Música clásica para divertirse
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La vuelta al mundo en un violín . Concierto de música clásica para niños. Intérpretes: Orquesta de cuerdas La vuelta al mundo integrada por Sergio Polizzi, Diana Kchele, Nora Pasternak, Juan Carlos Herna, Rubén Polizzi (violines I), Galia Komórnaia, Juan Kozel, Gabriela Gariglio, Larisa Quintero- Komórnaia (violines II), María Inés Llambi, Sergio Parotti, Sandra Cacia (violas), Carlos Diener, Héctor Furfaro (violoncellos), Marisa Hurtado (contrabajo) y Pamela del Solar (soprano). Producción artística: Carina Tarnofky. Idea y dirección general: Sergio Feferovich. En La Comedia, Rodríguez Peña 1062, los sábados y domingos, a las 17.
Nuestra opinión: muy buena
Son variados los recursos que se utilizan para acercar a los niños a la música clásica. Y si bien muchas personas están libres del prejuicio de considerar la música clásica como básicamente aburrida y, obviamente, esto es esencial si se la quiere compartir con los niños, hay ciertos aspectos de la presentación que son necesarios cuando de niños se trata, entre los que figuran una buena dosificación y variedad para mantener la atención. Además, un concierto en una sala un fin de semana, implica la presencia de las mamás, los papás o abuelos que llevan a los niños, o sea que la platea está compuesta por más de una generación a la que hay que seducir.
La presentación que hacen Sergio Feferovich y su orquesta de cuerdas La vuelta al mundo reúne los valores del buen oficio, el alto nivel de interpretación, y la alegría de compartir algunas piezas con humor y ganas de pasarlo bien.
El director demuestra un excelente dominio de su batuta y también de la presencia escénica en relación con la platea, buscando complicidad con el público para lograr de ese modo una más completa atención a los sonidos, a su articulación, a los instrumentos, a los distintos estilos musicales.
El programa está planteado como un imaginario viaje -reducido, por supuesto- por algunos países del mundo. Los instrumentos y sus características son presentados con un sencillo juego de humor y, luego al anunciar lo que se va a tocar, se señalan algunas características del lugar o del compositor, que se pueden notar en la obra.
Buen humor
El concierto se inicia con un primer movimiento de la Pequeña serenata nocturna, de Mozart, continúa con Vivaldi, y también están Astor Piazzolla, Thomas Arne, Franz Schubert, Jules Massenet, Johan Strauss, Vittorio Monti, César Guerra Peixe, Leroy Anderson, Aníbal Troilo y Homero Manzi. Todas son piezas breves y con cada una el toque humorístico es sutilmente distinto.
Feferovich sugiere a la platea que observe ciertas características de la obra, y que la acompañe con un gesto, un movimiento o un sonido, generalmente luego de su finalización, para no interrumpir la audición.
Y de esa manera, alegre y amable, se llega al final, con los chicos atentos y en algunos casos, con comentarios espontáneos, que son escuchados e inteligentemente acogidos por el conductor.
Una nota especialmente grata (o varias notas, dado el caso) la proporciona Pamela del Solar cuando canta el Ave María, de Schubert, jugando a ser alguien de la platea que quiere cantar. Logra conmover.
En cambio, no parece necesario el detalle de identificar a Inglaterra con el acceso al escenario de una parejita de niños con los tan trillados atuendos de príncipe y princesa, aunque la discreción y la sobriedad lo rescatan; ni se vio muy entusiasta el niño al que se le prestó la batuta. Este tipo de participación de los niños, en el clima de una gran sala puede resultar muy intimidante para muchos de ellos, y tampoco agrega nada a la tónica dada al concierto.
Entre Sergio Feferovich y sus músicos hay suficiente solidez profesional, humor y distensión para mantener el buen clima.
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