
Jazz interpretado con sutileza y creatividad
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Presentación de Mancebos, con Claudio Gatti en trompeta, Guillermo Capocci en guitarra, Manuel Caizza en batería, Manuel Kaprovickas en contrabajo. Músico invitado: Ariel Vigo en saxo alto. Próxima presentación: el martes 26, a las 21.30, en Notorious, Callao 966.
Nuestra opinión: muy bueno.
Pocos grupos logran un sonido compacto y una comunión de ideas tan fuerte como Mancebos, quinteto que mostró en su show de Notorious una variada plasticidad interpretativa y una fuerte impronta estilística. Su mayor virtud es el espíritu de cuerpo que tiene su música, ese juego entre el solista y el resto de la banda que genera una permanente combustión rítmica.
Sus particularidades radican en que es un quinteto sin piano, donde el excelente guitarrista Guillermo Capocci cumple el papel de armonizador y a su vez de fuerza motriz. En los caños hay un feliz contraste entre el lirismo de Claudio Gatti en la trompeta y la inspirada fogosidad de Ariel Vigo en el saxo alto; la sección rítmica tiene a Manuel Caizza como un creativo baterista y, en estas noches, al joven y talentoso contrabajista Manuel Kaprovickas (reemplazante de Ponsard), que respondió ajustadamente a ese puñado de composiciones que nada tiene de standards.
Comienzan en cuarteto (sin Vigo) con un tema a medio tiempo de Capocci, "Rendija"; la introducción de la guitarra describe un suave arco mientras que la batería efectúa una línea de marcha que va cobrando cuerpo; el contrabajo se agrega en busca de consolidar el beat y Gatti desenrolla su sound de hardbopper redimido. La figura de la trompeta es fresca, aunque cálida antes que fría y entra en sus solos como si se colase por esa angosta abertura rítmica y de la que hace referencia el título.
Sonido potente
Desde el mismo comienzo se percibe una corriente de vitalidad que entusiasma y que cuando llega Vigo, en el tema siguiente, se incrementa. La frase de "Escalada vertiginosa" de Gatti es fresca, como salida de un tratado de jazz moderno suavemente inclinado en cuanto a su armonía al cool.
El quinteto suena potente hasta en los espacios de relajación. Gatti asoma con un fraseo liviano pero denso en su construcción; a medida que se suman los compases su "mood" se hace más veloz, su sonido se satura de aire, sus figuras toman otro color, más definidas, y entonces aparece el saxo alto de Vigo en una muestra de madurez como intérprete. Frases cortas que transmiten cierta urgencia en el desarrollo melódico; fuerte ataque en el que usa los subtonos con maestría. Vuelven a la frase que esta vez tiene un arreglo de dos voces, las que se enciman y se complementan. Capocci solea sobre algunos acordes, un ejemplo de economía de notas sobre una sección rítmica que "carbura" a velocidad crucero.
"Sólo por amor", otro tema de Gatti o el arte de la balada. Una marcada sensualidad en esta composición del trompetista que inicia el tema haciendo un trabajo de bordado en la melodía; el discurso es de una sencillez e integridad subrayables. Un tema emocional y nada meloso. El solo de Vigo es otra pieza de orfebrería con ideas brillantes, como también lo es el coro de Capocci, que se permite investigar sobre los puentes de la composición para terminar invitando a Vigo y a Gatti a que retomen la iniciativa y cierren la balada a tres voces.
Un guitarrista con recursos
"Finlandia", de Caizza, es un hard bop casi explosivo. El guitarrista, de toque potente, que pulsa las cuerdas para apagar su sonido en el acto, no usa pedales y prefiere hacer efectos con la propia naturaleza de su instrumento (utilizar con imaginación los volúmenes como también ciertos lugares en el recorrido del encordado) hace una introducción que paso a paso toma volumen para llegar al arco de tensión disparando una cascada de notas. Vigo toma las notas superiores de cada acorde como base armónica y construye un chorus de una lógica indestructible. El ritmo se plantea sobre una figura polirrítmica que lo lleva a Caizza a solear sobre los tambores, fuerza ajustada a un patrón que se expande bajo la tensión; usa poco los platos, se descubre que su mensaje tiene más de ritmo que de acrobacia; sanas influencias de Art Blakey.
Cierran la noche con "Expreso Bogotá", compuesto por Julio Ponsard. Batería y guitarra traen imágenes de un tren en marcha que apura su andar; nuevamente, el juego de relajación-tensión está utilizado con sabiduría. Los solos se conjugan de una manera fluida, el grupo tiene un bien muy preciado, el conocerse. En este final de show los cinco tendrán partes solistas de muy buen nivel.
Mientras Vigo improvisaba una frase con silencios, Capocci se unía a ciertas notas del saxo que mantenía desde su guitarra creando una sorpresiva atmósfera de sonidos. El arreglo de batería y contrabajo estuvo orientado de igual manera al crear una suerte de sortilegio rítmico de ajustada precisión. Un show que mostró a Mancebos inmersos en una profunda búsqueda musical y que descubrió, frente a un auditorio entendido, su principal razón de existencia: la creatividad.





