Gran momento de los músicos argentinos

Hay una generación de jóvenes promesas
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21 de diciembre de 2001  

Para la música clásica, 2001 fue el año de los argentinos.

No porque no haya habido una nutrida presencia de orquestas, grupos de cámara y solistas internacionales notables, sino porque este año se hizo sentir el aporte relevante de músicos locales, varios de ellos consagrados en el exterior, así como la bienvenida irrupción de nuevos talentos.

La locomotora de este fenómeno -que la crisis y la dificultad para contratar artistas de afuera tal vez ayuden a incrementar el año próximo- fue Martha Argerich. La notable pianista, que desde hace mucho tiempo desarrolla su carrera en el Primer Mundo y tiene su residencia en Bruselas, decidió apostar por el país.

Y -a pesar de que por la asfixia económica el Teatro Argentino de La Plata postergó para el año próximo la segunda edición del concurso para pianistas que lleva su nombre- Argerich regresó en noviembre para ser el motor de una maratón musical en el Teatro Colón.

Durante una semana, Martha tomó por asalto la sala porteña junto con amigos-colegas, extranjeros y argentinos, produciendo un verdadero fenómeno de alta repercusión pública y buenos momentos de música. Y, a los pocos días, redobló la apuesta, al aceptar la propuesta del secretario porteño de Cultura, Jorge Telerman, para ser asesora del Colón. Aunque no está clara la función efectiva que cumplirá la artista, fue todo un símbolo de su interés por devolverle algo de su experiencia y contactos a su país natal.

En la otra punta se encuentra la explosiva aparición del pianista adolescente Horacio Lavandera. Este discípulo de Antonio de Raco hizo su debut en el Colón (tocó para Wagneriana y para Festivales Musicales) y coronó su ascendente 2001 alzándose con el segundo premio del prestigioso concurso Umberto Michelangeli.

Tal vez con menos repercusión mediática, pero con carreras sólidamente construidas, hubo este año otro grupo de jóvenes que andan entre los 25 y los 30 años y que también se destacaron. Entre ellos estuvieron la pianista Ingrid Fliter, que se presentó por primera vez en el Colón después de haber obtenido el segundo premio del prestigioso Concurso Chopin. También el compositor y director de orquesta Alejo Pérez Pouilleux revalidó todo lo bueno que viene haciendo con su Ensamble XXI, en su debut en el podio de la Orquesta Filarmónica. Y también en dos noches consagratorias el pianista Nelson Goerner mostró que ya dejó de ser una joven promesa para ser un artista maduro, a los 30 años. La lista es más amplia, pero ya habrá tiempo para hablar de otras nuevas promesas clásicas.

Debuts con gloria

En la temporada lírica del Colón también los argentinos pudieron lucirse. En la apertura de la temporada lo hizo Sergio Renán, que tuvo a su cargo la puesta de la ópera "Lady Macbeth de Mtensk" y cuyo gran motor musical fue el chelista y director Mstislav Rostropovich.

En "Norma", Cecilia Díaz, con su interpretación de Adalgisa, brilló a la par de June Anderson. Y en "Los Cuentos de Hoffmann", con la colorida puesta del franco-argentino Jerome Savary, el trío que se llevó muchos de los aplausos estuvo integrado por Virginia Tola, Adriana Mastrángelo y Laura Rizzo.

En junio se produjo el esperado debut de Gabriel Garrido, como director de la puesta historicista del "Orfeo" de Monteverdi, con un grupo de instrumentistas en gran parte integrado por músicos argentinos y que significó la consagración del barítono Víctor Torres.

Un mes más tarde se produjo otro debut, el de Alfredo Arias, el notable director local radicado en Francia, que tuvo a su cargo la régie de "La carrera del libertino".

La lista es extensa y muestra que, a pesar de todo, este campo de la música cuenta con muchos y muy buenos hacedores y con un semillero que promete más alegrías musicales para el futuro.

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