Murió la soprano Felicity Lott luego de anunciar, hace pocos días, que padecía un cáncer terminal
La cantante británica fue una de las grandes intérpretes de Mozart y Richard Strauss del último medio siglo
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Hay un instante en El caballero de la rosa, de Richard Strauss, en que el tiempo parece detenerse. La Mariscala se mira al espejo, recuerda a la muchacha que fue y comprende, sin aspavientos, que la juventud se le escapa. Felicity Lott (Flott para sus colegas y amigos) cantó ese monólogo del primer acto como ninguna otra soprano de su generación: con contención, ironía y una melancolía sin lágrimas, en ese punto exacto entre la elegancia y la aceptación que parecía escrito para ella. Su interpretación quedó fijada en la filmación vienesa de 1994 dirigida por Carlos Kleiber.
Apenas unos días antes de morir, en una entrevista con John Wilson para This Cultural Life, de BBC Radio 4, Lott anunció con la misma serenidad de su Mariscala que padecía un cáncer terminal. Pidió que nadie estuviera triste, porque ella se lo había pasado “en grande”. Murió en la noche del 15 al 16 de mayo, una semana después de cumplir 79 años. Con ella desaparece una de las sopranos más queridas de su tiempo y, sobre todo, una de las grandes intérpretes mozartianas y straussianas del último medio siglo.
Felicity Ann Emwhyla Lott nació en Cheltenham el 8 de mayo de 1947, en un ambiente musical modesto pero estimulante. Su padre, contable, tocaba el piano en pubs y escribía sketches para las compañías de variedades de la posguerra; su madre, aficionada al canto, interpretaba Madama Butterfly en agrupaciones locales. Antes de decidirse por la voz, Lott estudió francés y latín en Royal Holloway, donde se licenció en 1969, y pasó un año en el Conservatorio de Grenoble.
Aquel cimiento filológico, infrecuente entre los cantantes, explica una autoridad sobre la mélodie y el Lied que pocos colegas anglosajones de su generación alcanzarían. Ya en la Royal Academy of Music ganó el Principal’s Prize y debutó en el City of London Festival de 1974 como Seleuce en un Tolomeo, de Handel, que ella misma recordaría sin especial entusiasmo.
El verdadero comienzo llegó al año siguiente, cuando la English National Opera le encomendó la Pamina de La flauta mágica, de Mozart. En 1976 participó en el estreno mundial de We Come to the River, de Hans Werner Henze, en el Covent Garden de Londres. Y después de tres rechazos consecutivos para entrar en el coro de Glyndebourne, el festival le ofreció la Condesa de Capriccio, de Richard Strauss, para una gira.
Empezaba así una relación con el festival de Sussex que duraría décadas y que le otorgaría los papeles donde fraguó su perfil: la Condesa de Las bodas de Fígaro, Fiordiligi y Donna Elvira, en Mozart; Anne Trulove en The Rake’s Progress, de Stravinski; Helena en A Midsummer Night’s Dream, de Britten; y, en Strauss, Christine de Intermezzo, Arabella y la propia Condesa de Capriccio. También Octavian de El caballero de la rosa —un papel de mezzosoprano— antes de convertirse en la referencia de su tiempo como Mariscala.
Porque si hay un personaje que pertenece ya a Felicity Lott es la Mariscala. Lo hizo por primera vez en 1986, en la reapertura de La Monnaie de Bruselas, con producción de Gilbert Deflo y dirección musical de John Pritchard. Un año después, durante el ensayo general en Covent Garden, un hombre con anorak se presentó en su camarín al final del primer acto: era Carlos Kleiber, que fue a felicitarla y a proponerle que hicieran juntos la ópera. Cumplió su promesa en la Metropolitan Opera de Nueva York, en 1990, y en la Ópera Estatal de Viena, en 1994, donde fue filmada junto a Anne Sofie von Otter, Barbara Bonney y Kurt Moll. Fue la Mariscala predilecta del legendario director austríaco y aquella lectura sigue siendo uno de los documentos audiovisuales más valiosos de la ópera más célebre de Richard Strauss.
Con idéntica naturalidad podía abordar al día siguiente a Offenbach (La bella Helena o La gran duquesa de Gérolstein, esta última con una gracia escénica que reivindicaba la dignidad lírica de la opereta), Rosalinde de El murciélago, de Johann Strauss hijo, o Hanna de La viuda alegre, de Franz Lehár, en Glyndebourne, y en la posterior grabación en directo para EMI/Warner Classics con Franz Welser-Möst y Thomas Hampson.
Su registro expresivo alcanzó también territorios más dramáticos, como Blanche de Diálogos de carmelitas y, sobre todo, el monólogo telefónico La voz humana, de Poulenc, donde su instinto teatral, casi cinematográfico, encontró un cauce ideal. Lo demostró en la apertura de la temporada 2005-2006 del Teatro de la Zarzuela, en una producción de Gerardo Vera que incluyó además la versión teatral de Cocteau protagonizada por Cecilia Roth.
Y luego estaba la recitalista. Lott formó con el pianista Graham Johnson, su acompañante desde la etapa de estudiante. Juntos fundaron en 1976 The Songmakers’ Almanac y registraron para Hyperion una serie de discos dedicados a Chabrier, Fauré, Gounod, Hahn, Poulenc y Schubert. Para Chandos grabó Lieder de Strauss y Wolf, además de unos Cuatro últimos Lieder con Neeme Järvi que respetaban el orden original del manuscrito. Su voz, lírica y con cuerpo, pero nunca opulenta, se sostenía sobre una articulación impecable del texto y una inteligencia musical que no se enseña.
España la conoció bien. Además de su debut en el Teatro Real en 2000 como Mariscala, regresó a ese coliseo once años después con un recital dedicado íntegramente al universo de Jacques Offenbach. En el Teatro de la Zarzuela abrió la temporada 2005-2006 con Poulenc y vivió algunas de sus noches más memorables dentro del Ciclo de Lied del CNDM, donde actuó cinco veces entre 1996 y 2006. Fue el caso, en 2002, de Night and Day, un programa que recorría en 24 canciones todas las horas del día, de Hector Berlioz y Robert Schumann a Maurice Yvain y Cole Porter, y que también pudo escucharse en el Liceu de Barcelona.
En sus últimos años se prodigó como pedagoga. Su última aparición escénica fue como Duquesa de Crackentorp en la producción de Laurent Pelly de La fille du régiment, de Donizetti, en la Ópera de París, en octubre de 2024, con 77 años y una vis cómica intacta.

Dama del Imperio Británico desde 1996, Bayerische Kammersängerin desde 2003, oficial de la Legión de Honor y doctora honoris causa por Oxford, Londres, Leicester, Sussex, Glasgow y la Sorbona, Lott estuvo casada con el actor Gabriel Woolf y tuvo una hija, Emily. Deja un legado discográfico fundamental en Strauss, Mozart, Britten, Poulenc, el Lied alemán y la mélodie francesa. Pero acaso la define mejor aquella frase con la que resumió su vida ante la BBC, ya cerca del final: qué suerte he tenido.
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