que produce su obra se refleja en la gente que se va del concierto con rostros de felicidad y canturreando por lo bajo: " Eu sou de ninguém/eu sou de todo mundo/e todo mundo me quer bem ".

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