En intenso estado de rock
En sus dos shows colmados en el Luna Park, el rosarino mostró su lado eléctrico
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Como un elástico vibrando, casi en su punto máximo de extensión, atravesado por la música, así se lo vio a Fito Páez en el Luna Park. Tras un tiempo de recogimiento musical, con canciones llevadas a su expresión más cruda y sólo acompañadas por piano y algún que otro invitado, Fito esta vez se volvió eléctrico, en alto estado de rock, para presentar otra versión de sí mismo, que si bien no nos es absolutamente desconocida, sí muestra que como artista puede y sabe mutar, estar y dejar de estar en un registro o en otro, siempre en beneficio de la música.
Desde el inicio con "Tratame bien", el tema de la serie de TV, el rosarino mostró junto con los también rosarinos Killer Burritos (Coki Debernardi y Julián Acuña, en guitarras y coros; Damián Barrera, en batería, y Eloy Quintana, en bajo) versiones intensas de temas intensos.
Por momentos, sobre el escenario del Luna Park fueron cuatro las guitarras eléctricas que sonaban, haciendo masa sonora, jugando los juegos del rock, cuando Juanse, de Los Ratones Paranoicos, se sumó para la bluseada "Naturaleza sangre" y el paranoico "Girando", y ya sobre el final, para "A rodar mi vida".
Tan eléctrico estaba Fito que hasta el intermedio en piano solo, en el que recorrió fragmentos, y no tanto, de varias canciones ("El amor después del amor", "Dos días en la vida", "She is mine", "Dale alegría a mi corazón", "Tema de Piluso" y "Tumbas de la gloria") fue intensísimo: de pie hizo estremecer a todos con el reclamo en nombre de Thelma y Louise, y puso a todo el Luna a cantar que le diéramos alegría al corazón, él dirigiendo, y, de alguna manera, haciendo la contracara de ese otro tema con corazón, aquel que él ofreció, a cappella y sin micrófono, en varios shows últimos.
Las voces también tuvieron su lugar de privilegio, aportadas todo el tiempo por los dos guitarristas killers , sumados en algunos tramos a los invitados: Juan Carlos Baglietto con el tema de Sabina, "Contigo" y el tan inicial "La vida es una moneda", en la que también se sumaron Gonzalo Aloras y Carlos Vandera, que también habían hecho "La rueda mágica" y "Normal 1".
Y hubo mucho más, en este recorte de ese gran abanico que es a estas alturas la obra de Páez; la hipnótica "11 y 6", el tercer mundo interviniendo el circo de los locos y las ciudades tristes, las palabras justas de "Al lado del camino". Y, sobre todo, el disfrute del estar en sintonía, las gracias por la música.
Presencia especial
- La segunda función, la de anteanoche, tuvo un asistente inesperado (aunque siempre esperado): Charly García, que presenció el show desde una mesa, al costado del escenario. Cuando Páez hizo, como la noche anterior, "Cerca de la revolución" y señaló al músico, el Luna Park enteró respondió con una ovación.




