García Lorca en versión latinoamericana
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Presentación de "Fragmentos de amores desesperados", con Montse Ruano y Hugo Estévez, en canto; Lula Villegas Baeza, Marta López Lecube y Julia Wahren. El grupo con Riqui Culotta en bajo, percusión y trompeta, Claudio González en canto y guitarra, Fidel Guigui en aerófonos, Hugo Núñez en percusión, Juan Rivero en piano y Pablo Trosman en guitarra, percusión y arreglos. Dirigida por Miguel Wahren. Los sábados, a las 21, en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.
Una interesante aproximación del mundo de Lorca a la música latinoamericana. El dolor y el desgarro tan vívidos en la poesía del artista andaluz se recuestan en formas melódicas como la zamba, la baguala y el joropo, que sirven de trampolín para una nueva expresividad, menos impostada, más legítima.
"Fragmentos" se basa sobre pasajes de dos obras de fuerza inextinguible: "Bodas de sangre" y "Yerma". El director Miguel Wahren compuso un puñado de músicas para darle una nueva mirada, por momentos algo rapsódica, aunque sin altibajos.
La música se vuelve el hilo conductor en la voz de la segoviana Montse Ruano, un verdadero hallazgo como cantante. Fuerza expresiva y una arrasadora convicción en esta actriz que muestra una forma estilizada del cante gitano. A su lado, Hugo Estévez trae un aire más melódico, una suerte de contraste que puso una mayor variedad de colores a la obra. La música parte de formas sencillas, en cierto modo arquetípicas en lo estilístico, pero es a partir de los arreglos donde gana vuelo.
El grupo, dirigido por el guitarrista Pablo Trosman, mostró un inteligente ensamble tímbrico, rico en matices y con una marcada intensidad rítmica. Así, la música se convierte en el vehículo para alcanzar una nueva expresividad, pues aunque no exenta de dramatismo la lírica alcanza otros colores de la mano del espíritu rioplatense.
La Ruano mostró moverse con comodidad tanto en la poesía lorquiana como en el cancionero latinoamericano; enfática, por momentos de un profundo dramatismo quieto y severo, la actriz consigue darle a su papel una profunda fuerza, como conectada a la tierra. Otro descubrimiento fue Claudio González, un cantaor de excelente voz y afinación que desde su silla desplegó la fuerza del cante junto con su guitarra. Su aporte inmenso en los coros, como el brillo en sus partes solistas hablan de un artista con vuelo propio.
Temas o poemas musicalizados como "La boda", con un aire musical centroamericano logradísimo, o "Pájaros de la mañana" reflejan la naturaleza del alcance de la propuesta que, lejos de llevar a la poesía de Lorca a su cristalización, la actualizan y ponen en escena una lectura moderna en la que el arte de la música alcanza la fuerza expresiva de la palabra.
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