La guitarra de un hombre orquesta
Mañana regresará al escenario del Colón
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MADRID.- Ernesto Bitetti, el guitarrista rosarino que mañana inaugurará como solista la temporada de la Orquesta Filarmónica en el Colón, hace 14 años que no toca en esa sala. La Argentina, junto con España y Brasil, es uno de los tres países con mayor cantidad de aficionados a la guitarra, y no hace muchos años había llegado a ser el sitio del mundo donde se fabricaban más instrumentos para el consumo interno.
Esa pasión musical se traduce en una muy importante cantidad de ejecutantes, algunos de excelente nivel con capacidad para afrontar los más ambiciosos compromisos artísticos y el más amplio repertorio.
Sin embargo, ni las sociedades filarmónicas locales ni las instituciones musicales oficiales se acuerdan de programar a intérpretes de la guitarra cuando hacen sus planes anuales. Esos artistas deben conformarse con desarrollar su labor en asociaciones guitarrísticas que los aíslan de la actividad pública y limitan su difusión. En los últimos años las estadísticas de los conciertos en Buenos Aires no mencionan los de guitarra.
Desde hace 37 años, Bitetti vive en Madrid, una ciudad que desde 1989 alterna con Bloomington, en los Estados Unidos, donde es director del Departamento de Guitarra de la Universidad de Indiana. El Musikverein de Viena, el Lincoln Center de Nueva York, el Bolshoi de San Petersburgo, el Concertgebouw de Amsterdam, el Queen Elizabeth de Londres, el Festival Hall de Tokio y salas de Moscú, Sydney, Roma, Washington, Bonn, Munich, Jerusalén y Hamburgo, han programado al argentino con obras escritas para él por Mario Castelnuovo Tedesco, Antón García Abril, Tomás Marco, Francisco Cano, Astor Piazzolla, Joaquín Rodrigo o Federico Moreno Torroba.
Antes de su viaje a Buenos Aires, LA NACION conversó con él en su casa madrileña, donde contó que, tras el concierto de mañana en el Colón, tiene compromisos en España; enseguida viajará para tocar en el sultanato de Omán; en septiembre se hará cargo de su tarea en la Universidad de Indiana, y el 9 de octubre dará un recital en Indianápolis, en la reunión anual de diarios de América latina. Es que se trata de uno de los cuatro guitarristas más prestigiosos del mundo, un título que, ya en retiro Julian Bream, comparte con el australiano John Williams, el uruguayo Eduardo Fernández y el galés David Russell.
Por qué siempre lo mismo
"Registrados en catálogos, hay 400 conciertos para guitarra y orquesta, de los que ya se han estrenado 200. Entre éstos hay una gran cantidad de obras con lenguajes contemporáneos que tengo incorporadas a mi repertorio, conocido por todas las instituciones que me contratan", dice Bitetti, y sonríe cuando se le pregunta por qué siempre se tocan las mismas obras.
Los pianistas tocan y graban incansablemente el primero de Tchaikovsky, los dos de Chopin, el segundo de Rachmaninov; los violinistas Mendelssohn, Tchaikovsky y bastante menos Beethoven o Brahms. Y los guitarristas, casi invariablemente Rodrigo. "No es mi caso -insiste Bitetti-, pero todos me tienen muy ligado al «Concierto de Aranjuez», que es una de las obras clásicas y básicas del repertorio guitarrístico, del que además aparezco como especialista; entonces, me lo piden."
¿Quién decide qué obra se toca en un concierto? Cuando un artista debe hacer un recital unipersonal él elige el programa. Pero en el caso de conciertos es la orquesta la que tiene la decisión, porque muchas veces, comprometidas en un plan de toda una temporada, no tienen tiempo material para estudiar una obra nueva, o, por razones de programación, les interesa hacer una obra clásica. Siempre cuesta introducir una obra nueva en orquestas sinfónicas que sólo programan un guitarrista cada dos años, contra 10 conciertos de piano al año. Por este problema muchas obras contemporáneas estrenadas una vez no tienen continuidad. No se trata de falta de repertorio. Se trata de falta de oportunidades para difundir ese repertorio.
Bitetti acepta el planteo y pregunta: "Desde que dejó de tocar Narciso Yepes, ¿alguna vez se programó en los conciertos públicos de Buenos Aires un recital de guitarra? Yo tuve una sola oportunidad de tocar para el Mozarteum Argentino cuando Alfredo Kraus canceló una fecha, hace más de 25 años. Hace unos 5 años toqué como solista con orquesta en el Auditorio de Belgrano. Buenos Aires para mí es una ciudad de paso, de llegadas y partidas, y actúo en el interior del país. Que me hayan incluido en la inauguración de la temporada de la Filarmónica me enorgullece, pero sobre todo me entusiasma que la guitarra vuelva a sonar en el teatro".
Al natural o amplificado
A Narciso Yepes le preocupaban mucho las dimensiones del Colón, una de las salas musicales más grandes del mundo, donde el sonido de la guitarra puede llegar a perder presencia. Sin embargo, las discusiones sobre la amplificación todavía se mantienen vigentes, a pesar de que aumentan las apuestas a favor, entre las cuales figura Bitetti. "En el Colón, cuando regresé por primera vez a la Argentina con la «Fantasía para un gentilhombre», toqué sin amplificación. Pero en el 80 u 81, cuando estrené el Concierto de García Abril, amplifiqué. Fui muy criticado. Pero el propio compositor había puesto como subtítulo de la obra «Para guitarra amplificada». En verdad fui el primer guitarrista que amplificó, aun bastante antes de que lo hiciera Yepes. Ahora lo hacen todos. Desde hace unos 7 años viajo con mi propio equipo de amplificación, que me hice construir especialmente."
Bitetti recuerda la anécdota de Segovia en Washington cuando se negó a amplificar su versión del Concierto de Castelnuovo Tedesco y el gerente del Kennedy Center, temeroso de los resultados acústicos, hizo colocar un micrófono en un ramo de flores. Al concluir, Segovia comentó que ante la evidencia de que el público había escuchado tan bien, quedaba demostrada su razón de no amplificar. Hasta que un par de días después el crítico de un diario escribió que por fin Segovia había decidido amplificar su guitarra. El artista se sintió traicionado y prometió no regresar nunca más a esa sala.
Lo cierto es que hasta los propios directores de orquesta ya lo piden, para no estar permanentemente tirando la orquesta abajo y permitir que se escuche la guitarra. "Con la guitarra es una lucha desigual -dice Bitetti-. Y no tiene por qué ser así. Rodrigo pensó en esta lucha cuando compuso su «Concierto de Aranjuez»: los tres movimientos empiezan con la guitarra sola; con unos rasgueos del fandango primero, acompañados por un sostenuto mínimo de los contrabajos, para que el oyente se involucre con el sonido instrumental. El segundo movimiento empieza con acordes y también en el final la guitarra comienza sola. Pero además hay un respeto por la orquesta, pues cuando ésta canta la guitarra se limita a hacer un relleno armónico. Y los diálogos son verdaderos hallazgos melódicos. Por eso la gente lo adoptó tan popularmente."



