
La Portuaria, una marca registrada
La Portuaria volvió al Ateneo el último fin de semana, luego de la presentación oficial de su último disco, "10.000 Km", meses atrás, en esa sala. Una nueva visita que se produjo con un show distendido y momentos de informalidad.
Incluso, el cantante Diego Frenkel aprovechó para pedirles a sus seguidores que eligieran el segundo corte de difusión del CD más reciente (premiado en la última edición de los Gardel a la Música). Es que la situación era óptima para este pedido. Porque a pesar de que se vieron algunos blancos en el fondo de la platea, las butacas fueron, en su mayoría, ocupadas por público fiel.
Todo indica que Frenkel y compañía no se equivocaron al planear el retorno de la banda en 2000, cuando había pasado casi un lustro de su disolución. "Volvemos porque nos dimos cuenta de que había que recuperar la identidad del grupo, algo que forjamos durante mucho tiempo, y porque sentimos que es un proyecto al que le podemos agregar todo un nuevo contenido", decía el cantante a LA NACION.
La sensación del músico se fue confirmando en resultados. Sin distanciarse de lo anterior, con un trío de base (Frenkel, el baterista Colo Belmonte y el tecladista Sebastián Schachtel) y varios músicos que se agregaron al proyecto, La Portuaria sumó contenido con las ediciones de CD y un EP . Y la identidad de la banda quedó sostenida en shows como el del último sábado, donde además del repaso del repertorio más reciente tuvo algunas piezas de su etapa fundacional. El tiempo no ha mellado su discografía, que comenzó a construirse a fines de los ochenta.
Si bien es cierto que en esta nueva etapa la banda ganó sonoridad, especialmente con la sutil labor de Schachtel, su identidad siempre está manifestada de manera explícita, no sólo en la personalísima voz de su líder. Hay marcas de fábrica y, además, ciertas características que se asoman de vez en cuando. Esto hace que el total de un show deje la sensación de que luego de cada pausa surge una canción --más o menos lograda, contagiosa o discreta-- con toques distintivos que la diferenciará de las anteriores.
El mayor capital de La Portuaria no es su última placa sino toda su producción. Y de eso hubo una buena muestra el último sábado. Fue un recital con las variantes que el grupo puede ofrecer sin que su propuesta suene ecléctica o inconsistente. El pegadizo "Nada es igual"; la bajada armónica al estilo "Sweet home Alabama" de "Discúlpame" que da paso a un estribillo digno de bolero; luego su recordada versión de "Perfidia". Más tarde los riffs y solos rockeros de "Los mejores amigos" y una tímbrica cercana a la de un sitar para colorear "Besos y rezos". Y para el final esos hitos que, aunque parezcan reflejos de diferentes momentos y de un espíritu cambiante, dan cuenta de ese todo: "Selva", "El bar de la calle Rodney", "Devorador de corazones".
Al promediar el show el grupo recurrió al poco original bloque íntimo, acústico (o como se lo quiera llamar) pero provisto de muy buen material. Más allá de la nostalgia que pudo haberle provocado (intencionalmente) a los que tiene más de 30 años, se escucharon tres magníficas versiones. "En el río", de la primera placa portuaria y dos sobresalientes covers. De Virus, "Imágenes paganas", y de The Cure, "In between days", con guitarras, bajo, acordeón y bombo legüero.
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