
Impecable dúo de pianos
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Concierto de Helena Bugallo y Amy Williams (dúo de pianos). Programa: Estudios para piano mecánico Nº 20 y N° 9 en arreglo de Helena Bugallo, de Conlon Nancarrow; Chant-Espace Profond , de Reinhard Febel; Clapping Music , de Steve Reich; Tres piezas de György Ligeti y Le Sacre du Printemps , de Igor Stravinsky. Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea. Teatro Presidente Alvear.
Nuestra opinión: muy bueno
Realmente atractivo y jerarquizado resultó el cuarto concierto del ciclo de Música Contemporánea que impulsa el Complejo Teatral de Buenos Aires, en razón de la notable actuación del dúo conformado por la argentina Helena Bugallo y la estadounidense Amy Williams. Desde 1995, este dúo ha presentado programas para pianos y para piano a cuatro manos en diferentes escenarios del mundo, todos conformados por obras de grandes creadores del siglo pasado y contemporáneos, incluyendo piezas especialmente escritas para ellas, quienes por otra parte han cosechado un gran prestigio internacional al punto de trabajar en estrecha colaboración con compositores de enorme prestigio de la vanguardia.
En este recital, las pianistas debieron modificar en parte el programa anunciado a los efectos de adecuarse a las condiciones de los pianos existentes, detalle que en realidad no significó una merma del interés artístico, sino por el contrario un factor que contribuyó a valorar mucho más las aptitudes técnicas y musicales de ambas intérpretes que lucieron un virtuosismo deslumbrante.
En la primera obra, dos estudios del creador mexicano de origen norteamericano Conlon Nancarrow, músico formado con Slonimsky, Piston y Sessions en Boston, cuyo lenguaje se basa en aspectos originales rítmicos y de tersuras del sonido, Bugallo y Williams lucieron meridiana justeza y clarísima articulación. Luego con una página de Reinhard Febel escrita en 2004 y denominada Chant-Espace Profond , estreno sudamericano al igual que la pieza anterior, ofrecieron un ejemplo de exquisita sensibilidad por la amplia gama de los matices aplicados. Y al entregar, alejadas del teclado y de pie, Clapping Music , de Steve Reich, creador de las escuelas de Cornell y Juillard, dieron un formidable ejemplo de seguridad musical al abordar una página que, como su nombre lo indica, utiliza sólo las palmas de las manos para crear una música rítmica, atractiva y simpática.
Alto vuelo
La última composición de la primera parte elevó considerablemente el interés musical de la propuesta porque se escucharon tres piezas para dos pianos de György Ligeti, el gran talento del siglo pasado que con ingenio ofrece una atmósfera musical de alto vuelo en el que no faltan citas musicales de Reich, Rildey y Frederick Chopin, al que se rinde homenaje con el final de su segunda sonata para piano, tan avanzada como premonitoria del futuro musical.
El último impacto de la noche surgió con el genio de Igor Stravinsky, creador que indagó con criterio abarcador casi todos los estilos de la historia de la música, a través de una ejemplar y maravillosa ejecución de su famoso ballet escrito por encargo de Diaghilev para los Ballets Rusos, Le Sacre du Printemps , cuyo estreno fue en París en 1913, y desde entonces, es considerada una de las composiciones básicas de la música del siglo XX, por las fuerzas que configuran todas las variables del rítmico como centro vital. Precisamente Bugallo y Williams ejecutaron la versión que el mismo autor, en el año del estreno, redujo para dos pianos para utilizarla en ensayos y en conciertos, visionaria determinación que se hizo realidad. La entrega del dúo fue impecable, porque con toda evidencia se escuchó una técnica superior, una amalgama espiritual conmovedora y un refinamiento propio de dos grandes artistas, además de la riqueza del piano como instrumento-orquesta impar para los creadores de hoy y del futuro; vigencia incomparable.
Al final, como resultado del largo aplauso -resultó significativo el amplio espectro de edades de los asistentes- se agregó un estudio que pareció de Nancarrow, pero que después de la impecable y compleja cumbre del creador ruso sonó muy elemental.
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