
La música húngara con fidelidad espiritual
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Concierto del Coral Hungaria con la Orquesta Elocuencia Barroca. Dirección y clave: Sylvia Leidemann. Solistas vocales: Marcela Sotelano, Mónica Puente, Raquel Winnika, Carolina Wagner, Milagros Seijó, Manuel Núñez Camelino, Cecilia Pancetti, Alfredo Davies, Ariel Ramos, Alejandro Di Nardo. Solistas instrumentales: Martha Gerber (órgano), Gustavo Rubini (violón), Ramiro Albino (flauta dulce), Victor Hugo Gervini, Laura Molina y Maximiliano de la Fuente (trombones). Programa: obras sacras húngaras del siglo XX, Zoltán Kodály, Lajos Bardos y del Códice Kájoni del siglo XVII, "Miserere", de János Wohlmuth y Canzone, de autor anónimo. Ciclo organizado por la Sociedad Don Bosco. Parroquia San Juan Bosco de Lomas de San Isidro.
Nuestra opinión: muy bueno
El punto más relevante del concierto estuvo centrado en la primera audición con notación musical actualizada del "Miserere", del compositor húngaro János Wohlmuth (1643-1724), quien fue maestro de capilla de la iglesia luterana de Sopron. Allí nació el caracterizado creador y docente de música de gran prestigio, al punto de haber sido el maestro de clave de los hijos del príncipe Pál Esterházy, padre de quien fue protector de Joseph Haydn.
De este autor, según ha informado la directora de este concierto y responsable de la transcripción a la notación musical actual, Sylvia Leidemann, sólo perdurarían dos obras, el manuscrito "Stark", para teclado (1689), colección de danzas, canciones y corales, y el "Miserere", de 1690, para quinteto vocal solista, coro a cinco voces, violín I, violín II, viola alto, viola tenor, violón y trombones alto, tenor y bajo ad libitum.
La ejecución fue muy buena, en razón del buen desempeño del grupo instrumental, el coro y los solistas vocales que dejaron escuchar lo mucho que habían trabajado y se destacaron, por su musicalidad y el buen fraseo, la mezzosoprano Raquel Winnica; por voz de natural brillo, el tenor lírico Manuel Núñez Camelino; por su volumen sonoro y prestancia en la emisión, el bajo Alejandro Di Nado, y por su clara vocalidad y conjunción, las sopranos Marcela Sotelano y Milagros Seijó, todos ellos representantes de la nueva camada de buenos cantantes nacionales.
Por su parte, Sylvia Leidemann que en el terreno de la musicología, recientemente participó con varios de los mencionados artistas en el Festival Internacional de Chiquitos, Bolivia, con trabajos de investigación y el valioso archivo que atesora la música de las lejanas misiones jesuíticas, llevó a cabo transcripciones de música vocal e instrumental que contribuyen a enriquecer el patrimonio de la música americana. Pero además, el "Miserere", fue objeto de una correcta intervención del conjunto instrumental Elocuencia Barroca, reforzado por algunos músicos invitados como la organista Martha Gerber y los trombonistas Laura Molina, Maximiliano De la Fuente y Víctor Hugo Gervini.
Hermoso programa
El programa se había iniciado con música sacra húngara del siglo pasado con "Naphimnusz", de Zoltan Kodaly, "Cántico del hermano Sol, hermana Luna", y dos creaciones del compositor Lajos Bárdos, el Salmo 23 y la Misa Quarta, que promovió junto a su maestro Kadaly la música coral en toda Hungría, además de editar muchas de ellas, fueron objeto de ajustadas versiones por parte del Coral Hungaria, preparado con el empeño y pasión que surge del temperamento ansioso y preciso de Sylvia Leidemann.
El hermoso programa también tuvo el atractivo del Códice Kájoni, del siglo XVII, compilación de obras diversas realizadas en Transilvania, entre los años 1634 y 1671, iniciada por el monje franciscano János Seprödi. Se trata de un conjunto de composiciones de autores anónimos a los que se sumaron pequeñas composiciones vocales e instrumentales de notables compositores como Claudio Monteverdi, Ludovico Viadana, Orazio Tarditi, Giovanni Rovetta y Giacomo Finetti. En ese tramo del concierto se pudo apreciar la buena evolución de Ramiro Albino como ejecutante de flauta dulce y el gran empeño de los numerosos cantantes del coro que actuaron como solistas.
El público presente se manifestó complacido por la propuesta del ciclo de conciertos organizado por la Sociedad Don Bosco, que cuenta con el apoyo y calidez del padre Luis Gryszko y de otros benefactores que contribuyen en la realización de actividades para el desarrollo cultural de la población. Y en este caso con el detalle siempre reconfortante de observar algo que no es posible en países que no han tenido inmigración: la hermosa conjunción espiritual de húngaros con sus descendientes argentinos.
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