Marcelo Alvarez, un tenor en ascenso
El cantante argentino enfrenta uno de los momentos más importantes de la carrera por su alto nivel
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BERLIN.- Triunfo rotundo para Marcelo Alvarez en su reciente debut en la Philharmonie de Berlín, en un nuevo desafío para el cantante que superó todas las expectativas presentándose en un formato poco habitual, esto es con orquesta (la Süddwestdeutsche Philharmonie con dirección de Angelo Cavallaro) y con un programa de arias completamente solo. El tenor cordobés no sólo fue capaz de una convocatoria semejante, sino también de sostener con el nivel de perfección y naturalidad que le es característica un espectáculo de primer orden que culminó en una euforia inusitada en el público alemán.
El repertorio elegido (arias italianas y francesas, entre ellas, "La fleur que tu m´ avais jetée" de la ópera "Carmen", la que explicó suspirando con alivio que era la primera vez que la cantaba en público), puso en evidencia el especial momento en que se encuentra la carrera de Alvarez, viviendo, con importantes cambios en su vocalidad, un punto de inflexión por el cual está dejando atrás al joven tenor lírico ligero, para encaminarse hacia un lírico puro, con una expresión más plena y sonora.
Un cambio ya documentado en su último registro discográfico "The tenor´s passion", grabado por SONY con la prestigiosa Staatskapelle de Dresde con la batuta del recientemente desaparecido director ítalo-suizo Marcello Viotti, y lanzado hace menos de un año con un gran recital para más de 15 mil personas en el escenario más grande de Alemania, el anfiteatro del Waldbühne de Berlín.
En ese recorrido de acomodación consecuentemente técnica, su voz ha ganado espacio, ha incorporado una cuota de dramatismo y fuerza que la vuelve más lírica y viril. Sigue intacta, por supuesto, su fina musicalidad, el gusto por la línea, el legato cantabile y el fraseo de su experiencia belcantista. También presentes en su interpretación, la belleza del sonido, la intuición correcta frente a los excesos y el control perfeccionista en cada matiz y detalle de sensibilidad.
Pero sumado a todo esto, la clave principal en la performance de Alvarez resultó, más allá de todo tecnicismo vocal, la emoción, su calidez, la garra, el placer de cantar con toda la pasión del mundo y, sobre todo, de poder transmitir y compartir esa experiencia con el público. Un fenómeno de verdadera excepción. Para la hora de los bises (con zarzuelas y canzonettas napolitanas), el entusiasmo desató bravos y ovaciones de pie a más no poder, y fue llamativo (en un país de caras particularmente largas y serias), ver la alegría que irradiaba la gente al dejar la sala, para agolparse luego en la cola de los autógrafos, hasta más de una hora después de terminado el concierto.
Con el tiempo a su favor
Siempre acompañado por su espléndida mujer Patricia y vestido por contrato por Giorgio Armani, Alvarez recibió con simpatía y dedicación a cada uno de sus admiradores, a los que no sólo les firmó discos y programas, sino también les entonó, como dulce bocadillo de despedida, un pasaje de "La bohème" en dúo con un viejo fan que aguardó el momento para su inolvidable minuto de la fama. Durante su gira de conciertos en Alemania ("The tenor´s passion tour 2005" que abarca Hamburgo, Francfort, Mannheim, Heidelberg, Munich y Berlín, y en unos días más lo llevará hasta Moscú), el tenor dialogó con LA NACION.
-¿Cómo resulta la experiencia de una gira de conciertos en comparación con el escenario de la ópera? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas?
-Alemania es actualmente uno de los países más ávidos por escuchar solistas. En otros lugares está perdiéndose la costumbre, pero aquí existe todavía en el público la necesidad de que el cantante vaya a sus ciudades, de manera que la presentación solista resulta del crecimiento de la carrera en la ópera. Respecto de las ventajas: en la ópera, con el vestuario, la escenografía, la orquesta, los otros cantantes, hay varios elementos que permiten descargar la presión de estar frente al público. En el concierto esto no sucede; pero, al contrario, puede participar ese contacto, que no está en la ópera, con el público; uno puede dirigirse a las personas, sonreír, hacer guiños, captar la atención. La desventaja en este caso es que uno no alcanza el rendimiento de la ópera, donde todo -música, orquesta y cantantes- está en el lugar justo; donde los sonidos están escritos para que alcancen un clima en determinado momento. En un concierto se cantan los puntos culminantes de distintas óperas, que son siempre partes difíciles, y se cantan diversos personajes, de manera que para convencer a la audiencia hay que hacer el ejercicio de ubicarse rápidamente en cada rol y obtener así el máximo rendimiento posible. Es una experiencia interesante de la cual -debo ser honesto- tengo bastante que aprender.
-¿Siguen siendo Pavarotti y Plácido Domingo modelos de referencia obligada para la gran carrera del tenor, o rigen en la actualidad principios diferentes a los de sus comienzos?
-Lo que la gente considera el comienzo de Pavarotti y de Plácido no es el comienzo real. Ellos surgieron después de 20 años de carrera. Tanto Pavarotti como Plácido maduraron en teatros desconocidos y saltaron a la fama cuando ya eran expertos: salían a cantar con un perfecto conocimiento del cuerpo; sus límites estaban probados con menos riesgo, habían atravesado y superado sin presiones las crisis vocales que llegan a determinada edad... En fin. Yo tengo recién 10 años de carrera, y si uno piensa que a mi edad Pavarotti todavía estaba cantando en teatros menores, tengo mucho por delante. Corelli estuvo añares cantando en Ancona; Krauss, hasta los 45 no era nada conocido; Björling estuvo 15 años cantando en un teatro de Estocolmo, donde cantó de todo, pero no lo conocía nadie... Hoy, en cambio, los cantantes tenemos que afrontar desde el comienzo y con un gran estrés escenarios importantísimos sin esos años de respaldo profesional, cantando muchísimas funciones, siempre a muy alto nivel pero sin ese tiempo que estos grandes tuvieron para aprender y crecer.
Elogios
- En su reciente debut en el rol de Riccardo ("Un ballo in maschera"), Alvarez captó la atención no sólo de importantes directivos de salas líricas, sino también de músicos que sumaron su admiración: Antonio Pappano, Lorin Maazel y Daniel Barenboim. "Cuando terminó la función, no lo podía creer (comentó a LA NACION), Barenboim vino a saludarme a mi camarín, me hizo una propuesta sumamente interesante y me dijo tantas cosas maravillosas... Fue muy halagador. «Marcelo -me dijo-. Me acuerdo de haberte escuchado hace unos años, pero es impresionante ver lo que has crecido hasta aquí. No tengo palabras para decir lo que sentí al oírte cantar»."
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