Hormonal , la excusa para el repaso
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Presentación de Hormonal , álbum de Hilda Lizarazu. Con Federico Melioli en bajo y coros, Amílcar Vázquez en guitarras, Lito Castro en teclados y programación, Claudio Salas en batería e Hilda Lizarazu en voz y guitarras. Anteayer, en el teatro Opera.
Nuestra opinión: bueno
"Tengo mis informantes. Sé que acá cantó Edith Piaf y que el teatro es de 1874." Excitada, en el primer tramo del concierto, Hilda Lizarazu quiso demostrarle a su público que no dejó detalle librado al azar. Preparó el show con su banda, se informó, invitó a los músicos amigos que no podían faltar; en fin, se tiró de cabeza a una actuación que excedió ampliamente la mera presentación de un disco y que tuvo sabor a repaso de una carrera y a balance.
Una platea con muchas butacas vacías no alcanzó a palidecer la celebración de la cantante y compositora que salió entre el público, toda de rojo, y entonó la primera canción, "Abre" (de su primer disco solista, Gabinete de curiosidades ), aún con el telón cerrado. Luego, sí, el telón se corrió y aparecieron sus músicos, enmascarados, para interpretar junto a la solista "La calma". Nada estaba librado al azar; al contrario, había detalles escénicos, cambios de vestuario y climas para cada uno de los 26 temas previstos.
El entusiasmo le jugó una mala pasada a "la" Lizarazu y la heterogeneidad del show, en varios pasajes, sólo contribuyó a desorientar. "¡Queremos rock!", gritó un plateísta a la altura de "Amapola", sexto capítulo de la lista de temas, cuando la balada gobernaba la escena. "Este es un teatro; hacemos pop-rock", respondió la protagonista con algo de ironía para luego seguir a rajatabla con el plan trazado. Primero cantó la autobiográfica "El pulso" ( Camino, voy por el costado del camino, sintiendo cómo pasa el tiempo a mi manera ), de su disco anterior y luego dos de su reciente Hormonal : "Noche de invierno" y "Acuarela de los montes", esta última, dedicada al pintor Fernando Fader.
Tras otras dos canciones de su primer disco, "Microclima y "El volcán", Hilda dejó el escenario y les cedió el protagonismo a sus músicos: un cuarteto sólido, que tiene en su guitarrista y en su bajista a los dos hombros en los que se apoya la cantante. Superado el pasaje instrumental, llegó el tramo dedicado a Man Ray. Pero primero una infartante Ingrid Grudke apareció en escena, vestida de enfermera como Hilda Lizarazu en sus días junto a Charly García. Sentó al guitarrista en una silla con ruedas y se lo llevó a camarines o a la enfermería.
Tito Losavio fue el primer invitado de la noche y el de mayor presencia en el show. Está claro: fue y sigue siendo vital en la vida artística de la cantante. Juntos interpretaron versiones íntimas, a dos voces y dos guitarras de "Tierra sagrada", "Al final" y "Hay confusión" y un cierre de ese segmento con "Sola en los bares", acompañados por toda la banda. Más tarde regresaría para sumarse a la banda en varias ocasiones.
A esta altura, muchos aguardaban el "momento saynomore", y Charly cumplió. Con él en guitarra, Hilda interpretó por primera vez "Buscando un símbolo de paz"; la segunda sería con la banda y David Lebón en armónica y guitarra eléctrica. Tras el segmento con Charly devino uno de los mejores pasajes del show, paradójicamente con un tema que tiene muy poco que ver con la historia de la cantante: "Alfonsina y el mar", con Lito Vitale al piano.
Resultó extraño volver a escuchar "Buscando un símbolo de paz" tan sólo cuatro temas después de la primera interpretación. Hubiera sido mejor que con Charly cantara otro clásico de la etapa de Los Enfermeros, pero quizá la decisión no corrió sólo por cuenta de Hilda. La segunda versión del tema es la que grabó en su disco Hormonal y sirvió para subir la temperatura y aportarle un poco de rock al concierto, tal como alguien pidió en el comienzo.
Con "Viaje fantástico", el show terminó formalmente. Pero a la hora de los bises llegó el desmadre. Hilda salió vestida de coneja ("me siento muy ridícula, pero me encanta"), las pequeñas Mía (su hija), Nahui y Lola regalaron flores y la cantante se despachó con una versión deslucida de "Whole Lotta Love", de Led Zeppelin. "D10s", el primer corte de su nuevo disco, marcó el final de un concierto que tuvo sabor a celebración, pero al que le faltó cierta síntesis.




