La banda de Sabina se corta sola: el ¿retiro? del jefe, la “victimización” de Pancho Varona y el legado de un repertorio enorme
Lo que era un divertimento entre giras, cuando Joaquín Sabina descansaba, pasó a ser cosa seria ahora; su tour por el país, su relación con el cantautor y los cortocircuitos
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Van de un lado a otro, se ríen. Se buscan con la mirada, cómplices. Completan las respuestas del compañero y disfrutan de la conexión. Están felices. Son la banda de Joaquín Sabina, hoy autodenominados Benditos Malditos. El ensamble que nació en 2021 como un divertimento entre giras, con el retiro de los escenarios de su alma pater se ha transformado en custodio de su obra.
En esta charla, quienes toman la voz cantante son Mara Barros y Antonio García de Diego, pero alrededor de ellos van y vienen Jaime Asúa, Paco Beneyto y Laura Gómez Palma. Todas caras conocidas de tantos años de escenarios compartidos con Sabina. Iguales arriba y debajo del escenario, “juegan de memoria” y se retroalimentan al compás de un repertorio conocido, que ellos hacen propio. Parece que Joaquín no solo le dio la bendición a esta formación de discípulos, sino que hasta está orgulloso de ellos. Como para no estarlo.
En esta visita a la Argentina, la “banda sabinera” ya se presentó en Neuquén y en Bahía Blanca, pero faltan Buenos Aires, Mar del Plata, Olavarría, Córdoba, Santa Fe, Rosario y Junín. Un tour de force que sorprende, siendo la primera vez que tocan suelo argentino con esta formación y nombre. Pero cuando se ocupa la localidad, se presta atención y comienza la función; cuando se apagan las luces y regresa al escenario la poesía de Sabina, en manos y voz de su notable formación, se entiende todo. Ni quemaron las naves, ni saben pedir perdón: ellos reivindican la osadía de volver, una y otra vez, al lugar donde son felices.
-Me cuesta definir este proyecto, porque son una banda tributo, pero a la vez no lo son.
Antonio García de Diego: –Lo de tributo nos repele un poquito. No porque neguemos los tributos, que realmente son un homenaje a Joaquín. Pero nosotros formamos parte del mundo Sabina. Sería casi un autotributo, porque tenemos que ver con la composición, los arreglos, la interpretación. Entonces estamos en otro lugar.
Mara Barros: –Es que el tributo generalmente se asocia al cantante que imita, no solo con la voz, sino con la coreografía o la indumentaria. Nosotros, si hacemos un tributo, en todo caso, es a su obra. Es un homenaje a la obra.
-¿A partir del retiro de Joaquín, se sienten custodios de esa obra?
Barros: –En realidad es hermoso verlo así, porque para mí, que Joaquín se retire es un duelo. No solo a nivel personal, como su corista, sino como su admiradora. Me da muchísima pena que deje de pisar los escenarios, y de compartir su obra con el mundo, porque además le tengo muy poca fe a la industria actual. Siento que hacemos un bien manteniendo vivas estas canciones. Pero no era la idea inicial, este es un proyecto que nace hace muchos años, cuando el jefe descansaba y nosotros seguíamos.
-Por amor al arte y porque había que llegar a fin de mes...
Barros: –Claro, tenemos que comer tres veces al día y pagar el alquiler. ¿Y por qué cantar otras canciones, si estas son maravillosas? En el caso de Antonio, forman parte de su vida directamente, porque es coautor de muchas de ellas. Y en el mío, después de 16 años trabajando con él, son parte de mi vida también. ¿Por qué cantar otras, si estas son maravillosas?
García de Diego: –Formamos parte de todo esto, y eso es un gran impulso. Con Joaquín al frente, el motor de todo esto era él, pero nosotros también somos parte de esas canciones. No es que sea un negocio como tal, pero sí es un trabajo, es nuestro “negocio emocional”. Parece un concepto contrapuesto, pero tiene que ver. Nos ayuda a vivir, nos ayuda a divertirnos, a festejar las canciones de Joaquín con la gente. Creo que eso es lo que pretendemos. No vamos más allá, no queremos inventar nada, las canciones ya están inventadas y las sentimos como nuestras.
Barros: –En mi caso soy intérprete, no compongo. Tengo súper idolatrada la imagen del autor. Ya la tenía antes de trabajar con Joaquín, imaginate ahora. Cierto que yo tengo baja autoestima, aunque no parezca, pero después de llevar 16 años cantando “Peces de ciudad”, “Y… sin embargo", “Contigo” o “La Magdalena”, ¿qué canción voy a escribir yo, si ni el propio Joaquín se cree capaz de superar a esas canciones? Ojalá me muera cantándolas, es un regalo de la vida.
-¿Pueden confirmar que Joaquín se retiró definitivamente de los escenarios, o todavía puede dar alguna sorpresa?
García de Diego: –Creo que ni Joaquín lo sabe, ni lo quiere saber. Hacía tiempo que venía con esa idea, pero esta fue la primera vez que lo anunció públicamente, con un comunicado. Y físicamente, es verdad que Joaquín no es el mismo de hace quince años. Pero los artistas tienen esa cosa de imán con el escenario, con el público, con la sensibilidad y con la emoción. A lo mejor lo echa de menos y, quién sabe, eso remueve. Les ha pasado a muchos decir: “Me retiro de verdad”, y al año están de nuevo en un show. No creo que sea el aburrimiento, es simplemente la necesidad de la emoción, que es muy distinto.
-Por lo que cuentan, Sabina parece ser una persona impredecible...
García de Diego: –Lo es, aunque ya no tanto. El Joaquín de estos tiempos no tiene nada que ver con el Joaquín de hace 30 años. Era más caótico.
Barros: –Ahora se cuida. Pero te digo, tampoco es que estamos tan presentes en su vida cotidiana como nos gustaría.
García de Diego: –Le vemos, pero está muy retirado de verdad. Es un poco... no ermitaño, pero sí muy dedicado a su lectura, a su pintura.
-Entonces, independientemente de su salud, ¿puede ser que el literato y el pintor hayan “sepultado” al cantautor?
García de Diego: –El literato yo creo que siempre va a estar ahí, porque Joaquín es un hombre de ideas, de expresiones y de emociones reflejadas en la escritura. En la música sí ha ido vagueando durante muchos años. El “Joaquín músico” no ha querido usarse desde hace fácil 15 años, siendo muy bueno también. Yo siempre lo he reivindicado como músico, pero ha vagueado, se ha dejado llevar. Como actualmente con Leiva, con todo el respeto. Pero es verdad que últimamente costaba mucho que Joaquín agarrase una guitarra e hiciese algo. Después de 19 días y 500 noches hubo un giro en su vida desde lo creativo. Los artistas se hacen mayores y van cerrando el pasado. ¿Qué canciones tan óptimas ha hecho en los últimos 20 años, comparativamente? No ha habido un “Peces de ciudad” desde hace 20 o 25 años. Ha habido canciones que están muy bien pero...
Barros: –“Lo niego todo” o incluso “El último vals” están muy bien.
García de Diego: –Es cierto, pero no son esas canciones que hacía antes. Yo creo que probablemente nos agotamos todos un poquito. Pero bueno, es un genio. Sigue imaginando, sigue pintando, sigue leyendo. Pero sí, es verdad que el poeta se ha comido al músico, no lo sé.
Barros: –También es una cuestión de que esta profesión conlleva mucho sacrificio: viajes, estar fuera de tu casa, falta de intimidad. Todo el mundo tiene cámara en el móvil, no poder salir a tu antojo. Eso cansa más, es la parte fea de ser cantante.
García de Diego: –Hay un ejemplo muy gráfico respecto a eso: cuando terminamos de tocar en cualquier ciudad de España, Joaquín se vuelve en una furgoneta a Madrid, a su casa. Normalmente, todos nos quedamos en el hotel a dormir, cansados, pero él prefiere chuparse 500 kilómetros y volver a la tranquilidad de su casa. Sean las once o las doce de la noche, no importa. Eso también habla de lo que valora hoy.
-Hablabas de la sociedad musical de Sabina con Leiva, y pensaba en que durante muchos años vos, Pancho Varona y él formaron un trío creativo muy poderoso. ¿Por qué se rompió?
García de Diego: –Hubo un cansancio creativo general. El cansancio de la vida, vamos a decirlo así. Una saturación, probablemente. Pero no mal. A mí cuando Joaquín me dijo “voy a trabajar con Leiva”, lo entendí perfectamente. Ningún problema, dije: “Necesita frescura”. Probablemente nosotros ya no éramos esa carne fresca para hacer canciones frescas. Me parece que hizo muy bien, fue un lenguaje musical nuevo, que le está funcionando.
Barros: –Además, no fue nada personal porque siguió contando contigo.
García de Diego: –Nos conocemos muy bien, conozco cómo es Joaquín cuando pasan estas cosas. Lo del trío aquel fue agotamiento de muchos años. Y no me quejo, porque con el tiempo uno valora más lo que hizo. A veces pongo canciones de aquella época y digo: “Lo de Leiva está muy bien, pero ”Siete crisantemos”... Joder, ¡qué temazo”. La suma de la canción, el arreglo, la música. Y si pongo “Con la frente marchita”, directamente digo: Chapeau.
-¿Cómo está la relación de ustedes como grupo, con Pancho Varona?
Barros: –Inexistente, directamente no existe.
García de Diego: –Pancho no es hombre de grupo, es de Pancho Varona. Creo que el pecado es ese. Él ha vendido mucho victimismo, y no ha estado bien eso. Ya está. En eso se queda. No quiero hablar más.
Barros: –Y siempre de parte de él, ¿has oído a otra persona que haya dicho eso?
García de Diego: –Yo sí me he cabreado más de una vez, y esto lo voy a soltar: cuando él ha dicho que fue un chantaje que le hicimos los músicos, eso es mentira. Eso no existió nunca. Y entonces sí le he respondido un poco abruptamente, porque no soportaba que dijera una mentira, una falacia como esa. Me dolió muchísimo porque es mentira y lo ha usado como una verdad para hacerse la víctima otra vez más. Nunca hemos entrado en este tipo de chantajes: tener que estar contando, victimizarnos, contar qué pasó. Yo sé más cosas, pero no tengo necesidad de decirlas ni de salpicar a nadie.
Barros: –Sobre las decisiones de Joaquín, solo puede hablar Joaquín. Pero dejamos claro que solo las toma Joaquín, nadie más. Nadie lo ha chantajeado, él es mayor y tiene una carrera como para no depender de nadie. Él toma sus propias decisiones. Nosotros somos una familia, y claro que en una familia pueden pasar cosas. Pero me parece completamente innecesario ventilarlo con el público de Joaquín, porque no nos olvidemos que ni siquiera es nuestro público. Son cosas que pertenecen a nuestra intimidad y a la intimidad de él.
-Por ahora Sabina está retirado de los escenarios. Entonces, Benditos Malditos, la banda sabinera, pasa de ser un divertimento entre giras para convertirse en custodios del material de Joaquín. ¿Cuál es el próximo paso? ¿Se viene el disco?
García de Diego: –Como grupo no hemos tenido nunca una idea así. No pensamos más allá de lo que es el directo, de ofrecer las canciones y que la gente las disfrute. Las canciones son las que son, están ahí, son de Joaquín y nosotros las disfrutamos a la par del público.
Barros: –No queremos ser más de lo que se nos ha regalado: intérpretes de canciones de Joaquín.
García de Diego: –Hay una inercia natural que es esta. Mara, imagino que seguirá grabando, reinventándose, porque ella lo necesita. Yo ya estoy jubilado, pero me gusta hacer esto porque me hace bien en todos los sentidos: física, emocional y profesionalmente. Pero la inercia natural es seguir con esto, pasárnoslo bien y hacérselo pasar bien a la gente.
Benditos Malditos, La Banda Sabinera. Viernes 13, a las 21, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Entradas desde 40000 pesos
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