La gran voz de Lidia Borda
Recital de la cantante Lidia Borda. Con Daniel Godfrid en piano. Los sábados de abril, a las 21.30, en Gandhi-Notorious, Corrientes 1743.
Nuestra opinión: muy bueno
Defender un disco sobre el escenario significa conservar la esencia del material grabado al momento de exponerlo en vivo. Difícil era imaginar que la cantante Lidia Borda pudiera continuar ese traspaso de su última producción discográfica, "Tal vez será su voz", luego de la presentación oficial que hizo meses atrás, con todos los músicos que participaron en el álbum. Porque su placa tanguera está producida desde dos conceptos estéticos. Un puñado de temas con arreglos para orquesta y el resto del repertorio desde una propuesta más intimista, de voz y piano.
Mientras que para el público la música es el arte de combinar los sonidos, para los músicos resulta el arte de hacer coincidir los horarios. Y esto viene a cuento de que no será fácil para Borda reunirse con demasiada frecuencia con el pianista Diego Schissi y con la orquesta El Arranque, que la acompañaron en el CD.
La opción que eligió la cantante fue tomar los arreglos de piano, convocar a un pianista que tuviera aptitudes para esas partituras y reacondicionar para el teclado las piezas registradas con la orquesta.
Esto es lo que consigue en cada show del ciclo que está presentando. Obviamente, no es posible recrear a toda una orquesta. De ahí que temas como "Nido gaucho" y "Fruta amarga" sean recreados según las circunstancias dadas en este espectáculo.
El recital está planteado desde ese tono intimista que propone junto al pianista Daniel Godfrid. En el repertorio acentúa el perfil romántico y nostálgico ("Tu pálida voz", "Vida mía", "Será una noche") y los cambios de intensidad le dan sus principales matices. El arreglo instrumental se luce a la par de la protagonista. Y la cantante se acerca a las características, ya antiguas, de las cancionistas, y se despega con gran facilidad. Al parecer, entiende muy bien lo que canta; condición necesaria para todo buen intérprete. No importa si es un hombre o una mujer quien lleva la autoría de los versos de "Claudinette". Importa que sobre compases arpegiados se entienda y se transmita esa historia de una pérdida, pintada entre lluvias y neblinas de calles parisienses.
Borda no recurre a la coda de "Flor de lino" sólo para ajustarse al típico recurso efectista. Es la que en sus agudos se arrima a la media voz (para "Griseta"), la que acentúa consonantes cuando llega el turno de "En un feca" para darle el clima a esta anécdota enmarcada en un ambiente de atorrantes y escabiadores.
El arte de cantar notas
Si además de destacarse con su interpretación sobresale como cantante es porque canta notas. Sí, notas; de bellísima claridad y variedad de colores. Para percibirlo alcanza con dejarse llevar por los movimientos de las melodías, los sonidos cortos y los que van ligados.
Borda le da elasticidad a la melodía de "Yuyo verde", quiebra su voz en momentos precisos de "Será una noche" y logra, con "Volver", que al público no le dé ganas de susurrar los estribillos sino sólo de escuchar. El silencio que le ofrece la sala (a pesar de que hay mesas, comidas y bebidas) no sólo tiene que ver con el respeto o la buena educación. También con el gusto de escuchar a quien combina con talento canto e interpretación. Es decir: la intención que se le pone a la palabra y el valor que se les otorga a las notas que dan cuerpo a una melodía. Sí, a las notas.





