La amplia propuesta de Reto Weber
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Presentación del Reto Weber Quartet , con Reto Weber en steel drum, udu y djembe; Nino G, The Human Beatbox en voces, Roman Nowka en guitarra y Samuel Kühni en contrabajo eléctrico. Próximo show: esta noche, a las 21.30, en La Revuelta, Alvarez Thomas 1368.
Un auspicioso comienzo tuvo esta minitemporada de eurojazz en Buenos Aires, abierta con la presentación del cuarteto del percusionista suizo Reto Weber. El músico trajo en esta ocasión una propuesta de enorme amplitud estilística, pues reunió en el escenario de La Revuelta (donde volverá a presentarse esta noche) hip hop, bass´n´drums, jazz y música hindú. Reflejo de una posición estética que hoy no tiene márgenes, Weber le dio a su música una apertura sesgada por la contemporaneidad.
Nada le es ajeno. Ni las atmósferas de trance hindú, que en el steel drum toman una sonoridad japonesa, ni los climas que edificó el guitarrista, que pasó del mundo de Ry Cooder al de Pink Floyd, ni los walking bass del contrabajista, ni siquiera las complejidades rítmico-melódicas que hizo con su voz ese tremendo artista italiano que es Nino G (el Human Beatbox), sonaron desfasadas con la propuesta. La música de Reto Weber es abarcativa, aunque su show fue algo corto, quizá por el enorme esfuerzo físico que demanda el trabajo vocal del Human Beatbox.
Weber y Nino compartieron el liderazgo de la música. Un esquema basado en la sofisticación rítmica conjugada con los atrevidos acompañamientos de Beatbox le dio al show una cuota de interés que, lejos de decaer, fue creciendo en audacia y calor musical.
Sin papeles formales
Contrabajo y guitarra se alejaron de sus papeles clásicos y eludieron prácticamente cualquier intento solista que, salvo contadísimas ocasiones, desempeñó aquel tándem de voz y parche.
El movimiento del grupo fue colectivo y se sustentó en un criterio minimalista. Un pequeño motivo rítmico, que podía crecer tanto del djembe como del contrabajo o de la guitarra, se elevaba hasta el lugar de composición. Nino G. combinó su papel de hip hopper con el de percusionista o, incluso, de humorista, con un pasaje de surrealismo vocal en el que combinó ritmos con imitaciones, largamente festejado por el auditorio.
En otro pasaje el tono hip hop ganó la partida, hasta que Nowka, desde su Gibson Lucille, construyó un riff denso que recordó a Pink Floyd. Antes, las notas de la introducción desarrollaron un clima country casi friselliano. Sobre estos cambios permanentes en los temas Weber armó un ataque poblado de golpes que llevó la historia hacia el origen, cuando la percusión era invocación y baile.
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