
La música popular, también en formato infantil
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El invierno de 1996 fue especialmente frío. No hubo "Batalla del calentamiento" que bastara para enfrentar una gélida cartelera teatral infantil que intentaba hacer frente a las vacaciones de invierno de ese año sin un solo espectáculo de música popular dedicado a los chicos. Hoy, siete años más tarde, son más de quince los grupos de músicos que, desde distintos géneros, invitan a los pequeños a dejarse contagiar de ritmo, poesía y baile.
Fueron varias las agrupaciones musicales que se pusieron manos a la obra para hacerle frente a ese vacío que hasta se podía interpretar como existencial. Fue entonces que grupos como Sonsonando, Los Musiqueros, 5 Encantando y Caracachumba, junto a María Teresa Corral y Daniel Viola que formaron Momusi, una asociación a favor del desarrollo de la música para los chicos que intentaba (¡y vaya si lo logró!) hacerles frente -desde la promoción- a los grandes tanques musicales, la mayoría llegados desde la televisión, que ocupaban toda la atención. Varios de estos grupos llevaban, por entonces, más de diez años trabajando e investigando sobre ritmos, sonidos, voces y juegos del acervo cultural de las distintas regiones del país y de América latina.
Fue el puntapié inicial de un movimiento (justamente de eso se trata Momusi) para hacerse fuertes y difundir trabajos, espectáculos, y vender una discografía que en estos años creció considerablemente. Ya no sorprende encontrar en las grandes cadenas de disquerías los últimos CD de cualquiera de estas bandas, sino que tampoco llama la atención que sigan estando en las pequeñas jugueterías (sobre todo las de perfil artesanal) de cualquier rincón de la ciudad. Sólo se trataba de mostrar la actividad a un público, evidentemente, ávido de algo distinto: música de calidad tocada en vivo por buenos profesionales con su sensibilidad dirigida hacia los chicos.
Fue contagioso: Pipo Pescador ya no estaba solo. Fueron varios los grupos que abandonaron el bajo perfil. También creció el número de salas y la complejidad técnica con que contaban para cuidar sonidos y volúmenes que destacaran sutilmente el instrumento en vivo, todo en pos de privilegiar la escucha, que muchas veces implica aquietar el cuerpo y hasta disfrutar de los silencios.
Sin competencias
"Nuestra intención no es competir, esto no es una pelea con el otro, se trata de hacernos un lugar para mostrar lo que hacemos y que nos apasiona compartir." Teresa Usandivaras es la voz principal de Los Musiqueros, una banda dedicada a los ritmos populares de estas tierras y de otras tan lejanas como la africana. Por estos días de vacaciones pensadas para los más chicos, Teresa, Julio Calvo y Beto Caletti (Los Musiqueros en pleno) están haciendo en el Centro Cultural Recoleta "Canciones colgantes", un show en el que los temas de su tercer disco tienen un espacio preferencial. Salen a escena entonces sonidos brasileños, venezolanos, un candombe uruguayo, una canción africana para la cosecha del arroz y rondas argentinas, algunos de ellos acompañados por instrumentos tan particulares como el chancletófono, invento del luthier del trío, Julio Calvo, que hasta se anima a tocar una chacarera acompañado solamente por utensilios de cocina.
Entre los recién llegados al ruedo (con tres años de vida no es una exageración afirmarlo) está El Murgón de la Esquina, una banda que acaba de sacar del horno su primer disco (del mismo nombre) y que en versión de show pone a disposición de los pequeños, en el Teatro del Nudo. "Recorremos ritmos latinoamericanos, pero también nos metemos con el rock, el pop y por supuesto con la murga, por eso pensamos que musicalmente podría decirse que la banda no es sólo para chicos. Donde sí está todo puesto en función de ellos es en la temática de las canciones, todas propias, que hablan de su vida cotidiana, de la superación...", dice Natalia Chiesa, la cantante de la banda y la única mujer que la integra. La acompañan Facundo Alvarez (teclado y percusión); Javier Cantón (bajo); Claudio Maxit (batería) y Daniel Poloni (guitarra), todos músicos y docentes, profesión que los vinculó con la necesidad de ponerle poesía cantada a las urgencias de sus alumnos.
Mucho más
"Sacando canas verdes" es el nombre del segundo disco de Papando Moscas, la banda de rock para chicos que convierte las tarde de Niceto en un lugar prohibido para mayores. Con el rock como caballito de batalla, esta banda también hecha mano a la bossa nova, al blues y al rap para llevar adelante un show en el que no usan consignas dirigidas para buscar una determinada reacción de su público. Sólo buscan prestarle atención para disfrutar la respuesta espontánea de los pequeños que se les paran adelante, tengan 3 o 12 años. "Somos una banda de rock, pero dejamos de lado esa certeza para ponernos a jugar a que somos chicos que forman parte de una banda soñada", resume Gustavo Libedinsky, la voz y el maestro de ceremonias de Papando Moscas.
Hasta músicos históricamente dedicados a la producción para adultos se animaron a dejar fluir su veta infantil para acercarse (nunca de oído) al mundo musical de los chiquitos. El último martes el uruguayo Leo Maslíah y el rosarino Pichi de Benedictis presentaron en un show en el teatro Alvear la reedición de un disco para chicos que grabaron en 1989: "El tortelín y el canelón ¿canciones para niños?". Otro uruguayo, Rubén Rada, se convirtió en superhéroe para hacer un espectáculo a puro candombe para los más chicos, que está presentando insistentemente en el Teatro ND/ Ateneo.
La cartelera sigue creciendo, respira aliviada. Cada día la oferta se multiplica, se renueva, para no perderse sólo hay que estar atento, sobre todo, a los ritmos internos de cada niño, de ese que muchos todavía llevan adentro.





