
Jaime Roos, un músico entre dos mundos
El cantante uruguayo actúa desde hoy y hasta el domingo
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Siempre se vuelve al primer amor. O a los primeros amores. Y uno de ellos, para Jaime Roos, debe de ser La Trastienda. Allí, o más bien en su antigua dirección, en Palermo Viejo, el músico uruguayo tocó por primera vez en Buenos Aires, en 1982.
Volvió a presentarse, ya en su ubicación actual de Balcarce y Belgrano, en 1994 y en 1995, y estará nuevamente, desde hoy y hasta el domingo. "Es casi como jugar de local", dice sonriendo.
El show no diferirá en esencia del que presentó en mayo en el teatro Gran Rex, basado en las canciones de "Contraseña", su último álbum. Pero sí lo será el espacio, lo que acarreará otras posibilidades. "En un boliche la comunicación es más directa, se toca con más calentura -dice Roos, con su característica voz profunda-. Te aclaro que siempre prefiero el boliche para tocar, porque el show se vuelve más flexible y podés tocar canciones que en principio no tenías previstas. Me gusta mucho eso de cantar a pedido."
Estarán en estos cuatro shows, entonces, las canciones de autores montevideanos que eligió incluir en su disco que, aclara, no es de covers sino de versiones. "Me gusta diferenciar esas palabras, porque son cosas distintas. Cuando vas a ver una banda de covers o uno hace un cover, creo que en general se trata de lograr el sonido más cercano al original. En cambio, una versión es tomar la composición, pero hacerla a la manera en que uno la siente. En "Contraseña" interpreto canciones de doce autores montevideanos, además de tres mías, y no me ceñí a las versiones originales. En muchos casos, traté de no escucharlas por un largo tiempo. Fue darme un gusto, porque son las que toco en mi casa con amigos, o en fiestas, o pruebas de sonido, porque uno se cansa de hacer siempre las canciones de uno."
En su discografía hay un antecedente: su propia lectura del "All you need is love", el tema de los Beatles, que tocó en 1991, en un concierto en homenaje a Lennon y que fue editada en el disco "El puente", donde recopiló temas inéditos y rarezas.
-¿Cover o versión?
-Creo que más versión que cover, pero respetamos mucho la original.
La grabación de ese tema refleja, de paso, el profundo amor a los Beatles de Jaime Roos. "Sí, dejando de lado la raíz uruguaya de mis canciones, que es muy notoria y está muy presente, te puedo decir que de toda la otra influencia, los Beatles serían el ochenta por ciento", dice y ríe de su precisión matemática.
De alguna manera, agrega, ese amor por los Beatles tiene que ver también con inciertas características uruguayas. "Te das cuenta en grupos como El Kinto, la banda que tenían Mateo y Rada, o en los mismos Shakers; en ellos la influencia beatle era muy fuerte. Buenos Aires, en cambio, es más stone, o rolling como le decíamos antes. París también es así, quizá porque son ciudades más grandes y duras. Pero lo de Uruguay es cierto; hace poco me visitó una amiga cubana y me preguntaba qué pasaba en Montevideo con los Beatles, porque había ido a diez casas y en todas había visto afiches, fotos y discos de los Beatles."
Encuentro de culturas
Lo cierto es que aquel adolescente que escuchaba el rock de fines de los sesenta un día descubrió que ese mundo podía unirse con los tambores que sonaban en las calles de su barrio, el sur montevideano. "Siempre fue muy importante para mí la música de las calles, la murga y el candombe. Desde que tengo memoria, tuve bombo, y de chico salía a pedir monedas con una murguita de niños para comprarnos unos refrescos al final de la tarde. Donde nací, el tambor se escucha todo el año, todo el tiempo, es como el sonido del viento."
Esos tambores con los que convivía ocupaban algunos "cajones" de su mente, mientras que otros estaban llenos de Beatles y todo el rock de fines de los años sesenta y comienzos de los setenta. "Eran cajones separados y nunca se me había ocurrido que pudieran juntarse hasta que escuché por primera vez al grupo el Kinto", cuenta del momento en que esos dos mundos que soplaban ideas e ilusiones en la cabeza de Jaime Roos se unieron.
Era 1967, tenía 14 años y ya estudiaba guitarra cuando escuchó a ese grupo que en su candombe beat incorporaba tumbadoras antes, incluso, que Santana lo hiciera. "Fue como ver la luz -recuerda-, me di cuenta de que podía hacerse, luego fui sumando milonga y murga uruguaya."
Descubrió también que esos mundos compartían un espíritu similar. Que las músicas callejeras se emparientan. Que las raíces afro, como el rock y el candombe, siempre "se saludan". Y que algunas canciones de "Rubber soul", por ejemplo, son murgas. "De alta calidad, claro, pero los Beatles usaban mucho sus voces armonizadas y eso es en gran medida lo que hizo que la gente se volviera loca."
Roos saluda que aquel camino que él y otros emprendieron sea ahora una vía más amplia. Que grupos como Bersuit o Los Piojos incorporen sonidos uruguayos. "También los músicos de jazz están haciendo candombe, y los de tango, y hasta los del folklore. Peteco Carabajal, en su último disco, hace tumbados de murga en su guitarra. También Soledad, Sandra Mihanovich, y hasta la Mona Jiménez, fueron a Montevideo a grabar con tambores. El candombe y la murga uruguaya pasaron a ser moneda corriente dentro de los grupos de fusión. Un grupo que toca un blues, un reggae y, por ahí, una salsa, todo fusionado con rock, también puede tener un candombe en su repertorio. Esto no sucedía hace cinco años."
Lo que viene y lo que está
Con ritmo, pero sin prisa, Jaime va trabajando con algunas canciones. De a poco, por ahora, con un grupo de seis temas. "Para mí lo importante es que tengan una promesa; luego, cuando estén listas, las voy a grabar, todavía no sé cuándo." No tiene apuro, dice,s ni soporta el autoplagio o cuando una canción se saca antes de tiempo o se arrebata en la "cocción". Confiesa ser, además, un especialista en romper y tirar cuadernos con bocetos.
-¿Pensás intentar en el mercado norteamericano alguna vez?
-No me interesa. No me desvela. Pude haberlo hecho, pero querían hacer un muñeco de mí. Fue en 1989, cuando la RCA americana me quiso producir un disco. Me llevaron a Nashville, donde estuve como un mes grabando con los músicos de la banda de Stevie Winwood. Me quisieron cambiar las canciones, agregar orquestas y arreglos que no eran míos. Querían que cantara y me fuera del estudio para que siguieran trabajando ellos. Se armó un lío bárbaro y me escapé. Me tomé un avión y jamás firmé ese contrato.
No es que cierre la puerta para siempre, aclara. Pero el único precio que está dispuesto a pagar es el de viajar. "Y es bastante porque amé viajar y lo hice durante años, a dedo, por América y Europa, pero hoy veo las valijas y lloro."
En todo caso, tiene muchas otras cosas para ocuparse. Y para mirar, como cuando, cuenta, disfruta viendo a los niños de sus calles haciendo murga. "Hay miles en las esquinas, tienen apenas 5 o 6 años y ya andan con su redoblante. Me gusta verlos serios, porque me recuerda a mi infancia. Yo nunca jugué con la música, todo lo demás podía ser juego, lo que se te ocurra, pero la música no. Eso iba en serio."



